Eudoxo de Cnidus: El Pionero de la Astronomía y la Geometría

seen from Netherlands

seen from United States
seen from Singapore

seen from United States

seen from Japan

seen from Spain
seen from United States

seen from Pakistan

seen from Germany
seen from Malaysia
seen from China
seen from United Kingdom

seen from United States
seen from China

seen from United States
seen from Germany
seen from China
seen from Singapore

seen from China

seen from United Kingdom
Eudoxo de Cnidus: El Pionero de la Astronomía y la Geometría
El primer estudio sobre las fuentes egipcias de la cronología de la Atlántida de Platón
El primer estudio sobre las fuentes egipcias de la cronología de la Atlántida de Platón en relación con las referencias de Eudoxo, Plutarco, Plinio, Censorino y Panodoro, entre otros. La verdadera antigüedad de la Atlántida a la luz de las fuentes primarias grecolatinas y egipcias. Separata del Tomo I del primer volúmen de ATLANTIS <> TARTESSOS. AEGYPTIUS CODEX. Epítome de la Atlántida Histórico-Científica, de Georgeos Díaz-Montexano, 2012.
ISBN-10: 1481027468
ISBN-13: 978-1481027465
fuente: http://www.historiayarqueologia.com/
La tradición exegética de la Atlántida de Platón entre los miembros de la Academia
LA PRIMERA ACADEMIA
Eudoxo de Cnido
(ca 390 – 337 A.C.)
¿9000 años solares o 9000 años de meses lunares contados como años?
Eudoxo (EUDOXOS), astrólogo, geómetra, médico, y legislador, natural del Cnido. Fue uno de los más celebrados sabios y científicos de la antigüedad; discípulo de Arkhyta en Geometría, de Filistión Siciliano, en materia de Medicina, y de Platón en Filosofía. El Faraón Nectanabis lo recomendó a los sacerdotes (399-398 A.C.). Al cabo de un año y cuatro meses de preparación con los sacerdotes egipcios, fue iniciado en los misterios y tuvo entonces que afeitarse hasta las cejas, y según Estrabón, llegaría a convivir entre ellos durante unos trece años. Se dice que Eudoxo tuvo como primer maestro a un sacerdote de Heliópolis, Ikhonufis. En Egipto escribió un libro de matemáticas sobre los ciclos del número sagrado 8 (OKTAETHRIDA). Al regresar de Egipto a su patria fue recibido con sumo honor y fue bastante celebrado por su sabiduría en la mayoría de las ciudades griegas. Escribió tratados de Geometría, Matemática, Astronomía, Cosmogénesis, Mitología, Medicina y Leyes, tradujo obras del egipcio al griego y también compuso diálogos cínicos. Por la celebridad de su nombre, en vez de Eudoxo, solían llamarlo Endoxôn[i] (el Célebre, Famoso, o Glorioso).
