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Rebelión Sedición (Jaidefinichon Goth) Edgar/Yelo Capitulo 14
Aviso: Lemón (Cocoro roto)
«Sedición» "Here in my room"
Respiró con dificultad cuando sintió las manos posarse sobre su pecho. Nunca antes había sentido esa necesidad urgente de dejarse llevar por la sensación, de dejarse llevar por un deseo simple y apretado. Quizás un poco egoísta después de todo, pero sin dudarlo algo que había reclamado con pasión.
Pasión, una palabra desconocida dentro de sus características. Algo que poco a poco lograba sentir mientras era acariciado con cariño, a medida que los pasos se volvían torpes. Sabía dónde estaba llegando, sabía la dulzura de sus labios cuando cruzaron el umbral oscuro de la habitación y sumarse a una oscuridad profunda, llena de simbolismos.
Había notado lo tibio del otro cuerpo. Llegó a notar lo caliente que podía llegar a ser cuando sentía de a poco la respiración acompasada de suspiros, mientras besaba y tocaba con parsimonia la piel expuesta del cuello. Y el olor afrodisiaco que emanaba.
El alcohol en la sangre era una excusa barata. De hecho ni siquiera había pensado en lo delicioso que se sentía tener el aliento cálido cerca de la boca del otro, sentir el aroma a Ron y cerveza, sentir esa combinación embriagante de la profundidad de sus respiraciones.
Era un hombre romántico, debía reconocerlo. A pesar de que obedecía a la naturaleza tal como era en su expresión, el sentimiento era lo que dejaba que llevara su humanidad. Se sentía extraordinariamente suave, volátil como si hace poco hubiera fumado de la más verde, guiándolo hacia un paraíso que ni él mismo conocía, pero que después sabía de ante mano que lo llevaría a un fin.
Lo miró a los ojos, deteniendo su actuar lento, casi hablándole a través de la mirada, rogándole que por favor aquella noche no fuera una más donde rompería las reglas, que las cosas sucedieran como debieran ser, por algo sentimental, por algo más fuerte que el propio impulso de consumir de a poco la sensación.
Manuel le sonrió despacio, preocupándose profundamente de comprender aquella mirada rogante, acarició la mejilla del más alto, sintiendo como los ojos aguados por la oscuridad de la habitación comenzaba a molestarle, pronto vería a Edgar sin más, expuesto en todo su esplendor, sintiéndose profundamente agradecido por dejarlo conocer aquello que tanto había ocultado a cualquier ser humano. Muy pronto se paró de puntillas para comenzar un nuevo beso, pero esta vez sin demanda, sólo dejándose querer, disfrutando del movimiento entre los labios.
Y aunque los gemidos leves que producía el más alto eran de satisfacción, no cabía duda que ese hombre delante de él, era lo más maravilloso, como cuando lo conoció la primera vez. Sin embargo, no quería seguir pensando más allá de un sentimiento correspondido. Él lo había buscado sin arrepentimiento, mandando todo a la mierda. Dejando las caretas atrás, y preocupándose únicamente del presente que los envolvía.
Edgar lo abrazó con ganas pegándolo más a su cuerpo robusto, sintiendo la delgadez del cuerpo del otro. Nunca había sentido tanto, nunca, aunque tampoco tenía por donde comparar, era primera vez que estaba tan cerca de un humano tan parecido a él con un olor que lo enloquecía por completo, dejando los prejuicios que naturalmente los tenía sujeto en los genes, aún si Manuel era un beta con una característica genética muy parecida a él, nadie le había hecho sentir esos sentimientos tan únicos y nuevos. Nadie, ni siquiera en su juventud, ni siquiera a sus veintidós años.
Y aunque todo era nuevo para él, pensaba en la diferencia notoria entre un cuerpo de mujer al de un hombre, parecido a él, conocido tan bien, pero a la vez tan diferente. Si bien Manuel no era un hombre a su altura, con su mismo porte o anchura de huesos a la par de sus músculos, tenía todavía la masculinidad marcada en él, no era necesariamente pequeño, ni era tan débil como para pensar en romperlo en mil pedazos si lo tocaba más allá. Era simplemente un cuerpo de hombre, acompañado de una igualdad.
