La fiesta que organizó Francia había superado sus expectativas y pensó que de todas las que hizo aquella era su favorita.
Todos los países se encontraban allí, inclusive su hermano, quién a pesar de que no era muy fanático de las fiestas grandes y prefería evitarlas había aceptado acompañarla. La cena contaba con entradas, platos principales, ensaladas, últimos platos y postres. Y como era de esperar del francés, todos ellos estaban deliciosos.
La velada estaba animada, pero se puso más movida gracias a la música que invitaba a todos a bailar, aunque sea unos segundos. Liechtenstein fue invitada a la pista por sus amigas pero Suiza no se mostraba muy convencido de la idea, por lo que tras convencerlo a que la dejara irse terminó cediendo.
Bailó con todo el mundo hasta que se sintió cansada y sus pies no podían más, por lo que tras disculparse con ellos se retiró para dirigirse a tomar un descanso en uno de los balcones que había allí. Se sentó en un banco para poder descalzarse y así dejar que sus pies tomaran un respiro, tomó aire y suspiró antes de alzar la mirada hacia el cielo, donde pudo observar las estrellas. Como estaban lejos de la ciudad podían verse con totalidad.
Su tranquilidad se vio interrumpida cuando vio que alguien más se unía a ella, quién no tardó en ser reconocido: ❝¿Bielorrusia?❞ lo llamó, y al ver que era él, sonrió: ❝No sabía que había venido, ¿cómo se encuentra?❞ le preguntó.
Al verlo un poco agitado lo invitó a sentarse a su lado, tomando su calzado para colocárselo y así poder darle lugar al contrario.