Esfumate
Ya no sé cómo explicarte que te marches, que tu presencia no es bienvenida y que tu sombra solo daña a quien te mira.
Que tus recuerdos y costumbres él solo admira, pero tus malos andares lo marchitan.
Parece algo común encontrarte en las charlas, en los recuerdos y hasta en las sábanas blancas, pero realmente ya estoy cansada: quiero que te vayas.
No me parece que sigas danzando en su mente mientras ensucias sus zapatos con la cerilla del oído que dejaron tus patrañas.
¡Ya basta!
¡Cállate!
¡Aléjate!
¡Esfumate!
En sus sueños lo atormentas, y en su mente lo penetras.
¡Ya basta!
No te quiero en sus canciones, sus dibujos, sus relojes, sus retratos, sus conexiones y aficiones.
¡Ya basta!
Fuera de sus fantasías, de sus planes y agonías.
¡Ya basta!
Tu insensatez solo alimenta de malicia tu ego frágil y tu manto de niña desolada... Pero acá ya no tienes palco, ni teatro, ni público.
¡Esfumate!











