Lunes por la noche, por fin en nuestra habitación después de la larga jornada del día, puedo visualizar en mi mente claramente como veías tus noticias deportivas del fútbol americano sentado en aquella silla de escritorio un poco percudida por el paso de los demás viajeros. Y yo en la cama, de sábanas y almohadas blancas, eterna, esperando a que terminarás de ver la tele porque ya te esperaba ansiosa, deseosa de poder hacernos el amor como las otras noches. Llegó el momento de por fin estar acostados, en esos días aprendiste que necesitaba sentir tu piel cuando dormíamos, así que te quitaste la ropa, y por fin estabas en mis brazos, te tenía frente a frente, besaba tu frente, tú la mía, admiraba tu rostro tan perfecto para mí, esa naríz que no te gustaba de tí y que yo amaba, nuestras miradas se encontraban, entendías que te amaba, profundamente, por fin estabas entero para mí, por fin podía acariciar tu suave piel por horas, por fin no nos apresuraba el reloj, el tiempo se paraba, aún en éste momento, en éste mismo momento puedo sentir tu cabello negro entre mis dedos, traté de atesorar cada segundo de nuestros días, porque sí, eras prestado, solo que la diferencia es que no tenías que correr. Así que dejé de lado el pensamiento que me asaltaba de vez en cuando de que no eras mío, empezamos a platicar del día vivido, me contaste tus anécdotas, tus historias, reíamos, me enseñaste todo eso que un día soñé conocer de tí, te ví vulnerable, toqué una fibra sensible de tu ser, hablamos de tu padre, te dije lo mucho que yo admiraba tu amor hacia él, ví tu yo real, te permitiste vulnerable conmigo, no tuve como pagarte eso. Por fin estabas ahí mío, mío, en medio de las lágrimas te besé, en medio de la nada nos cobijamos por la noche, pudimos amarnos como siempre lo soñamos. Me entregué completa. Daría lo que fuera por hacer eterna esa noche. Guarde en mi mente cada hermoso segundo de esa noche, tu olor, la sensación de tu boca en mi piel, en mis pechos, tus manos tocandome entera, el aroma de tu aliento, tu boca dándome los besos más perfectos que me han dado. Te ame, con todo lo que soy, te amo ahorita mismo llorando por lo que ese momento de la vida me dió, llorando porque me aferro a quererte, me aferro a qué un día voltearas y me verás ahí para hacerte felíz, pero no quiero darme ilusiones porque la caída es muy fuerte, tanto que no sé si me quedó algo de amor para volver a dar porque te dí todo lo que tenía. Pero como te dije, si ese era el tiempo que la vida me dió para poderte amar, lo agradezco, solo espero que en otra vida nos encontremos y pueda darte todo lo que mereces, porque definitivamente me duele saber que estás con alguien que no sabe que tiene oro en sus manos. Tal vez en otra vida S.
Te amo, te amo con toda el alma.