Mientras el beso continuaba su ritmo lento y dulce. El interés atacó más sus instintos queriendo más, tocando más, quebrantando el primer límite, abajo del poleron procurando en un acto tan tímido acariciar lentamente la piel cremosa y blanca, descubriéndolo donde la textura lo agudizó aún más.
Lo guió hacia la cama, y estaba escuchando las melodías de la radio que no había apagado cuando salió de la habitación. Todo era tan extraño, el momento, las coincidencias de la vida tocando continuamente las melodías de su banda favorita. ¿Acaso la weá no podía ser más cursi? Rio en sus adentros, las weás de la vida eran tan extrañas aún en la situación en la que se encontraba.
Dejó la timidez un poco cuando sintió que Manuel también empezaba a acariciarlo, buscando torpemente su espalda por debajo de la ropa. Ahí comenzaba, ya no había vuelta atrás y dejó completamente su cuerpo a su merced, entregándose sin más, dejando de lado el miedo.
El rubio despojó las ropas primero, quizás en un intento de calmarlo o de hacerle sentir que todo iba a estar bien, que no se arrepentía de nada y que se dejara llevar por lo que sea que estaba ocurriendo en la habitación, mostrándose ambos su desnudez, llegando a notar el leve sonrojo que ambos cuerpos blancos no podían esconder, entre suspiros y respiraciones fuertes, inclusive gemidos que se escapaban inconscientemente cuando el ruliento de pelos largos rozaba sin querer un punto expuesto del abdomen del más bajo.
Manuel era notoriamente lampiño, a comparación de Edgar, aquella oposición de cuerpo podría llegar hasta ser adorable si se miraba de algún Angulo. Con los dedos temblorosos descubriendo aquí y allá, bajando asombrosamente entre el cinturón del más bajo procurando que éste lo sintiera en su totalidad, acariciando con suavidad notando como el suspiro se incrementaba en sus cuerpos y la transpiración acaloraba la habitación.
Ya después de un momento sólo se escuchaban gemidos roncos, típicas de voces de hombres. Manuel tenía una tonalidad un poco más nítida que Edgar, que quizás por el momento la voz ronca acompañaba su deseo sexual en plena sinfonía y lo caliente, lo caliente casi hirviendo entre las pieles tocándose.
Puta, sabía de antemano que Manuel no podía reproducir por sí mismo una lubricación natural, no era un omega. Y lo que menos quería para su primera vez era que éste lo pasara mal de esa experiencia. Apretó con fuerza las caderas del otro y con suavidad comenzó a juguetear con la entrada que increíblemente no estaba tan apretada como solían decir. Lubricó con su saliva unos dos dedos y comenzó a introducirlos, procurando que Manuel se sintiera tranquilo, la posición no era la mejor quería verlo de frente, no quería perder ninguna expresión.
—E-Edgar... — escuchó entre gemidos y divisó la cara de urgencia. — Yo...
—Shhh... —Silenció robándole otro beso tranquilo mientras lo daba vuelta y se posicionaba entre sus piernas, lo miraba directo comenzando a entrar despacio. Pensando que se correría ahí mismo al ver como la expresión del rubio cambiaba drásticamente a una de lujuria en totalidad.
Conchetumadre, no podía medir el incremento de sensaciones y sentimientos que sentía a medida que entraba en él y lo sentía por completo, el cómo su miembro era cubierto en todo su contorno apretándolo apresuradamente. Manuel lo deseaba como a él, y se contraía por dentro con ganas. Los mechones rebeldes de sus rulos comenzaban a molestarle porque había empezado a sudar frío y caliente con todo lo que estaba ocurriendo.
