Al fin comprendí, porque nadie me elige.
Estoy tan rota.
La gente me ve como mercancía dañada.
Soy eso que es digno de admirar, pero nunca comprar.
Creo que nunca voy a valer la pena para alguien.
Me toca resignarme a esta realidad.
Tengo entenderlo antes que decepcionarme de un final que dolerá esperar y que nunca va a llegar.













