ROSAS
Para Mortimer, que me pasó la flor al son / de su geométrica frustración / con superficiales tensiones
"Stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus." Umberto Eco
La rosa, más que una flor, es un emblema poético, es bandera del jardinero y otro nombre de lo efímero bello (Ronsard, Allons voir si la rose / que se matin avait declose...), metáfora del amor con sus pétalos aterciopelados para el tacto, su fragancia para el olfato, ¡y con sus espinas para la frustración y el desamor!...
Así en Juan Ramón Jiménez:
LA ÚNICA ROSA Todas las rosas son la misma rosa, amor, la única rosa. Y todo queda contenido en ella, breve imajen del mundo, ¡amor!, la única rosa.
Rosa de otoño
Incluso congeladas, momificadas por los fríos del otoño, resultan hermosas. "Donde hubo, algo queda"...
Juan Ramón no duda de que el nombre de esta flor sea el exacto, el que el poeta busca, así lo deja dicho en Eternidades, en el poema titulado "El nombre de las cosas":
Intelijencia, dame / el nombre exacto de las cosas. / Que mi palabra sea / la cosa misma / creada por mi alma nuevamente. Por mí todos los mundos, / todos los siglos, / todos los espíritus, / son nuevamente míos, / con la gracia creadora / de mi divina lengua. Yo siento la raíz / de la palabra pura. / Yo siento que la rosa / vuelve intacta / de su olvido de nombre / a mi labio.
Todas las rosas, incluso aquellas sin espinas que busca el arte del jardinero y la ciencia del biotecnólogo, proceden de la humilde rosa canina, flor humilde, silvestre de cinco pétalos, cuyos frutos, llamados escaramujos o tapaculos (supongo que por sus servicios contra colitis y diarreas) son ricos en vitamina C (más aún que los cítricos), por lo que con ellos se elaboran mermeladas, bebidas, infusiones, salsas y licores.
Rosa canina y escaramujos
Tensiones florales
Pero las rosas también deslumbran al frío intelecto del matemático porque, durante años, la llamada Incompatibilidad de Gauss sirvió de paradigma para explicar la forma que adoptan, o sea cómo las plantas enfrentan la tensión entre el conato de su crecimiento y el medioambiente con sus inflexible ley de gravedad y sus cambiantes circunstancias meteorológicas. Así, cuando una hoja o un tejido vegetal crece más en unas zonas que en otras, se curva o se arruga para liberar esa tensión, como ocurre en los bordes de una lechuga o incluso en la carne de una zanahoria recién cortada. Pero, mire usted por donde..., ¡las rosas no siguen ese patrón! Son excepcionales, y no sólo por su belleza.
"Sublime frustración"
Un estudio reciente demuestra que los pétalos de la rosa no se explican por la Incompatibilidad de Gauss, sino que responden a un conjunto de ecuaciones más complejas: las de Mainardi-Codazzi-Peterson (cfr. la revista Science).
Rosa mística
Lo fascinante es que estas ecuaciones no solo explican cómo una superficie debe flexionarse suavemente para evitar rupturas, sino que, en el caso de las rosas, revelan un tipo de "frustración geométrica" hasta ahora inédito en la naturaleza.
El gran Goethe ya se dio cuenta de que la hoja es la forma primordial (arquetipo) de la planta, y que todas las demás partes (cáliz, corola, estambres, pistilos, etc.) son transformaciones o metamorfosis de la hoja. ¿Por qué no podría devenir el humán bestia, demonio, ángel...?
La belleza de los pétalos de las rosas, esos bordes puntiagudos emergen de un crecimiento inicial aparentemente simétrico, que no es fruto del azar ni de una mutación genética, son resultado de una tensión interna invisible que, sin modificar las proporciones básicas, fuerza la materia a adoptar formas inéditas. Es como si la flor, en su afán por ser bella, torciese las reglas matemáticas para lograrlo.
Este hallazgo reconfigura lo que sabíamos sobre morfogénesis vegetal y abre nuevas vías para la ingeniería de materiales, pues, si logramos imitar esta nueva incompatibilidad geométrica, podríamos diseñar estructuras que cambien de forma precisa sin necesidad de alterar sus dimensiones, algo con aplicaciones revolucionarias en robótica, medicina o arquitectura.
La araña cangrejo acecha entre pétalos escarlatas
Pero más allá de la utilidad técnica, este descubrimiento invita a una reflexión más profunda: la naturaleza no siempre se ajusta a nuestras explicaciones. Por muy avanzadas que sean nuestras ecuaciones, siempre puede aparecer una rosa para demostrarnos que la belleza, a veces, nace de romper las reglas. O, ¿no será acaso que las inventa?
Intimidades de la rosa
Nietzsche hubiera gozado con estas "revelaciones" matemáticas, tanto si son descubrimientos como si sólo son invenciones "humanas demasiado humanas" (meros e interesados antropomorfismos, como él pretendía), pues parecen no obstante confirmar la apuesta por un Demiurgo artista. Las rosas prestan testimonio veraz a favor del mundo como fenómeno estético. Dionisio y Apolo juegan una interminable partida de ajedrez, en la que todas las piezas se renuevan en una eterna Vuelta de lo Mismo.
La paradoja es que no hay en la eternidad instante que se repita, ni identidad que no sea imaginaria.
Rosas de pitiminí
"La rosa primigenia existe sólo en su nombre, sólo nos quedan nombres desnudos." (Umberto Eco, fin de El nombre de la rosa)
Es prueba de que sólo las formas puras sobreviven, no así los efímeros individuos que las encarnan.