Comenzó a moverse, mirándolo intensamente, observando los gemidos fuertes que el rubio exclamaba en busca de un clímax como él. Y el sonrojo, se hacía notar mucho más ahora que se había acostumbrado a la oscuridad de la habitación. Puta que era rico el weón, puta que le tenía ganas, puta que quería comérselo entero, puta que quería fundirse por completo en aquel cuerpo.
Agarró los mechones rubios entre sus dedos y comenzó el tan inexperto vaivén, procurando de encontrar ese punto para que gritara una y otra vez, y se corriera mil veces si así lo deseaba.
Gritos, entrar y salir, así un ciclo infinito que no se acababa nunca. Que quería que fuera eterno, que esto no terminara porque después no sabría cómo sacárselo del corazón, rompiendo todo aquello de neutralidad que quedaba en su pensamiento. Queriendo marcarlo y decirle al mundo que le pertenecía, que él también era suyo y de nadie más, que no había más allá que ellos, que eran únicos. Que la sangre importaba un pico, y que entre betas hombres no era sólo esta realidad, que era más allá que el simple deseo de follar. Que puta, que sentía amor por muy mamón que sonara.
Así fue como después de un rato buscando la mano cálida que agarraba las sabanas con fuerza, y la otra en su espalda la tomó en un gesto de fusión irremplazable, corriéndose como nunca antes en su vida, procurando llegar hasta el fondo y sintiendo como el otro machaba apresuradamente su abdomen.
Todo había sido tan fuerte, tanto que de repente todo quedó en negro y sólo sintió la respiración agitada a su lado, cayendo de a poco en la somnolencia, quedándose profundamente dormido entre tanta sensación.
Había sido maravilloso pensó Edgar, mientras recordaba aún sentado en las mesas de la sala. El sabor ácido del recuerdo le achicó el corazón una vez más, porque evitaba acordarse de los momentos tan claros y puros que escondía en sus memorias.
No sabía cómo era el amor hasta ahora, hasta que había cruzado esa línea entre la amistad y el querer con respecto a Manuel. Suspiró derrotado con la angustia en el pecho cuando recobró la última parte de tan hermosa imagen, nunca antes se había sentido tan derrotado cuando dejó que la balanza se cargara hacia un lado que él no estaba consciente que sucediera, pero era ingenuo, demasiado y el dolor era parte de la vida.
Suponía.
A la mañana siguiente de ese encuentro, se encontró así mismo como un extraño. Sin noticias del Nico, ni de Jaime, completamente solo en la habitación, y el vacío inundó su corazón. ¿Por qué? quizás estaba siendo apresurado, pero algo le decía que no era natural todo lo que estaba sintiendo.
Se sentó con lentitud en la cama pequeña que era del Manuel. Observo a su al rededor y el día nublado le comentaba que ese día no sería el mejor. La radio estaba apagada, nunca supo en qué momento el artefacto había sido apagado.
Se vistió sin apuros, buscando sus pantalones, polera, y chaqueta por ahí tirados en la habitación. Cuando terminó ni se molestó en arreglarse verdaderamente. No tenía caña, ni tampoco un dolor de cabeza desmesurado, sólo molestia, que se localizaba en el pecho. Llegó hasta el living encontrándose en la cocina con un Manuel ya vestido y con los ojos cansados.
—Hola... —Saludó Edgar avergonzado. Acercándose cuidadosamente hacia el rubio. —
—Hola. —Correspondió Manuel sin mirarlo realmente. — ¿Cómo dormiste?
—Bien... —Respondió. La frialdad le estaba pegando fuerte en la atmosfera. — ¿Todo bien?
—Sí, todo bien. — Edgar asintió inseguro, mirando su al rededor, viendo como estaba todo desordenado por la fiesta de anoche. —
—O-oye... ¿Te ayudo a ordenar? — preguntó ingenuo.
