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Ciertas novelas no se leen: se respiran hasta que el aire empieza a faltar. El patio pertenece a esa estirpe de libros que prefieren fermentar en lugar de avanzar, hundiendo al lector en una cotidianidad que no ofrece treguas. Desde la primera página, la voz de Tue —un niño que observa más de lo que comprende— nos introduce en un mundo donde la precariedad no es una circunstancia, sino una forma de existencia. La novela transcurre en una granja aislada, en un entorno rural marcado por la pobreza, los animales enfermos, los silencios largos y una violencia que no siempre estalla, pero siempre está ahí, latente. No hay épica en esta historia, ni redención clara. Lo que hay es acumulación: escenas pequeñas, a veces brutales, que se van sedimentando hasta construir una atmósfera opresiva. Korsgaard escribe con una prosa seca, casi indiferente, que evita cualquier tentación de embellecer el dolor. Y ahí radica su fuerza. No intenta conmoverte: te expone. Escenas como la matanza de ratas en la cocina o el parto fallido de un cerdo no están narradas como momentos excepcionales, sino como parte de una rutina. Lo perturbador no es lo que ocurre, sino la normalidad con la que ocurre. Tue, como narrador, es uno de los grandes aciertos de la novela. Su mirada infantil no suaviza la realidad; al contrario, la vuelve más inquietante. Hay algo profundamente incómodo en cómo interpreta —o malinterpreta— lo que sucede a su alrededor. Su deseo de entender, de encontrar lógica o belleza en medio del caos, es lo que sostiene emocionalmente el libro. Los adultos, en cambio, están atrapados en su propia incapacidad. El padre, violento y errático, deja entrever momentos de fragilidad que nunca terminan de convertirse en ternura. La madre, ausente incluso cuando está presente, encarna otro tipo de desgaste: el del agotamiento total. Nadie sabe cómo nombrar lo que siente, y esa falta de lenguaje emocional es, quizás, la herida más profunda de la novela. El ritmo es pausado, casi monótono. No hay grandes giros ni clímax tradicionales. La historia avanza como avanza la vida en ese entorno: lenta, repetitiva, sin promesas de cambio. Y sin embargo, esa misma repetición genera una tensión constante. El patio no es una novela para todos. Es incómoda, áspera y, por momentos, brutal. Pero también es profundamente honesta. Korsgaard no busca que el lector se sienta bien; busca que observe. Y en ese observar hay algo valioso, incluso necesario. En conjunto, es una obra que deja una sensación persistente, como un olor que no se va del todo. No golpea: cala. Y cuando termina, uno tiene la impresión de haber estado demasiado cerca de algo real.
The best shrimp ceviche .....
Urban Landscape (June 2024), by Abelardo Ojeda.
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So I bought this thicc ass burrito
No voy a olvidar nunca ese color de tu mirada
Barbara: we are going to make a delicate question but we had to make it, because we just came to Barcelona so we have to dare; we are going to ask about the story of the Love of your live (lesbian panick of Alexia) about Nala La mala (Alexia’s laugh because she almost get ups and leaves at that moment). Are the rumors true that she behaves badly? Because they say that dogs behave like their owners Alexia: yes they say she behaves like me but she is not bad. The thing is that she is really independent, but she doesn’t have a bad temper. I don’t know who told you that Barbara: there are rumors. We have great references Alexia: no no no Barbara: so nala la mala is really good? i’ts a lie the name ? ((for context nala la mala it’s a rime that says “nala the bad”)) Alexia: when she was a kid like all dogs, she was rebelde and when you came home you didn’t know what was awaiting for you. But now she is really calm and independent. Sometimes she comes to gives you kisses and when she doesn’t want to she goes on her own way. Barbara: and then also she was next to the champions cup Alexia: yes I put nala inside the cup. She didn’t want to but I did it anyway (you can watch the whole interview here)
El Patio replied to Jenni’s instastory:
“Neither confirm nor deny us” 🥲