Eudoxo, el más célebre matemático, geómetra y astrónomo de la Grecia Clásica, colega de Platón y al parecer discípulo u oyente suyo, afirmaba que los egipcios (al menos los de aquellos tiempos) contaban meses lunares como el ciclo de un año (ENIAUTON)[ii], es decir, que los 8000 años ofrecidos en el Timeo[iii] para la fundación de Sais y los 9000 para la ciudad de Atenas[iv], en realidad serían 8000 y 9000 ciclos de cierta cantidad de meses contados como años, respectivamente. Dicha cita nos ha llegado a través del mayor exegeta de Platón, Proclo, escolarca de la tercera Academia, quien floreció hacia el final de la Antigüedad tardía. Así, tratando de las antigüedades de los egipcios en su comentario al Timeo de Platón, expone Proclo lo siguiente:
“…Y si lo que dice Eudoxo es cierto, que los Egipcios a lo mensual (o dos lunas)[v] llaman año, no será entonces -la enumeración de estos muchos años- nada sorprendente…”[vi]
El testimonio de Eudoxo no debería ser despreciado a la ligera, pues, además de ser el más célebre matemático, geómetra y astrónomo (o sea, un experto en cálculos del tiempo y calendarios) de la Grecia Clásica de los tiempos de Platón, había sido también discípulo de Sócrates y contertuliano y oyente de Platón mismo; por consiguiente, estamos ante una fuente de primerísima mano, más fiable que cualquier interpretación o elucubración de los tiempos modernos. Eudoxo, además, fue iniciado en los misterios egipcios, y la noticia de que estando con los egipcios se afeitó las barbas y hasta las cejas -según costumbre de algunas castas de sacerdotes egipcios- da fe de dicha iniciación y la convivencia entre ellos, la cual -según Estrabón- duró unos trece años. En este sentido, en toda la Grecia Clásica de los tiempos de Platón no había mayor autoridad -en cuestiones de ciencias egipcias- que el mismo Eudoxo. Así pues, según este dato atribuido a Eudoxo, podemos colegir que los sacerdotes en realidad hablaron a Solón de 8000 ciclos de uno o dos meses lunares contados como si fuera un año (ENIAUTON) para la fundación de Sais y de 9000 de estos mismos ciclos para la fundación de Atenas. Solón, sencillamente respetaría las frases tal cual, de manera literal, o sea, 8000 años (egipcios obviamente), por ejemplo, pero en realidad los cálculos nunca excederían a unos 3000 años de doce meses, antes de Solón, suponiendo el valor más alto registrado en las fuentes para la duración de tales años egipcios de uno, dos o más meses contados como un año, que según Plutarco era de cuatro meses[vii], pero considerando la cifra media ofrecida por Censorino, dos meses de duración para cada año egipcio lunar[viii], entonces los 9000 años egipcios coincidirían -con bastante aproximación- con la época de la guerra entre Atlantes y Atenienses y los principales sucesos acontecidos en dicha historia, que justamente tuvieron su fin en los tiempos de la Dinastía Cecropidae y antes de la catástrofe del Deucalión. En cualquier caso, siempre antes de los tiempos de Teseo, tal y como se afirma en el Critias 110a-b, evidencia esta última que había pasado prácticamente inadvertida. Esta referencia de Eudoxo es sin duda alguna una evidencia muy poderosa, porque -insistimos- proviene de una fuente bastante fiable, no solo por su prestigio como científico, matemático y astrónomo, que de cálculos cronológicos debió saber mucho (en especial de las cronologías de los egipcios y griegos, y sus respectivas sincronizaciones) sino porque, además, fue discípulo de Sócrates y colega y contertuliano, además de oyente o escuchante del mismo Platón; por consiguiente, estamos ante la fuente antigua conocida más directa y más próxima -en el tiempo y en el espacio- a Platón, y que, increíblemente (o concientemente) ha sido pasada por alto por la inmensa mayoría de los estudiosos de la Atlántida de Platón de los tiempos modernos, tanto los que se han mostrado a favor de su historicidad como los de la parte contraria.
