Todo emprendimiento tiene un precio. A veces es acumular desorden en casa por no tener tiempo o espacio, trabajar horas y horas hasta quedarse dormida/o mientras los demás descansan o no asistir a algunas reuniones con amigos o familia. A veces viene con la incertidumbre por el mañana, el miedo por la exposición pública o el fracaso. Incluso trabajar y trabajar sin ver resultados "grandes" y sí mucho tiempo y dinero gastado. En fin... no es un camino fácil, por eso no es raro que muchos paren a medio andar. Pero... la verdad, es extremadamente satisfactorio cada pequeño y gran logro que se obtiene, incluso aunque a veces sea un proceso un poco solitario. Me verán muy fastidiosa cuando repito y repito que hay que emprender con una pasión y propósito, pero es porque todo este costo y trabajo duro se hará con felicidad. El camino hacia la meta entonces tendrá de por medio el amor y la mejora. Nos hará de alguna forma aceptar que requiere sacrificios y lidiar con persistencia esos días de muchos problemas. Aceptar el camino que viene por delante también será un reto interesante, y en su momento, al ver hacia atrás y recordar el largo camino que ya se ha avanzado, nos sentiremos fuertes y nostálgica/os... porque pudimos con todo.