Hubo un silencio pequeño, hasta que Manuel lo volvió a mirar a los ojos. — No, no te preocupes... —Susurró despacio, hasta a tomarle la atención. — Oye... Edgar, tenemos que hablar. — El más alto sólo lo miró en silencio, aceptando la conversación. — Lo que pasó anoche fue... algo... qué bueno, no sé. —
—¿Qué? — atinó a decir, sin entenderle en absoluto.
—Puta que no debió pasar po, eso. — cortó sin más. — Eri un tipo bacán, pero... puta creo que no fue correcto haber hecho lo de anoche. — El ruliento siguió mirándolo quedo en silencio. — dejemos como que esto no hubiera pasado ¿Dale? sorry... —
—Ya... —respondió. No sabía que decir, tampoco tenía ganas de preguntarle ni exigirle realmente una explicación de por qué había sucedido todas esas cosas. Él pensaba que sentían algo más que simple calentura, él pensaba que no era el único con el sentimiento en su interior. — Y-yo... me voy entonces. —
—Dale... — siguió acercándose un poco más. — Oye Edgar... sorr-
—No, no te preocupis. Si necesitai ayuda pídemelo nomás... tení mi cel, gracias por todo. —
Huyó sin más, sin mirarlo, porque pensaba que si seguía ahí terminaría quebrándose un poco más. Terminaría matando un poco más la pequeña calidez que se había resguardado entre sus sentimientos.
Se había equivocado tanto. ¿Y por qué? todo había sido tan rápido, no había pensado en las consecuencias, no había pensado —No había querido. — en pensar en el futuro que le perseguía a causa de sus acciones.
Cuando volvió a la realidad actual, miró con tristeza la ventana que le dejaba ver el paisaje. Aún le perseguían esas cosas, le perseguían los recuerdos y el mal sabor en la boca, como en el pecho. Después de esa vez, no habló más con Manuel, ni siquiera había tenido un rastro de su presencia en la universidad, aunque estaba claro que en algunas clases lo veía, sin cruzar palabra alguna, sólo la sensación molesta de saber que hiciste algo que anhelaste demasiado, y que de repente se perdió en la vida.
Decidió dejar de maltratarse y comenzó su camino hacia su casa. Se regañaba mentalmente de que siempre, en el momento nostálgico le comiera el bichito de ahuyentarse con los momentos. Por lo que debía pasar a su casa, más tarde otras clases comenzarían en ese mismo salón y ya no le ataba ningún otro ramo en el día.
Lo penca era saber que a veces el destino era muy conchesumadre, porque cuando salió sin querer se topó a los lejos con Manuel, hablando animadamente con otro tipo. Hasta que en una de esas sus miradas fue correspondida, haciendo que él evitara cualquier tipo de contacto.
Manuel le hacía mal, no quería saber más. Preferiría evitar, aún si así no resolvería nada de las circunstancias.
Salió corriendo hacia la dirección para tomar rumbo hacia su hogar.
No más Manuel.
Al llegar a la casa, tiró sus cosas al sofá. Ese día sus papás no se encontraban, no tenía deseos de verlos con su cara de mierda, lo peor de todo es que su mamá siempre cachaba cuando se sentía mal y lo hostigaba hasta sacarle algo. Pero si le contaba el error que había cometido, todo el cariño que su mamá le profesaba terminaría en el wáter, corriendo a través de la cañería.
Suspiró pesadamente sentado en el sofá, hasta que un sonido le extrañó, provenía de la puerta. Curioso caminó hasta abrirla y vio algo que le dejó impactado.
—¿Nico? — preguntó sin más y sin dudarlo salió fuera de la casa para socorrerlo.
—E-edgar... —
¿Qué mierda? ¿Por qué el nico se encontraba en ese estado frente a su casa? ¿Cómo chucha había llegado hasta allí en esas fachas? Se encontraba en bata, con los pies sucios de caminar tanto. Lo abrazó protectoramente, viendo como Nicolás caía lentamente inconsciente en sus brazos.
¡¿Qué mierda pasó?!