También Julio Africano hace alusión a esta cuestión, pero sin mencionar directamente a Eudoxo. De hecho, las fuentes de Africano parecen ser otros textos egipcios[ix]; en cualquier caso, una confirmación de lo ya expuesto casi medio milenio antes por el sabio astrónomo y matemático griego Eudoxo. La referencia de Africano es una evidencia más de como entre los mismos astrólogos o sacerdotes egipcios existía un sistema de contabilizar un año mediante períodos o ciclos de un número de meses determinados, bien haya sido mensual o cada dos meses, tal y como ya había afirmado Eudoxo antes, lo que reduce entonces los 8000 y 9000 años egipcios de la narración de la Atlántida a una época, que -desde el punto de vista arqueológico- coincide con la misma en la que se produjo la aún misteriosa desaparición -casi repentina- de la civilización Minoica y también la Micénica y comenzó entonces la llamada “Dark Age” de la antigua Grecia[x]. Tales tiempos coinciden también con los de la invasión de los Hicso-Minoicos (Aliados de los Atlánticos Íbero-Líbicos)[xi], y sabemos por Manetón que fue el primer rey de estos Hicsos, Saites (Salitis en otras versiones) el que fundó el Nomo del mismo nombre, cuya capital era -precisamente- la ciudad de Sais[xii]. Por lo tanto, esta manera de los egipcios de contar un año por la suma de ciclos de dos a cuatros lunas o meses lunares, hace que –en el caso de años de dos meses lunares- los 8000 años que se hallaban en sus escrituras sagradas, según sus ordenamientos, regulaciones, sistematizaciones (cálculos) o arreglos[xiii] como la cantidad de años registrados desde la fundación de Sais, se aproximen bastante a la época del origen de la provincia o Nomo de Sais, que tal y como nos trasmiten las fuentes sobre Manetón, sucedió en los tiempos de los Hicsos, aunque la egiptología nos diga de manera totalmente arbitraria, sin ningún verdadero fundamento epigráfico consistente[xiv], que tanto Sais como su templo a la diosa Neith fueron fundados en los tiempos predinásticos cuando reinaba Aha. Así pues, 8000 años egipcios, según las regulaciones de los sacerdotes de Sais, de dos meses lunares siderales o trópicos[xv] –por ejemplo- y descontándose desde el momento de la conversación, o sea, desde aproximadamente el 590 al 580 A.C., que es cuando se estima la visita de Solón a Sais, ofrece la fecha del año 1757 A.C. o bien de 1752 A.C., si hubieran sido dos meses lunares draconíticos[xvi], mientras que el inicio del primer reinado de los Hicsos, el de Saites o Salitis, se ubica (por consenso) aproximadamente sobre el 1640/30 A.C.. Como se puede apreciar, una diferencia de poco más de un siglo, que no es nada alarmante cuando tenemos en cuenta el relativismo y la confusión existente entre las diversas fuentes. Con estos mismos sistemas propios de ordenamientos, de arreglos, de regulaciones, de sistematizaciones o cálculos (διακοσμήσεως) de los sacerdotes de Sais, los 9000 años transcurridos desde la fundación de Atenas hasta la visita de Solón a Sais, se traducirían entonces en que esta sería fundada en el año 1907 o 1901 A.C. Por supuesto que dependiendo siempre del tipo y cantidad de meses lunares que realmente conformarían este tipo de año egipcio, según tales ordenamientos, arreglos, regulaciones, sistematizaciones o cálculos de los sacerdotes de Sais, las fechas variarían sensiblemente, pero en cualquier caso, aún con la mayor de las opciones, cuatro meses lunares contados como un año, arrojarían el 2955 A.C. como fecha más remota para la fundación de Sais y el 3254 A.C. para la fundación de la primitiva Atenas. O sea, que ante cualquiera de las posibilidades, la historia de la Atlántida queda ya enmarcada dentro de lo posible, desde el punto de vista de las cronologías histórico-arqueológicas aceptadas académicamente para los inicios de la una civilización humana sedentaria y organizada en torno a una ciudad. Siendo así que, el tan usado contra-argumento sobre la imposibilidad de que existieran tales civilizaciones en fechas tan remotas como el 9000 antes de Solón, es decir, hace unos 11.572 años, pierde ya toda su pretendida fuerza y sentido.
