Allí, desfallecida. Le parece que también huele a tarta de manzana y que la música de fondo no es otra que el cantar de pequeñas aves revoloteantes. Simple, como su vida misma. Sus ojos miran el cielo por ultima vez, suspira muy hondo y se deja ir allí donde la llave el arcoiris. Su cuerpo tibio descansa y las pequeñas motas de luz continúan danzando sobre todos, rosandoles unos segundos mas antes de desvanecerse. Son miles de luciernagas que se apagan como lo hizo su vida.
Poppy Goldberg, que en paz descanse. Ninguna luz que se apaga es olvidada, se convierten en estrellas que guían nuestro camino y... ¡DEJA LAS DROGAS, NARRY!