Rebelión Sedición (Jaidefinichon Goth) Edgar/Yelo Capitulo 13
«Sedición» "Yellow Ledbetter"
Nunca le había molestado de por si, su sangre. Aquella que lo caracterizaba tanto de tener una vida pacífica, al lado de la paciencia, la ternura y tranquilidad. ¿Y para que más? Si de por si su vida era una dicha comparado al lado de su mejor amigo de la universidad. Lo pensó un poco después de haber reflexionado aquello, definitivamente gracias a lo que sea que estuviera controlando el universo había nacido y crecido con sus genes betas, casi como si realmente hubiese sido un humano normal a diferencia del resto de la jerarquía, no tenía la necesidad de luchar, ni sacrificarse. Sólo observar y mirar como los demás se mataban por poder. Pero debía reconocer que a veces era aburrido. No era especial, ni milagroso, nadie luchaba por él, ni peleaba tampoco, nadie lo miraba. Se encontraba allí para salvar quizás, mantener el equilibrio de las cosas, el orden, la restauración. Era neutral en todo sentido, incluyendo sus propios sentimientos.O por lo menos eso creía, hasta que conoció a Nicolás, y el orden cambió. No era de por si un personaje frío, su calidez lo expulsaba en cada milímetro de poro en la piel. Las sensación también, era cosa de acercarse y encontrar a una persona maravillosa, escondida en un cuerpo macizo, alto y grueso. Y lo supo en el momento en que Nicolás se lo hizo ver, con sus gestos, sus cariños de amigo, su cordial naturaleza en la sangre que siempre se lo recordara. Nicolás era importante, porque le hacia sacar a flote todo lo importante que por dentro poseía como ser humano, y no como un mero instrumento de batalla entre las jerarquías más poderosas.
«Un beta era, simplemente un artículo más para el mandato del alfa»
Había escuchado esas frases tan simples a través de su padre, aquel que le enseño todo acerca de los comportamientos. Provenía de una familia que ayudaba a la manada principal de donde provenía. Pero era eso, se sentía usado como marioneta cuando le recordaban constantemente que él sólo era un peón más. Y a pesar de que naturalmente era imposible consentir odio u resentimiento hacia los alfas, era inevitable no pensarlo, pero su sangre traicionera y reveladora le mostraba que aquel resentimiento no servia de nada para vivir en ese siglo, en esa vida, en ese momento o minuto. Suspiro un par de veces, contemplando la mirada serena hacia el ventanal grande de la pared en la sala. Nicolás no había ido hace bastante días, y por más que intentará localizarlo a través del celular, éste no contestaba. ¿Estaría bien? Aquel omega que le hizo sacar más de una sonrisa o carcajada estaba desaparecido de su vida. Todo iba tan bien hasta que mostró signos extraños los días que había venido a la facultad. Vómitos, mareos y desmayos, todos aquellos síntomas extraños que indicaban lo más lógico en un omega. Embarazo. Quizás era el momento más importante para el omega y sin embargo él como mejor amigo no estaba allí para ayudarlo. Se sentía mierda, se sentía traicionero, a pesar de que su culpa no era total. Tecleo un par de veces mas asegurándose de verificar bien si Nicolás le había respondido algún mensaje o llamada, pero era inútil, por mas mensaje y llamadas que mandaba no recibía ninguna respuesta. Había buscado a Jaime por toda la universidad también, pero tal parecía que el alfa con carácter de mierda no estaba asistiendo. ¿Por qué repentinamente todos desaparecían? No es que se sintiera solo, es que simplemente pensaba que algo malo y grande estaba pasando. Y por otro lado, su vida. Faltaba poco para que la universidad en si terminara. La carrera y sus estudios. La penca obligación de asistir a su peor pesadilla, terminar los estudios, y tener que soportar todo el significado de ir tras el jefe superior todo el tiempo, porque como tal él nunca