Pero respecto al sistema que ciertos cleros egipcios usaron de contar meses lunares como si fueran años, Eudoxo ni Africano fueron los únicos, hallamos también otras confirmaciones de este alternativo sistema cronológico lunar que fue usado, al menos entre determinados sacerdotes de Sais y otros lugares del Bajo Egipto, en referencias de otros célebres y bien ponderados autores como Plinio, quien en su libro VII (Plin. VII 155) nos informa de que el año egipcio era mensual (otros -determinaban un año- por cada disminución –o menguado- de la luna, como los egipcios; y por eso entre ellos se dice haber vivido algunos mil años),[xvii] Varrón que sostiene lo mismo (Así es, por ejemplo, entre los egipcios, que tienen a los meses por años),[xviii] Plutarco (Los egipcios tenían al principio un año que consistía en un mes, y después de cuatro, según dicen ... Ellos calculan un número infinito de años en sus cuentas, porque ellos cuentan sus meses como años),[xix] Diodoro Sículo[xx], el lexicógrafo Suidas,[xxi] y Solo Censorino,[xxii] quien a diferencia de Plutarco sostenía que el más antiguo año de los egipcios había sido un bimestre. Es importante señalar que ninguno de los citados autores menciona a Eudoxo como fuente, por lo tanto sus fuentes serían otras y por supuesto egipcias, al menos para Plutarco y Diodoro Sículo. Aunque más tardía no por ello debe ser despreciada la afirmación de Panodoro, un monje egipcio que vivió entre los siglos IV y V, de que los egipcios (probablemente refiriéndose únicamente a los sacerdotes) contaban el curso de los años, ὅροι (de ὧροι ‘año’), por el transcurso de tres meses lunares.[xxiii]
Con tales referencias, poca duda puede haber de que al menos durante una época o solamente en algunas ciudades del Bajo Egipto, especialmente en Sais, los sacerdotes egipcios contaban el tiempo por ciclos de meses lunares que eran tomados como si fueran un año. La mayoría de estas referencias cuenta con una fides auctoritas que no puede ser ignorada; al menos no en los casos de Eudoxo y Plutarco, quienes convivieron largo tiempo con los sacerdotes egipcios, y ello les convierte en testigos de primera mano de los conocimientos egipcios. Es muy probable que mientras a nivel escriptural y monumental, “oficial”, o sea, en las inscripciones jeroglíficas, se usara un sistema cronológico solar, en las conversaciones personales, literatura docente o filosófica, y seguramente también religiosa, especialmente dentro del ambiente clerical de algunos templos, quizás la costumbre fuera contar meses como años. Aunque también es muy probable que se tratara de una costumbre más bien local, quizás exclusiva de Sais, que fue la ciudad que más contacto mantuvo con la Grecia Clásica y de la que lamentablemente apenas se conocen unos pocos cimientos de el posible templo de Neith y poco más, todo muy arruinado, y muy escasos restos de objetos escritos en jeroglíficos, por lo que no podemos saber exactamente que tipos de calendarios llegaron a usar, además del solar. Sea como fuere, y aunque la egiptología no ha hallado aún pruebas convincentes de cómo funcionaba exactamente este sistema cronológico lunar (y es nuestro deber decirlo), sí que ha confirmado (o sea, es aceptado) que los egipcios usaban los dos sistemas, el lunar y el solar. De hecho, oficialmente no fue hasta el año 238 A.C. cuando se reunieron en Canopus, en el templo de los dioses Evergetas, los altos sacerdotes, hierográmatas (gramáticos o escribas sagrados), para reformar el calendario y oficializar el calendario solar de 365 días, y 6 horas adicionales, más un día más que se añadiría cada cuatro años, justamente para unificar todo Egipto con un único calendario solar de 365 días, puesto que el calendario lunar (o sea, el sistema de contar meses por años) seguía aún conviviendo en muchas ciudades junto al sistema de años de doce meses. R. A. Parker, en 1950, en su célebre obra “The Calendars of Ancient Egypt”, demostró cómo en Egipto convivía al menos tres sistemas calendáricos: uno civil, otro de tipo lunar natural y otro también lunar, pero de connotación religiosa, y es muy probable que esta sea el referenciado por las fuentes clásicas que consistía en “meses lunares (de dos a cuatro) contados como un año”, puesto que todas las fuentes egipcias de los autores clásicos provenían –precisamente- de sacerdotes. Al parecer, mientras un sistema lunar era el preferido por los sacerdotes (al menos en Sais), el sistema solar era el oficialmente usado para las cuestiones civiles, reales y estatales.
