Hay días en que el cielo se pone gris y parece que todo se apaga un poco. No hay sol, no hay ganas, no hay prisa. Pero aun ahí, Dios está. A veces tapa el sol solo para que mi alma lo busque a Él más que a la luz. En los días nublados, no todo es tristeza: también es pausa, es refugio, es enseñanza. Porque no necesito ver el sol para saber que sigue ahí —igual que Su fidelidad.