podría ser un jefe, él nunca podría sobrepasar a la sangre dominante. Aún si quisiera, aún si lo deseaba. Quería que el tiempo pasará más rápido, como cuando disfrutaba de los carretes tranquilos en la U, como cuando disfrutaba de la cerveza, la música tranquila de sus- «Ah yeah can you see them Out on the porch yeah but they don't wave I see them round the front way yeah And I know and I know I don't want to stay Make me cry» Canciones favoritas. Fue entonces como recordó el famoso episodio vivido hace un mes, cuando tuvo la maravillosa idea de invitar a Nicolás y Jaime al tan famoso carrete del susodicho. Había querido olvidar todas aquellas emociones, porque no estaba bien para él tanta improvisación. Y se sentía confundido al punto máximo de los nervios, primero porque ninguna feromona excesivamente perturbadora lo había obligado a participar de sus actos. Y segundo porque entre betas no existía afinidad alguna, menos si es de dos hombres, menos si el otro aun conservando ciertas similitudes omegas en un porcentaje inferior, muy inferior al común lo llevara a cometer adulterio. Pero se sintió inevitable, en el momento en que tomó ciertas chelas, y aprovecho de fumar quizás un poco de la tan sagrada marihuana, para relajarse, para dejarse llevar del común social que regian entre jerarquías. Incluso se sintió muy feliz de compartir con el alfa cuando conversaban junto a Nicolás y los observaba muy acaramelados, muy unidos, muy cierto para ser verdad. Se había sentido algo celoso de que su buen amigo Moreno, más bajito que él compartía un cierto destino caprichoso con el ruliento de pelos corto que los acompañaba. Eran celos, o por lo menos esa excusa tan básica quería creerla. No tenía ninguna intención más allá, compartir, webiar, conocer alguna beta o omega y enamorarse. Era su plan de futuro lejano, pero que quería con total corazón se acercara travieso hacia su encuentro. Nunca imaginó que entre la nebulosa música reggaetonera, fuera la causante de hacerlo explotar un poco. Si había algo que Edgar mencionaba seguido, era su buen talento artístico sobre estas áreas, la música era algo importante en su vida. Su querida amiga guitarra la acompañaba la mayoría de las veces a practicar un poco el oído y el corazón, como también su paz. Sin mencionar claro, su gusto secreto por el grafito, y las hojas de croquis escondidas en su escritorio de su habitación. Pero pocos sabían de esta gran afinidad por la música, y el talento que tenía, más que Nicolás que lo conocía muy bien ya después de años en la universidad compartiendo y cantándole canciones para disfrutar del buen compañerismo al lado de su chelita fresca. Pero como tenía tan agudo el oído y tan acostumbrado a sentir un tipo de música, cuando el reggaeton comenzó a evaporarse, buscó una habitación para pensar en otras cosas a parte del ambiente caliente que se sentía en ese momento. Y una vez que encontró una pieza al azar como era costumbre, se encontró con ciertas curiosidades. Se rascaba la barbilla con cierta intención, por inercia quizás, al momento que se acercaba al rincón de la pieza y veía una guitarra relativamente nueva, sin ser tocada o usada, sonriendo infantilmente a encontrar un compañero de la nada en ese lugar desconocido. Sin pensarlo dos veces, la saco de su posición y la limpio un poco del polvo, mirándola cómplice, casi si le dijera; hola nena, veo que estás sola esta noche. Y con risas weonas en el rostro, la colocó para tocarla. Siendo traicionado por la manía, tocó sin remordimiento acompasado al sonido de los acordes, que sinfónicamente se juntaban para armar una melodía, una melodía que adoraba de su grupo favorito. Canto un poco despreocupándose si alguien lo estuviese viendo, sabia de antemano que todos se encontraban en el living/comedor bailando su perreo intenso, mientras