Pero hagamos un poco de historia. Como es sabido, en la época en que Solón visita Egipto (alrededor del 590-580 A.C.), el faraón que reinaba era Amasis o Amosis II, pues curiosamente, él, su hijo y un rey anterior (probablemente un ancestro), Amosis I, son los únicos Faraones de todo el Antiguo Egipto -especialmente del linaje Saítico- que introdujeron en su nombre real el jeroglífico de la luna (el N12), jH, seguido del jeroglífico de la palabra ms (el F31), ‘crear’, ‘dar a luz’, ‘concebir’, ‘producir.’ Así pues, Amosis aparece escrito en egipcio como jH-ms (Ihmes, o Ahmes, con h fuertemente aspirada), “La Luna le ha dado a luz, le ha concebido o creado”, o bien “El Nacido de la Luna”. Esta evidencia podría explicar el que los egipcios -en los tiempos en que Solón visitó Sais- contaran el año como la suma de dos o más meses lunares. Con toda probabilidad, Amosis, “El Nacido de la Luna”, impuso esta costumbre, debido a sus propias creencias religiosas; si él se consideraba a si mismo como un “Hijo o Descendiente de la Luna”, es perfectamente lógico -y hasta coherente- que él dictara algunos cambios importantes en su reino -de acuerdo a sus creencias- como podría ser, en este caso, optar por usar –preferentemente- el sistema de contar el tiempo por ciclos de meses lunares entendidos como años, y no por ciclos solares de doce meses como seguramente hacían la mayoría de las otras ciudades del Antiguo Egipto. Esto no es nada descabellado ni tampoco nuevo en la historia del Antiguo Egipto; sabemos que algunos reyes introdujeron cambios particulares en las costumbres -siempre según sus creencias- durante el tiempo en que reinaron. Antes de Amosis II, el único faraón que tenía el jeroglífico de la Luna en su nombre fue Amosis I (Nebpehtyra-Ahmose), justamente el Faraón que oficialmente libera a Egipto de los Hicsos y comienza las labores de restauración, en la misma época en que según el Critias 110a-b se produjo el final de la guerra de Atenas contra Atlantis, o sea, cuando reinaba la Dinastía de los Cecrópidas, en los tiempos próximos al Deucalión. No parece una simple casualidad que justamente otro faraón después, Amosis II, decida incluir la Luna como símbolo sagrado dentro de uno de los cartuchos de sus nombres reales, justamente en la misma época en que Solón visita Sais. De alguna manera Amosis II estaría reivindicando o rememorando, la gran hazaña de su antecesor Amosis I cuando este expulsó a los invasores Hicso-Minoicos, quienes perfectamente podrían ser miembros de una misma confederación con los pueblos Atlánticos del Bronce, lo cual creemos bastante más que probable.
Otra evidencia interesante que nos permite concluir que, en efecto, los egipcios también contaban el año por la suma de dos o más meses lunares la hallamos en Diógenes Laercio, quien al referirse a las cronologías de los egipcios dice lo siguiente:
“…Pero desde el mismo (Hefesto) hasta Alejandro el Macedonio, pasaron cuarenta miríadas y ocho mil ochocientos sesenta y tres años; en que ocurrieron trescientos setenta y tres eclipses de sol…”[xxiv]
Sabemos que los eclipses solares se suceden cada 18 años, por consiguiente, 373 eclipses de Sol suman 6714 años solares de 365 días, si calculamos los 48863 años como si fueran años egipcios de dos meses lunares sinódicos (periodo de tiempo que transcurre entre dos mismas fases consecutivas de la Luna) de unos 29,53 días cada uno, obtenemos unos 7906 años, apenas hay una diferencia de 1192 años, teniendo en cuenta que el margen de error -en comparación con los dos meses señalado por Censorino- no es muy significativo (dentro de un lapso de miles de años), y si fueron meses lunares siderales o trópicos obtendríamos unos 7314 años, y 7285 años si hubieran sido meses lunares dracónicos, o sea, tan solo una diferencia de unos 571 años. Por consiguiente, podemos estimar que el año lunar egipcio de Laercio es muy probablemente el mismo señalado por Censorino, o sea, de 2 meses, que muy probablemente serían meses lunares siderales o trópicos o tal vez dracónicos de 27,21 días cada uno, es decir, un año de 54.4244416 días (dos meses lunares dracónicos). Hemos visto como algunas referencias apuntaban a que los egipcios contaban un mes común como si fuera un año, y otras referencias hablan de años compuestos por dos meses. Lo anterior podría demostrar que muy probablemente el sistema de cálculo mediante años lunares compuestos por varios ciclos de uno o varios meses, debió variar bien en el tiempo o bien por ciudades. Pero esto ya es difícil saberlo.
