Addison detestaba las noches sola en la recepción de urgencias, especialmente cuando el hospital estaba tan callado. Una de sus compañeras de turno se había ido a atender a un pequeño bebé que había llegado con fiebre hacía unos diez minutos y desde ahí... Nada. Addison estaba completamente sola, escuchando el tic tac del reloj y jugueteando con una pluma para no dejarse hundir en supersticiones. “Cálmate Addison”, se repetía mientras que mantenía la mirada fija en la puerta del hospital. “Cálmate Addison”. De pronto desde el pasillo aledaño escuchó un fuerte ruido. Como un porrazo a una cazuela metálica y se encontró a sí misma saltando en su asiento. Maldición. “¿Hola?” Llamó desde su lugar, asomándose sin lograr ver nada. “¿Hay alguien allí?” @dobbieisfree








