Cuando Dulce Ren partió de su vida le dejó un cuadro que había pintado ella misma para una clase en sus años de liceana, unos años atrás, con una dedicatoria que decía para mí monstruo imprediscible, y que delataba el momento de mayor enamoramiento de Dulce Ren, una foto carnet donde salía con cierta melancolía en la expresión y una depresión absoluta de la cual aún no lograba salir del todo.