A pesar de todo, no debemos olvidar que contamos con referencias muy autorizadas -de primera mano- sobre la manera en que los sacerdotes egipcios contaban cierta cantidad de meses lunares como si fuera un año, y hemos visto como las diferencias oscilan desde contar un simple mes (o dos) como un año, hasta cuatro. Cuando aplicamos este mismo método a las referencias de Platón sobre la antigüedad de Atenas y Sais, comparadas con las fechas de la tradición clásica para la Dinastía de los Cecrópidas y el cataclismo del Deucalión, obtenemos un año egipcio que oscila entre un sólo mes lunar (como al parecer refiere Eudoxo) y el de dos meses lunares como el señalado por Censorino y bastante próximo al año egipcio referenciado por Laercio. Al comparar las distintas referencias existentes sobre los ciclos de meses lunares contados como años por los egipcios con las datos que ofrece Platón sobre la fundación de Sais y Atenas, y acerca de la época de la guerra entre Atlantes y Atenienses, comprobamos como el sistema de cronología usado por los sacerdotes que hablaron con Solón ocupa una posición casi intermedia entre los años compuestos por dos meses lunares -cada uno- como el relatado por Censorino y el de un sólo un mes, según Eudoxo, Plinio, Varrón, Plutarco y Diodoro.
En fin, que si aceptamos la afirmación de Censorino (y quizá también de Eudoxo) de que los egipcios en realidad contaban dos meses como si fuera un año (eniauton), obtenemos una cronología de la historia de Atlantis más acorde o próxima a los tiempos en los cuales, según las tradiciones clásicas, vivieron los reyes de la Dinastía Cecropidae, fue fundada Atenas y aconteció la catástrofe del Deucalión; todo ello mencionado por Platón en los diálogos Timeo y Critias, y que a la vez se corresponde con los mismos tiempos en que los Hicso-Minoicos invaden Egipto y según las fuentes sobre Manetón, su rey Saites (Salitis) funda el Nomo o provincia Saita, cuya capital era justamente Sais.
Tabla comparativa de “un ciclo o período de un año” (eniauton) o “un año” (ὅροι) de los egipcios aplicados a los 9000 y 8000 años indicados en el Timeo y el Critias. AS = Años antes de Solón (Antes del 590/80 A.C. como fecha más aproximada). Valor medio de los meses lunares Siderales, Trópicos y Dracónicos: 27,26 días solares medios. Valor del mes Sinódico: 29,53 días solares medios.
[No he conseguido que se vea correctamente la tabla comparativa. Pero puede consultarse en la página 21 de mi libro sobre Eudoxo y las fuentes egipcias de la historia de la Atlántida de Platon]
Otra referencia interesante es la que alude a unos escritos que se atribuyen a Jenofonte, otro discípulo de Sócrates y por tanto contemporáneo de Eudoxo y Platón. Se dice en tal obra, De equivocis Temporum -que algunos tienen por dudosa o no escrita por Jenofonte[xxv]- que los años de los íberos eran de cuatro meses, o sea, igual que entre los egipcios, al menos durante una época –imprecisa- según nos trasmitió Plutarco. En la misma obra se dice que los años de los egipcios eran de dos meses, de tres y hasta de cuatro. De sobra estaría remarcar la fides atque auctoritas de Jenofonte, tenido como reputado historiador y un muy digno hombre en todos los sentidos. Su honestidad intelectual fue tal, que pudiendo decidir no publicar nunca los escritos históricos de Tucídides, y apropiarse de los mismos y plagiarlos, al conservar los únicos manuscritos que existían del mismo, decidió publicarlos, siendo así, gracias a este acto tan digno y ético que hoy conocemos las historias de Tucídides.
