Como un simple muñeco cuyas baterías se habían agotado, la magullada anatomía del venezolano yacía inerte en una de las camas del área de cuidados intensivos, dando señales de un corazón latente sólo a través del paulatino beep de una de las máquinas a las que estaba conectado. Carecía de una consciencia que pusiese el cuerpo en funcionamiento pues la misma había quedado atrapada en esos últimos instantes antes de la nada absoluta, la grotesca imagen de la ojiazulada distorsionándose con la aproximación de los faros extranjeros y el sonido del conjunto de metales y cristales rompiéndose ante el impacto repitiéndose de manera infinita, un perpetuo recordatorio del mal que había causado. No quería regresar al mundo real, no podía hacerlo. No tenía el suficiente coraje para afrontar las consecuencias. Pero aquella no era su decisión y lo supo cuando el dolor que azotaba su cuerpo se hizo cada vez más presente, trayéndolo del mundo etéreo. ❛ ¿Qué coño...? ❜ la interrogativa escapó de sus rosáceas fauces ni bien regresó en sí, necesitando parpadear varias veces para ajustar sus pupilas a la nueva luz. Elevó su izquierda con intenciones de cubrir sus glóbulos oculares, más la acción se vio interrumpida en partes iguales por el yeso que impedía el correcto movimiento así como por la punzada de dolor que nació en su hombro. La realización cayendo sobre él como sal en sus nuevas heridas. ❛ ¿Dónde está Blue? ❜ inquirió a nadie en específico, achocolatados orbes buscando con desesperación los océano, pero encontrándose con un gélido par en su lugar. No tardó mucho para duplicar la pregunta formulada con una entonación más desesperada.