que él disfrutaba un poco el sonido dulce de las cuerdas musicales. —Eri todo un romántico ¿Sabi? — la voz que escucho lo hizo saltar de improviso, dejando inmediatamente de cantar, mientras se escuchaba el silencio acompasado de unos ojos mieles oscuros mirándolo desde la puerta de la habitación. —M-me asustaste cabro culiao... — atino a decir un poco sonrojado, dejando de lado la guitarra en el suelo. —¡Ah! Pero no deji de cantar, cantai lindo Edgar. — siguió escuchando mientras veía como el rubio se acercaba lentamente hacia él, sentándose a su lado en la cama. —V-vale... —
—No sabia que te gustaba Pearl jam... — continuó buscándole conversa de manera alegre, mientras lo miraba. El nerviosismo era chistoso, era extraño que se hubiese sentido sumamente nervioso porque alguien además del Nico había descubierto uno de sus secretos. — Eh... Si, son bacanes, me gustan desde hace caleta. — —Ya weón, si tampoco es pa tanto ponerse nervioso. Sé uno de tus secretos nomás. - le dijo mirándolo travieso, mientras se metía las manos al poleron oscuro que llevaba puesto. — A mi también me gusta esa banda, de hecho tengo un cd original de ellos. Lo guarde porque igual es valiosa la wea. Qué raro que nunca lo hayas comentado. — El ruliento más alto lo miro incrédulo y con calma comenzó a tranquilizárse, dejando su pose defensiva.— Que bacán, ¿Sabi tocar yelo? ¿Esta guitarra es tuya? La mirada de Manuel se suavizó considerablemente, mostrándole una sonrisa poco después. — hahaha, sí. Pero la verdad la tengo terrible botada, me la regalaron mis papas hace mucho tiempo, cuando andaba en la volá de querer tocar. Igual no sirvo para la wea, soy muy manco. Las risas dentro del lugar, no se hicieron esperar. — Que eri weón, está súper bonita, tenis que cuidarla más. — —Ah... Si no es para tanto, de vez en cuando la limpio. — el ruliento grande lo miró acusador con una sonrisa en el rostro. — Puta ya, hace tiempo que no la he limpiado, pero lo haré. — comentó el rubio alegre, mirándolo a los ojos con armonía. — Yapo, ahora que conozco tu secreto, tócate una wea. Edgar lo miró riendo comentándole — Tss... ¿Qué wea queris que te toque cochino? — las risas se habían hecho más ruidosas. Y todo había sido súper cálido en ese momento, se había sentido descubierto. Pero sabia que la compañía de Manuel era bastante agradable. Habían conversado su resto, compartiendo más allá que las palabras obvias en las salas de clases, como cuando se conocieron y el más bajo le pedía ayuda con algunos ejercicios de matemáticas. Manuel le caía bien, le entregaba una sensación de paz, parecida a cuando el Nico le sonreía con naturalidad y le contaba weas chistosas de la vida. El rubio era diferente pero aquello le llamaba la atención, no estaba tan bebido, no tenía ni pensado siquiera en imaginar alguna situación más allá en compartir charlas amistosas con él, pero de repente los ojos mieles más oscuros que los suyos lo llamaban tranquilamente, como el olor leve que transmitía el cuerpo más pequeño. Hizo lucido todo aquel pensamiento irracional, pensar en aquellas cosas no estaban para nada bien, especialmente cuando lo miraba escuchando la melodía de Pearl jam de fondo, cantando algunas estrofas, y relajándose notablemente. ¿Qué ocurría con él, precisamente? Era un aweonao por no saber la verdad. Pero quizás dejaba que los impulsos y la naturaleza siguiera su curso nomás. Después de todo él sí confiaba plenamente en lo que la naturaleza decía, el caos y La Paz. Se sentía uno con el fondo cuando pensaba en esas cosas, se sentía en equilibrio. Y el momento entre esa calidez apasible que hace mucho tiempo sentía en su vida, comenzaba inundarlo. Mostrando la felicidad en él, en un momento mágico y místico. Fue así hasta que cuando aterrizó a la realidad, había sentido unos labios más delgados que los