Estaba cansado de rogar, de llamar a su celular sólo para atendido por su casilla de mensajes (la cual había llenado con una variada cantidad de mensajes de voz, desde enojados hasta simplemente patéticos). Apenas podía enfocarse en sus estudios cuando su mente siempre volvía a aquel muchacho que se negaba a siquiera hablarle. Era una sombra del que solía ser, hasta sus amigos debieron intervenir, obligándolo a comer -estaba seguro que había perdido al menos tres kilos-, a salir de su departamento. Si Inho se iba a comportar de aquella manera, a Junha no le quedaba otra opción que jugar sucio, sin importar las consecuencias, provocarlo hasta que se decidiera a enfrentar los problemas como un adulto. Por aquel motivo se encontraba en aquel club de mala muerte bailando como si no hubiera un mañana, convencido de que lo vería entre la multitud. Si había algo que el castaño sabía era cómo mover su cuerpo de manera seductora, provocando que desconocidas manos se apropiaran de sus caderas, un pecho pegándose a su espalda por completo. Era una buena noticia que el contrario fuera atractivo, labios que -si no estuviera loco por Inho- no le molestaría besar. Y, con ganas, se dedicó a refregarse contra él de manera provocativa, sintiendo su cuerpo arder aunque su mente seguía pendiente de otro.
Suerte la suya, no había pasado mucho tiempo cuando sus ojos se encontraron con los que había salido a buscar, y por unos segundos todo su cuerpo se tensó. Su acompañante lo notó, susurrando cálidas palabras a su oído, pero no fueron éstas las que hicieron que se relajara nuevamente, sino el recordatorio de por qué estaba allí con otro hombre, de su plan Una de sus manos subió hasta el cuello contrario acercando el rostro a la curva de su cuello en donde rellenos labios se dedicaron a besar la piel expuesta; la otra entrelazándose con la ajena sobre su abdomen, viajando suavemente hasta el borde de su camisa. Su trasero se meneaba contra el desconocido, sintiendo los efectos de su baile. Pero mientras se movía de aquella manera seductora, sus ojos no abandonaban los de Inho, una sonrisa suficiente que crecía con cada empuje de caderas. Quería obtener una reacción por su parte, que sufriera como lo hacía Junha con cada minuto que pasaba sin él. Y si no obtenía una reacción, entonces aceptaría la ruptura, llevándose al apuesto muchacho detrás suyo para limpiar todo recuerdo del cuerpo de Inho.