Jemimah y su gran familia
Cuando Jemimah me encargó tomar unas fotos familiares acepté alegremente porque son cercanos a mi y claramente me supone un honor hacerlo. No fue hasta el día en que quedamos que noté lo importante que era, digamos simbólicamente, para ella y creo que para todos.
Tomarse fotos con la familia sin que sea por una boda o cualquier otro evento familiar, creo que nos posiciona de un modo diferente ante la cámara pero no solemos darnos cuenta, sobre todo ahora que tomarse fotos en cualquier momento, situación o estado de ánimo, es tan normal como comer o dormir. Como fotógrafa, a media que vas entrando en el territorio de la familia, va revelándose una infinidad de matices que tienen que ver con eso tan interesante y rico que son las relaciones personales, y eso no deja de fascinarme.
Poco a poco, el abanico de personalidades va desplegándose, de forma discreta y casi siempre reservada, hasta que se alcanza a intuir, con tiempo y atención, a ver, como entre todas forman una familia. Entonces la cámara es como un caleidoscopio, si giras un poquito hacia un lado o hacia el otro, toda la imagen cambia y nuevos colores y formas aparecen.
En mitad de ese núcleo diverso y colorido de la familia, el elemento central sólo puede ser una persona con una tremenda capacidad para equilibrar. En este caso, es una mujer.