Los capítulos 6 y 7 son ordenanzas de Jehová hacia los sacerdotes con respecto a cómo ofrecerían cada uno de los tipos de holocaustos antes escritos, y delimitar la participación del sacerdocio en cada uno de ellos: los de holocausto (Cap. 1), los de ofrenda (Cap. 2), los de sacrificio expiatorio (Cap. 5), los de culpa (Cap.4) y los de paz (Cap.3).
Ley de los sacerdotes sobre el sacrificio por culpa (7. 1 – 10): La piel del animal se quedaría para los sacerdotes. Al igual que en el sacrifico expiatorio, la carne del sacrificio por culpa debía ser toda comida por el sacerdote. De ahí se dice que el “sacerdote se come los pecados del pueblo”.
Ley de los sacerdotes sobre la ofrenda de paz (7.11 – 18): Como dijimos, existen tres tipos de ofrenda de paz: 1. De acción de gracia (7.12); para recobrar la salud, por un viaje realizado sin accidente, etc., 2. Por voto (7.16), por ejemplo cuando la persona tenía miedo o estaba en peligro y 3. Voluntario (7.16). La carne de la ofrenda por acción de gracia debía ser comida en el mismo día por el oferente, pero la de voto o voluntario tenía plazo hasta dos días
Nadie podía ofrecer sacrificios a Dios estando inmundo (7. 19 – 27). Nadie puede tener comunión con Dios en esas condiciones. Es importante enfatizar que nosotros compartimos la mesa con Dios (1ª Corintios 10.21, 1ª Juan 1.5,6). Es imposible participar de la mesa de Dios si persistimos en la inmundicia y en las tinieblas y es sumamente peligroso intentarlo. Levítico cumple su objetivo: mostrarnos el camino correcto para presentarnos ante Dios. El pueblo debía saber cómo acercarse a Jehová y en que condiciones debían estarlo.
Este capítulo trata el asunto de la impureza de la mujer que daba a luz un hijo o hija. Esto no significa que Dios condena el procrear, ya que fue totalmente lo contrario desde el comienzo de la humanidad (Génesis 3.16). Traer un hijo al mundo es una bendición, por lo que debe ser tomada como tal. Ahora bien, este capítulo hace una clara relación entre la sanidad física de la mujer después del parto con su estado espiritual. Como hemos visto, uno debe ofrecerse como sacrificio vivo a Dios (Romanos 12.1, 2) y esto era claro en la antigüedad. Tanto nuestro cuerpo como nuestra alma debe estar limpia y dedicada a Dios.
Dando una explicación médica que podría dar un explicación a este tema (sin apartarnos de lo bíblico), es que la mujer, luego de dar a luz, se demora 40 días en volver a su estado hormonal original y estabilizarse. Sus órganos femeninos, como por ejemplo el útero, tienen que volver a su lugar en el cuerpo de la mujer después del parto. Ahora bien, si al nacer era hombre o mujer, los días de la purificación variaban (la mujer que daba a luz un hombre era menos tiempo que si fuese una mujer). Dios sabe el motivo de esta ley.
Los médicos aconsejan que la mujer, durante esos días de cuarentena, se abstenga de relaciones sexuales, para que sus órganos, que quedaron fuera de lugar después del parto, vuelvan a su estado original. La mujer en la antigüedad era considerada “inmunda” después del parto, en donde Jehová la cuidaba para que ningún hombre se le acercase a ella. Jehová cuida a su pueblo. Esta puede ser una explicación posible respecto al tema, y creo que es la mas lógica y razonable, ya que no se aparta de posible objetivo bíblico. Jehová es un médico, que conoce el cuerpo de Su creación: el hombre.