Una mañana diferente
La noche anterior fue consumida por la serie por la que se quedaron pegadas: en una semana se vieron las cinco temporadas y esperan por más. Es de mañana y sábado, y sólo se puede deducir por la alarma que no sonó y la hora que marca el celular: 10:27. Están en casa, su casa. Al abrir la ventana no hay montañas con nieve, ni un lago, ni el centro de una ciudad desconocida. Están rodeadas por casas vecinas, un edificio en la esquina que nadie realmente quería pero ya se acostumbraron, y el mercado chino de la vuelta. Lejos del sol brillante que suele acompañar a la mañana, hay lluvia. Las calles están empapadas y sus flores del cantero tienen la maceta llena. La Noche no sabe si eso es bueno o no, por eso se arriesga a salir al balcón de la habitación para ponerlas bajo techo.
Cuando vuelve, divisa bajo los acolchados blancos y suavecitos, al Sol dormir sin problemas. Un rayo aparece de la nada, y la Noche se asusta. El gato gris levanta la cabeza desde la cama, para ver si ella está bien y vuelve a acomodarse al lado del Sol.
La Noche se lo queda viendo, tienen a Simba hace tres años, cuando ella lo encontró solo y llorando en una vereda a su suerte. No es el mismo cachorro que buscaba calor en donde sea, ahora entiende que ya no va a sufrir ese frío y soledad. La Noche baja a la cocina, espaciosa como a ellas les gusta; y negra como a la Noche le gusta. Aunque el Sol reniegue a veces, se nota que también le gusta la cocina negra. “Es muy oscura, va a opacar al sol y la luz”, decía el Sol. Por eso, en la cocina hay muchas lámparas y una ventana al costado que permite entrar mas luz, y nada es opacado por nada. Prepara la cafetera, con la leche incluida. Para ella se prepara un té clásico, con miel y poca azúcar. Pone las tostadas en la tostadora, y mientras saca el queso crema y la mermelada casera que hicieron hace unas semanas atrás. En un bowl pone yogurt natural y lo mezcla con cereales de chocolate y frutos rojos. Le agrega chispitas de chocolate por arriba y ya tiene el bowl listo para el Sol. Las tostadas son para ella, y las llena bien del queso y la mermelada. Anota en la lista que está pegada en la heladera, queso y manteca para comprar. La idea de ellas era ir ese día a comprar al mercado grande, pero la noche de series fue improvisada y la lluvia también.
Con el desayuno de ambas acomodadas en la bandeja, la Noche sube hasta la habitación y despierta con un beso y caricias al Sol, quien de a poco se relaja ante la mano de su novia y abre los ojos. “Buen día dormilona”, dice la Noche. El Sol sonríe y se acomoda en la cama. Simba también lo hace, pero para seguir durmiendo. El Sol agarra su taza de café con leche y le da un sorbo. “Buen día.” Responde finalmente. Ambas se terminan de acomodar y desayunan en la cama, mientras hablan sobre el final de la serie, el cómo pueden seguirlo, mientras hacen una introspección psicológica a los personajes. El Sol no lo dice, pero agradece estos días en que la rutina es al revés, y es sorprendida por la Noche.












