Un domingo curioso
Esta tarde me ha pasado una cosa muy curiosa, resulta que paseando con mi perro a orillas del Guadalquivir, nos encontramos una pequeña bodeguera embarazada y perdida, me trasmitió tanta ternura que no pude evitar preguntar por los alrededores si alguien conocía a esa perrita o a sus dueños. Al rato me paré a preguntarle a una mujer sin techo, apoyada en una roca cerca del Skatepark, que iva solamente con un carrito del supermercado con bolsas de basura y unas zapatillas colgada por los cordones. Y le dije que si la conocía y me dijo que no, se acercó y se quedó un rato hablando sobre que haríamos con ella, me preguntó que si conocía algún albergue para perros, pero solo conocía veterinarios, además era domingo y anochecía. Para mi sorpresa se ofreció a quedársela momentaneamente hasta que encontrara algún refugio para perros, entonces, desató los cordones de sus zapatos y le hizo un arnés a la perrita para que no siguiese diambulando por las calles, y me dijo que se quedaría con ella que no me preocupase. Al ver eso me compadecí porque, como alguien que tiene tan poco puede sacrificar una de las pocas cosas que tiene para ayudar a un perrito? Muchas veces juzgamos a las personas por su apariencia física o simplemente porque hayan tenido mala suerte en la vida, a estas personas, las convertimos en excluidos sociales, cuando en realidad son personas que aprecian la vida de tal forma que lo material pasa a segundo plano, es digno de admiración.