suyos en su boca. Se asustó de manera ferviente, pero de algún modo no le molestó, sólo quedo impactado, sin poder reaccionar y sus ojos abiertos, que automáticamente sin querer había soltado la guitarra que había tomado anteriormente. —Chucha... Sorry Edgar. — escucho decir al otro, viendo inmediatamente como Manuel se alejaba de la habitación dejándolo completamente solo. Y para más remate con su canción favorita de fondo sonando en la pequeña radio con cd, vieja y degastada. ¿Por qué? ¿¡Qué weá acababa de pasar!? Y él iba a buscarlo, levantándose de su asiento en la cama, hasta que dio unos tres pasos y se detuvo. Se preguntó por qué iba a su encuentro, porque lo iba a perseguir hasta toparlo después, ¿Qué le diría? Un oye por qué hiciste esa weá, no convencía el todo. Si él no era, así. Si el Yelo sentía una atracción hacia él no quería romperle el corazón al rechazarlo, después de todo cuando uno se siente atraído a alguien no había culpables en ellos más que el porvenir. Así que con paso decidido fue a buscarlo, para conversar, para arreglar las cosas. ¿Arreglar que? Nadie había roto una regla, y a pesar de que él lo había sentido. Esa necesidad impulsiva de querer acercase más, mucho más, había que hablar algo, un intento de algo. Por ultimo para arreglar su caos interno. Cuando llego hacia el lugar bailable con la música a todo chancho, de reojo lo busco entre la multitud de gente, topándose con una imagen desconocida. Jaime tenía abrazado a Nicolás con sumo afecto, tan juntos y tan mezclados a la vez, que se le hizo un pequeño nudo en el estomago. Un sentimiento de felicidad, pero a la vez melancolía, siempre había supuesto de algún modo que aquellos compartían un hilo, que tarde o temprano los uniría, y sólo por ello dejó que siguieran juntos en esa acción tan romántica. Él no era nadie para interrumpir tal momento, y sin embargo se encontraba preocupado de encontrar a Manuel para resolver las cosas inconclusas, un perdón por último. Encontró por el camino varios vasos de alcohol, y le importó un pico quitarle el copete faltante a la gente que estaba más preocupada de conversar, gritar o agarrarse, que seguir sintiendo esa amargura en la garganta, por lo que sin pensarlo tomó cada sorbo escondido por ahí, hasta que sus ojos lograron enfocar la cabellera rubia. Quizás el copete no servia de nada, quizás lo había hecho porque necesitaba una excusa para recriminarse en seguir en esa situación cuando podría olvidarla. Camino hasta posarse al frente, y como era de esperarse Manuel automáticamente comenzó a huir sin tener éxito. Pero lo contuvo, lo dio vuelta y lo pego suficientemente para mirarlo a los ojos. —Manuel... — susurro lo suficientemente fuerte como para que el rubio lo escuchara. — ¡Manuel! —Qué... — contesto el más bajo evitando la mirada. — ¿Qué Edg- —Pico... — interrumpió. —¿Edgar? — —Que pico con todo conchetumadre, en serio, pico con todo. — No sabia que decir, no sabia que sentir tampoco. Más que sentir como el equilibrio se rompía en mil pedazos al momento en que impulsivamente lo agarraba de los hombros y con dulzura depositaba un cálido beso, suave y demandante beso. Como nunca antes dejo que el cuerpo hablara, y dejó que su instinto también participará, así como lo fue con sus dos amigos, el pensaba que sintiendo como se desmoronaba su mundo, volvía a palpitar con fuerza su corazón. Y que sin dudarlo, no era el único que sentía aquellas emociones tan fuertes, porque poco después el beso cálido, termino transformándose en dominancia, salvajismo y necesidad. La balanza había calibrado hacia un lado desconocido que ni él mismo sabía que existía.
Fran, no podrías hacer al Yelo chibi así bien kawaisen? :c
¿Ese está bien? :3
Mejor tarde que nunca (?) Sí un EdgarYelo... lo intenté xD
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