A la Humana no se le escapa que el médico no tiene tiempo para sus cositas malas, que la mira distraído, que le dice es que estáis muy nerviosas como explicación a todo, sin ni siquiera preguntarle por qué está tan nerviosa. Si se lo preguntase, tampoco podría explicarlo. La consulta es pequeña, llena de los ruidos de afuera, absolutamente vacía del instrumental que ella siente que sería preciso para abrirla y extirparle lo malo. Estáis nerviosas siempre las chicas, le dice el médico. Sonríe paternal y osezno. Las chicas. Como si acabasen de darles la bofetada de la confirmación y aún estuviesen aturdidas. Como si bebiesen batido de vainilla y se les derramase un poquito por las comisuras al sonreír.
El celo, Sabina Urraca.