Se atribuye también a este mismo reputado autor, Jenofonte, una descripción de los cinco grandes cataclismos de inundaciones y diluvios de la antigüedad, entre estos, el mismo que se describe en el Timeo y el Critias, el tercer cataclismo que fue seguido del acontecido en tiempos de Deucalión, el cuarto como acredita el mismo Jenofonte, entre otros. Este asunto se trata en la misma citada obra, De equivocis Temporum, donde se lee que el tercer cataclismo aconteció mil años antes de la fundación de Roma, o sea, en algún momento entre el 1758 y el 1728 A.C.[xxvi] Siendo así que ese tercer cataclismo, el mismo que en el Critias se menciona como el tercero (que aconteció igualmente antes del diluvio del Deucalión) y que arrasó con la primigenia Atenas heládica, era datado –al parecer por Jenofonte- entre el 1758 y el 1728 A.C., o sea, en pleno Heládico Medio y Minoico medio I-IIIA (Protopalacial), apenas un siglo antes de la presencia de los Hicso-Minoicos en Egipto. Sin comparamos este dato atribuido a una obra de Jeonfonte con la referencia del Critias sobre este mismo tercer cataclismo, anterior al Deucalión, y el hecho de que ya la primitiva Atenas existía cuando este sucedió (dejando en una sola noche a la acrópolis arruinada y pelada, casi sin sedimentos, en roca viva), obviamente debemos deducir que la fundación de esta primigenia Atenas sucedió algo antes. Los atenienses del linaje de los Cecrópidas, que son los fundadores de la misma ciudad, o sea, el primer linaje, ya habían derrotado a la armada Atlante cuando este tercer cataclismo les afectó; por lo tanto, tanto la fundación de la ciudad como la guerra y derrota de los Atlantes debería ser ubicada en una fecha algo anterior al 1758/28 A.C. con lo cual llegamos a que de todas las posibles maneras de contar meses por años que realmente habrían usado los sacerdotes egipcios de Sais, la que refiere Censorino, por ciclos de dos meses lunares contados como un año, donde la fundación de Atenas (9000 años egipcios antes de Solón) habría sucedido en el 1934/24 A.C. (contándose por meses lunares Siderales, Trópicos o Dracónicos), es quizá la que más sentido cobra. Y después de esta, la que refiere Panodoro de ciclos de tres meses lunares contados como un año, donde la fundación de Atenas (9000 años egipcios antes de Solón) habría sucedido en el 2606/596 A.C. Sin descartar, por último, el sistema que nos ofrece Plutarco, compuesto por ciclos de cuatro meses lunares contados como un año, donde la fundación de Atenas (9000 años egipcios antes de Solón) habría entonces sucedido en el 3278/68 A.C.
Por otra parte, quizá la mayor evidencia de que los sacerdotes en algunos templos se regían por algún calendario lunar diferente al civil o solar de doce meses, presente en la mayoría de los textos conservados, lo hallamos en que la misma raíz jbd (ibed/abed) y Abd (abed) 'luna' (Wb 1, 65, 13) que dio origen a la voz Abd 'mes' (mes lunar), pasó a designar términos como 'monasterio' (cop. abot) y coenobium (claustro, convento), monasterium y Laura monachorum (cop. abht). La misma voz, Abd, la vemos como denominación del “sacerdote que sirve para el mes lunar”[xxvii], también la hallamos en otra denominación de sacerdote, el jm.j-Abd=f, “uno que está dentro de su mes (dentro del servicio mensual lunar)” y que a veces se traduce simplemente como un sacerdote[xxviii]. Otro título de sacerdote con la misma raíz Abd es el Hm-kA-jm.j-Abd, “El sirviente (sacerdote) del Ka dentro del Mes lunar”, un tipo de sacerdote vinculado con funciones funerarias[xxix], y finalmente también tenemos el sacerdote que es denominado como xtm.w-jm.j-Abd, “El Sellador, que está dentro del Mes lunar” (dentro del servicio mensual lunar), otro tipo de sacerdote cuya función era la de sellar determinados ritos o actos sagrados[xxx]. Y algo muy interesante: un templo dedicado al dios Schu (Sw), el equivalente egipcio del griego Atlas, también era conocido con la misma palabra, Abd, “mes lunar” al que se le añadía el jeroglífico del sol (Sw) y el de una trampa o red de pesca, lo que claramente evidencia una misteriosa relación entre un culto al “mes lunar,” el dios Schu/Atlas y determinada actividad relacionada con la captura de peces o aves.
