—Alice y Dorcas caminaban por un pasillo con tranquilidad. Al fin había salido de su habitación, y comenzaba a sentirse mejor. Ambas comían un poco de chocolate que habían sacado de la cocina, y platicaban mientras observaban la noche caer—. Gracias por sacarme... No lo podría haber hecho sola —comentó, levantando la mirada hacia su amiga—. En serio, yo... —No logró continuar, porque al instante el pasillo se llenó de gente corriendo y gritando, lo cual le asustó—. ¿Qué pasa? —Preguntó, observando a la gente correr y tomando la mano de Alice por instinto—.















