AMOR
La brisa arrastraba ciertos toques de frescura que, sin la calidez de los rayos de Sol, se adhería a la piel, arrebatando la temperatura sin piedad. Para ella, aquello junto a las tormentas de verano, era de las mejores sensaciones que podía experimentar. El aroma de césped recién regado, tierra húmeda y jazmín vibraban junto con el humo de cigarro y el mix de colonias, laca y maquillaje. El danzar de los árboles con el roce del viento, el bullicio y la leve música de fondo, edulcoraba la audición. Y si prestaba atención, podía escuchar el cantar de algún grillo.
Ella se dejó envolver por todo, desde la lejanía. Solo así podría saborear la paz de aquello sin entrar en guerra. De hecho, si prestaba especial atención a su interior, podía notar el rugir en su pecho– leve, pero presente.
Quién le iba a decir que con la edad iba a ir a peor. Que con el tiempo, el trabajo y muchos intentos, lo único que conseguiría sería romperse. Que la vida le demostraría que para ella solo existía aceptar quién era (lo que era) con la mayor dignidad posible (y obviamente, sin faltar el humor).
Ella.
Tan aburrida e impredecible como el tiempo. Tan solitaria e indomable como un lobo. Tan leal y sensible como un perro.
Su mandíbula aún se tensaba tan pronto como los recuerdos resurgían. Siempre le había fascinado de lo mucho que se hablaba del amor como concepto romántico, perfecto. De las endorfinas en su punto más álgido. Nunca de los cadáveres que dejaba, de los fantasmas que se adherían en lo más profundo de tu alma. Nunca, de las veces que morirías y revivirías por lo mismo.
Aún así, solo podía sentirse agradecida de cada intento y cada derrota. De haber podido saborear resquicios de sí misma que de ninguna otra manera hubiera podido. De haber comprendido que el amor nunca es suficiente, pero sí necesario, inherente. Como esa brisa, esos perfumes, esos sonidos– los detalles son los que verdaderamente aportan amor a las cosas. Y es que, el amor no es solo una sensación, es un acto de presencia que va más allá de lo meramente demostrable; algo que trasciende lo explicable. Esa…cosa que se reposa en cada uno de esos minúsculos detalles, únicamente perceptible para aquellos dispuestos a observarlo.
Y ella, ella lo veía en todas partes. Pero nunca en las manos de otra persona.










