Derivas…¿Cómo reorientar la atención desde la materialidad de los objetos a las propiedades de los materiales?
2019-2020 | Registro fotográfico de derivas por barrios del sur de la Ciudad de Buenos Aires, en búsqueda de plantas ruderales o “malezas”.
Un día descubrí que la ciudad está literalmente rebosando de plantas. Nunca, nunca, nunca, las había percibido.
Después de este encuentro me pregunté ¿cómo es posible que algo vivo pueda crecer y más aún, proliferar profusamente -en lo que presuponía era- algo muerto? Comprendí que en realidad las «plantitas» no son nada tontas y crecen donde justamente deben crecer. Me amigué entonces, con mi propio crecer en un surco ajeno al propio y por añadidura, vivo.
Me quedan otras preguntas.
¿Cómo se unen las plantas y la materia inerte del mineral? ¿En qué consiste el cobijo que las semillas encuentran en esos espacios mínimos, que hace que sean perfectos para la vida? ¿Qué propiedades de los materiales permiten que plantas y los surcos se acoplen en una estructura integrada que se encuentra en permanente crecimiento y transformación?
¿Por qué razón no la vemos?
La ciudad
selva feroz
espesura rebosante.
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2023-2024 | Objeto-instalación. Madera; cerámica; metal; circuitos y placa controladora; lupa; motores; leds; musgo, ruderales, rejillas metálicas de fundición. Es parte del proyecto de investigación de tesis de Maestría en Tecnología y Estética de las Artes Electrónicas - UNTREF: “La caída de Prometeo. Desvanecer la forma humana; hallar la forma vegetal”.
Asesoramiento técnico y colaboración: Eduardo Kreiman.
El artefacto está compuesto por viejas piezas de máquinas que alguna vez fueron parte de un laboratorio científico. No sabemos muy bien cuál era su función específica. Sabemos que quedó abandonada, tirada en un rincón, de una sala en un edificio que ya nadie recuerda que perteneció a un instituto de investigación sobre caracterizaciones farmacológicas de ciertas plantas, llamadas ruderales, que crecían en lo que entonces eran las ciudades humanas.
No sabemos muy bien quién construyó el artefacto, ni cómo lo hizo. Funciona. Al parecer lo hace en la medida que permite observar algunos detalles de las plantas urbanas que seguramente a los humanos de aquél entonces les pasaban desapercibidos.
Se mueve. Mejor dicho, es su ojo el que se desplaza en un continuo ir y venir de un lado al otro. A veces se detiene unos segundos y continúa su marcha. A veces, se para en seco y por alguna razón, se vuelve al punto de partida.
El movimiento es lento, es como que llamara a mirar a través de su ojo, a observar qué hay del otro lado del cristal de aumento. Pero no sabemos cuánto tiempo tenemos para observar, porque el aparato tampoco nos da pistas sobre ello. Es posible que mientras nos detengamos en ese peculiar dibujo hace crecer el musgo, o una minúscula plantícula que emerge desde el borde metálico de una antigua rejilla, el artefacto decida que ya es hora de partir, de enfocar la mirada en otro lado.
El artefacto está compuesto por viejas piezas de máquinas que alguna vez fueron parte de un laboratorio científico. No sabemos muy bien cuál era su función específica. Sabemos que quedó abandonada, tirada en un rincón, de una sala en un edificio que ya nadie recuerda que perteneció a un instituto de investigación sobre caracterizaciones farmacológicas de ciertas plantas, llamadas ruderales, que crecían en lo que entonces eran las ciudades humanas.
No sabemos muy bien quién construyó el artefacto, ni cómo lo hizo. Funciona. Al parecer lo hace en la medida que permite observar algunos detalles de las plantas urbanas que seguramente a los humanos de aquél entonces les pasaban desapercibidos.
Se mueve. Mejor dicho, es su ojo el que se desplaza en un continuo ir y venir de un lado al otro. A veces se detiene unos segundos y continúa su marcha. A veces, se para en seco y por alguna razón, se vuelve al punto de partida.
El movimiento es lento, es como que llamara a mirar a través de su ojo, a observar qué hay del otro lado del cristal de aumento. Pero no sabemos cuánto tiempo tenemos para observar, porque el aparato tampoco nos da pistas sobre ello. Es posible que mientras nos detengamos en ese peculiar dibujo hace crecer el musgo, o una minúscula plantícula que emerge desde el borde metálico de una antigua rejilla, el artefacto decida que ya es hora de partir, de enfocar la mirada en otro lado.
Detalles técnicos: El movimiento debe ser muy lento (diría perezoso); las detenciones deben darse bajo algún grado de azar; la espera, la suficiente como para que se pueda observar algo que llame la atención, y que luego se desee volver a encontrar. Pero tampoco puede ser tan extensa como para que eso que llama la atención se vuelva banal, reiterativo.