Recuerdos de Perú 4: Profesora Laura
Puente en el camino a la escuela
Siempre, en la vida y en los viajes, te encuentras con muy buena gente que está dispuesta a ayudarte en los momentos difíciles o en los que te sientes más solo. Gracias a Marco conseguí que me acepten como voluntaria en la escuela "Hermoza y Grande" de la comunidad nativa Ese Eja en un lugar llamado Infierno (por la cantidad de mosquitos que había cuando llegó este grupo étnico procedente de Bolivia hace ya muchísimos años).
Para llegar a la escuela tenía que recorrer 40 km de ida y vuelta por un polvoriento camino lleno de baches, puentes de madera, subidas y bajadas en el sillín de la moto de don Silverio, el director de la escuela, que me recogí cada día puntual a las 6:40 de la mañana.
En mi primer día pasé por cada salón (clase) para presentarme. Al principio se mostraban muy tímidos conmigo. Les costaba entender qué hacía yo en el culo del mundo, en su pequeña comunidad. Me preguntaron si tenía monos en casa, si conocía a Mesi personalmente, si en mi casa había mesas y si había venido como todos los turistas que se acercan por aquí: a tomar ayahuasca. Me contaron que al lado de la escuela había un señor que preparaba el brebaje, que, según los chamanes sirve para limpiar el cuerpo y para ver, por ejemplo, la persona que te ha robado. Los chicos empiezan jóvenes a tomar esta poderosa hierba que como me contaron no la ven como una droga sino como una medicina para limpiarse por dentro. Igualmente yo les conté que no, no vine a tomar ayahuasca, sino que simplemente viajo. No creo que lo entendieran.
La escuela lucha para conservar su lengua Ese Eja y una de las asignaturas consiste en aprender la lengua, que actualmente sólo hablan la gente. Con los chicos de 8 años ayudé a hacer letreros con palabras en el idioma Ese Eja. Una anciana de la comunidad estaba presente para ayudar a la profesora a pronunciar bien.Les expliqué que también hablo una lengua minoritaria y les he animado a aprender y a hablar el Ese Eja para que no muera. Les enseñé a decir Bon dia!
Los alumnos me llamaban Profesora Laura. Para los más pequeños era la ayudante de la profesora y para los mayores era la profesora de inglés y una puerta al exterior: me llenaban de preguntas sobre Barcelona, me preguntaban palabras en inglés... mientras yo aprendí palabras en su lengua, aprendí sus bailes y cultura ancestral (que se pierde poco a poco) y topé de lleno con problemáticas como el absentismo escolar, el alcoholismo adolescente, las violaciones intrafamiliares...
La profesora Laura
En el salón
Mis alumnos bailando la tangarana.










