Habían pasado un par de años, la vida parecía que iba cada vez más deprisa, hacía ya bastante tiempo que perdieron el contacto. Él la quería demasiado, tanto, que hablar con ella pero no tocarla, verla pero no sentirla le estaba destrozando el alma. Despedirse de ella fue lo más difícil que hizo en su vida, más que estudiar una carrera que no le gustaba, más que las primeras palabras o los primeros pasos…
Si permanecía con ella podría ser medio feliz, “medio” porque ella nunca podría verle como a él le gustaría, quizá medio para algunas personas era suficiente, pero no para él si la otra mitad era dolor, el dolor de verla con otro que no fuera él.
Ahora él no sentía dolor y eso era positivo, pero tampoco felicidad, ninguna chica le parecía lo bastante buena, llevaba tanto tiempo enamorado de una chica imperfecta que la perfección ya no le parecía suficiente. A veces se preguntaba que había salido mal, si Dios o el destino o cualquier otro ser superior había estado jugando con él, era estúpido, ilógico, ser capaz de dar la vida por alguien que jamás podría tener.
Entonces la vio, sus ojos seguían siendo verde esmeralda, su pelo, ahora castaño, bailaba al son del viento, era ella, más madura pero era ella. Por un momento dudó, debía perseguirla o cerrar definitivamente el libro, solo había un final para esa historia y él lo sabía. Así que dio el primer paso, de repente el tiempo empezó a fluir otra vez, se sentía joven y veloz, como cuando era pequeño, la abrazó, como quien intenta proteger su mayor tesoro, tenía la impresión de que si la soltaba, si dejaba de sentirla, se desvanecería tras un parpadeo.
Ella se giró sorprendida, no esperaba verle, estaba enfadada con él, porque se marchó sin despedirse, sin ninguna explicación, simplemente un día se fue, pero entonces vio su cara, esa que tanto había odiado, y se dio cuenta de que su mundo no había sido igual desde que se fue. Le miró a los ojos y el mundo ya no importaba, estaban ella y él, los dos, poniendo en pausa al mundo entero, solo para volver a poner en marcha su propio reloj, le besó, ese beso que le debía desde hace tanto tiempo, sus sentimientos estallaron como un volcán siglos inactivo, un mar de sentimientos los inundó y entonces se dieron cuenta de que daba igual como acabase la historia, si estaban juntos para contar el final.