Cómo empezar un proyecto. Así lo hicimos.
En realidad, antes del viaje y de pensar en una exposición todo comenzó con una enfermedad que duró dos años y que terminó por llevarse a la mamá de Adrien. Al dolor de un adiós forzado había que agregarle una pregunta punzante porque ahora había que retomar una vida que él mismo había puesto en pausa para poder cuidarla, dos años tan largos, ¿y ahora qué?
Ella pidió que sus cenizas se esparcieran en el inicio de su querido río Loira, creció frente a él pero nunca pudo llegar a conocer su origen. Después de que su familia se reunió para despedirla y esparcieron sus cenizas, exactamente al día siguiente, Adrien comenzó un viaje a pie para recorrer el río completo, le tomaría tres meses completarlo y viajar poco más de mil kilómetros. Quizá este viaje fue la única forma imaginable para poder dejar ir al dolor, quizá fue una especie de homenaje a su memoria, sé también que hubo algo de curiosidad por descubrir qué había en ese río de mágico que durante esos dos años su mamá le contó lo feliz que fue viviendo junto a él.
El viaje ocurrió en el verano de 2017 y casi un año después de terminado nos conocimos, en Junio de 2018, Adrien tenía un pequeño book de micas plásticas con fotos selectas de entre las cuatro mil que tomó y la firme intención de montar una exposición. Hacía un tour por las ciudades donde antes pasó caminando para proponerles su exposición para el año siguiente, en espera de que varias aceptaran pagar una renta y prestarle un espacio.
Tomamos la decisión de colaborar en el otoño, para entonces Adrien había terminado de hacer su tour de promoción y aunque había logrado interesar a varios, en términos generales no había nada concreto. Una ciudad aceptó pagar la renta de la exposición por un mes, 200 euros, que no alcanzaban ni para pagar la impresión completa de las piezas, que en ese momento estaba calculada en 800 euros. Se necesitaban al menos otras tres ciudades capaces de pagar la renta de la exposición para poder cubrir los costos totales de la impresión y al menos una más para tener algún ingreso adicional, porque también están los costos de empaque y transportación de las piezas e idealmente el pago al autor por su trabajo.
El problema es que aunque había otras dos ciudades interesadas en pagar por la renta, la gran mayoría le pidió lo contrario, que él pagara una cuota por usar sus instalaciones y presentar su trabajo. Otras ciudades le dijeron que estaban interesadas pero que era muy temprano para tomar una decisión, que las contactara de vuelta hacía finales de año o quizá inicios del siguiente cuando sabrían más sobre su presupuesto para el 2019.
En nuestra primera sesión real de trabajo, escuché toda la historia con detalle y luego intenté hacer preguntas inocentes para saber un poco más, por ejemplo: oye, y ¿cómo llegaste a los 200 euros? ¿existe algún tipo de tabulador o algún amigo fotógrafo te dijo que esa es la cantidad que se suele cobrar? La respuesta fue igual que en México, no hay tabulador y ninguno de mis amigos ha recibido dinero por montar sus exposiciones, en realidad suelen pagar por exponer su trabajo, a los que les conté me dijeron que no lo lograría y con quienes hablé después de mi viaje de promoción me dijeron que era un logro haber conseguido los 200 euros, era casi un héroe.
Es curioso ¿no? Todas las personas que trabajan en un museo tienen un sueldo, desde el director hasta la persona de limpieza, pero el artista no. Claro, en este caso no se trataba de museos, sino de gobiernos locales que, igual que en México, tienen poco presupuesto para operar y la cultura suele ser uno de los rubros menos prioritarios; pero igual me parece algo curioso.
Llegados a este punto era claro que teníamos que replantear las cosas: no había proyecto, solo una voluntad inmensa, muchas ideas y pocas nueces. No me malinterpreten, la historia me parece tan emotiva que en parte por eso estoy acá, pero la realidad es que sin un proyecto que dé sustento a nuestro trabajo poco, o nada, se puede conseguir. Un proyecto se empieza con una historia, de preferencia una buena, y con una intención firme, y ya que se tienen estos dos ingredientes habrá que sumarles otros para en efecto crear el proyecto y esto lo queremos hacer así porque nuestro objetivo es llevarlo a la vida, hacerlo, si no estamos interesados en concretar entonces no necesitamos de proyectos, podemos seguir soñando pero a sabiendas que esos sueños seguirán viviendo felices en el mundo imaginario de nuestras cabezas.
En nuestro caso, sí queríamos llegar a la realidad, por eso necesitábamos del proyecto. En el próximo post les contaré que hicimos para lograr armar el tour con el que estamos visitando nueve ciudades a lo largo de La Loire. Hoy les escribo desde la galería de la Mairie (gobierno local) de Pouilly-sur-Loire, gracias por leerme, espero saber de ustedes y lo que les gustaría saber del proyecto para escribirles mejor. Saludos!
*Fotos: Adrien un día antes de iniciar el viaje. Adrien llegando al final de su viaje por La Loire. Ambas cortesía de Adrien Miquel.










