Diego, el grotesco. PARTE I
Diego siempre estuvo atraído por la fotografía, la pintura y el cuerpo humano. Él creía que en su país no estaban preparados para su arte. Un pueblo tercermundista que de lo grotesco se espanta. Quizás no siempre fue así, recibía elogios de varias personas que si apreciaban sus fotografías un tanto retorcidas pero Diego solo quería una excusa para irse y terminar de descubrirse en otras fronteras.
Pensó en París, allá podía seguir sus estudios y conseguir alguna exposición en los tantas galerías disponibles en "la ciudad del amor..." pero pensó que no sería el único que estaría en aquella ciudad con esos propósitos, él quería marcar pauta, estar en boca de todos, pues, Diego siempre fue egocéntrico y a veces soberbio pero en el fondo era un mecanismo de defensa - Sabía que sus fotos eran muy subjetivas, que solo reflejaban su imaginación más intima y pervertida - Cuando las personas criticaban su obra él respondía: El arte no es para todos.
Sintió que Berlín era un buen lugar para él, le dijo a sus amigos con el sarcasmo que lo caracteriza...A los alemanes ya no hay nada que los pueda horrorizar.
Emprendió su viaje, se alojó en un apartamento Modesto comparado con el estatus del cual gozaba en su país de origen pero Soñado para cualquier inmigrante. Para este momento ya llevaba más de 50 fotos hechas. Siempre fotografiaba a las personas en la calle o cualquier lugar, le gustaba evidenciar a través de esas gráficas los típicos comportamientos humanos, solo que al final esas fotos se transformaban en “Montajes sádicos” en palabras de su madre.
La capital alemana fue un acierto. Como en muchos lugares de Europa su arte grotesco tuvo cabida. A este joven fotógrafo no le gustaba dejarle todo el crédito al “talento”, el quería sentir que había trabajado, que había moldeado sus conocimientos y que ese talento apenas era una fuerza impulsora, por eso tomó varios cursos relacionados con la iluminación, composición y retratos...hasta tomó clases de fotografía publicitaria con la idea de lucrarse e ir adquiriendo nuevos equipos y claro, complacer su estómago.
En poco tiempo Diego ya había conocido a varias personas. Pasaba sus momentos libres entre museos, casas de arte y algunos bares que frecuentaba la misma gente que veía también en esos museos y galerías. Siempre se propuso socializar con todas aquellas personas que según él, lo podían conectar con alguien que algún día le daría la oportunidad de triunfar. ¿Pero qué significaba “Triunfar” para Diego?. Tras sus estudios y esas conversaciones por conveniencia con personas influyentes había conseguido un empleo de fotógrafo para una revista local sobre personalidades importantes de la ciudad. Definitivamente esto no era suficiente.
Susanne, era el nombre de su próxima modelo, una cocinera de un restaurante que recién había alcanzado su quinta estrella y que la revista haría una reseña. El chico fue como todos los días, directo a hacer su trabajo, con ningún otro interés diferente al de sacar las fotos e irse, mientras, pensaba en cómo conseguir vísceras de cerdo para sus próximas fotos personales. En el momento en que pisó el suelo de aquel lugar empezó la verdadera historia de Diego, el grotesco.










