La flecha de la desilusión se clavo en mi corazón, la herida supuro y desde entonces de a poco me fui desprendiendo de amores falsos, de a temporadas fui dejando trozos de recuerdos en el pavimento, estación tras estación me fui deshaciendo de pedazos de mentiras, lágrimas, tristezas, dejándolas a orillas del camino.
Ya no volteó para atrás, si acaso, para recordar la experiencia aprendida, solo me veo en el horizonte y alas parece que tengo, me transportó con la inspiración y vuelo con la imaginación.
Hoy a pesar de la astilla que aún quedó, ya no me inmutó con el pequeño dolor que aqueja. Me concentro en seguir desprendiendo cada una de las cosas malas que me dejaron. Ya no dejo que nada de esto me defina; más bien busco que las flores de mi jardín sean para quien sepa admirar lo verde y lo abundante de mi fe para que crezca y germine. Quien sepa valorar esto, tiene un lugar privilegiado en mi vida.
Leregi Renga