Pero tenemos más pruebas de este tipo, por ejemplo, una forma alternativa para denominar al año era, ab-njA.w, literalmente: “El Cuerno del Ibex”[xxxi]. La voz ab, 'cuerno', la vemos también en otro título de sacerdote: ab, purificador, que también se traduce a veces sólo como una forma alternativa para sacerdote. Es fácil apreciar cómo esta presenta una radical en ab- que vemos en la voz egipcia Ab-d (cop. abo-t y abh-t), 'mes lunar', y es que para los egipcios debió existir cierta relación entre ambas voces no solo fonética sino también semiótica, obviamente por la evidente similitud entre un 'cuerno' y un “cuarto creciente o menguante lunar”. De hecho, para denominar al “medio mes lunar” (smd.t) unas veces se representaba con la mitad de un cuarto lunar sobre una estrella de cinco puntas y en otras ocasiones con un cuerno sustituyendo al cuarto lunar. Y aquí tenemos otra importantísima pista sobre la relación entre el mes lunar, mejor dicho, entre dos meses lunares como un ciclo o período que se cuenta como un año, pues si ya hemos visto que un cuerno es semejante a un cuarto creciente lunar y que, además, ambas voces presentan una similitud fonética, Ab-d, 'luna', 'mes' (mes lunar) y ab 'cuerno', pues resulta que justamente “dos cuernos” representados separados, uno seguido (o encima) del otro, que se leerían como ab-wy o como ab-ab, se usaban para indicar el ciclo o período de una “regulación del curso de un año”[xxxii]. Por tanto, dos lunas = un año. Recordemos como los sacerdotes le dicen a Solón (Tim. 23e), según nuestros διακοσμήσεως (ordenamientos o regulaciones). Así pues, esta voz abwy o ab-ab, representada por “dos cuernos” como símbolos de “dos meses lunares”, bien pudo ser la misma a la que Eudoxo se refería con la voz griega μῆνα, que como sabemos lo mismo podía ser traducida como el acusativo para mes, o sea, un mes que como el dual de luna, es decir, dos lunas y por tanto, “dos meses lunares”. Por consiguiente, hallamos aquí un más que probable testimonio epigráfico y lexicológico egipcio que podría corroborar la referencia sobre Eudoxo de que (al menos los sacerdotes de Sais) llamarían al mes (μῆνα) o bien al ciclo de dos lunas o “dos meses lunares” (μῆνα) un ἐνιαυτόν, o sea, un “período o ciclo que dura un año”, refiriéndose quizá al término egipcio abwy o ab-ab que como hemos visto, designaba, justamente, a la regularidad en conexión con el curso de un año, o sea, a la “regulación del curso de un año,” tal y como se acepta en los autorizados lexicones y libros de textos especializados en materia de lengua egipcia antigua.
¿Otra vez, simples coincidencias? Vaya, pero qué extraño que las coincidencias no se den con voces que presentan la radical ra o Sw, o sea, las dos formas que llevan el jeroglífico del disco del sol y que eran usadas para denominar al sol. Los egipcios usaban para denominar al mes un jeroglífico de la luna en cuarto creciente o menguante, y esto no debe sorprendernos, especialmente cuando sabemos que en la mayoría de las culturas ha existido una relación bastante directa entre la palabra usada para denominar al mes y la luna, tal y como constatamos en el egipcio, porque, sencillamente, contar el tiempo a través de las fases lunares, fue el más antiguo sistema de observar y calcular el paso del tiempo, siendo así que el hombre aprendió -en casi todos los rincones de la tierra- a medir el tiempo primero por ciclos de lunas o meses lunares antes que por ciclos solares de doce meses. En este sentido, resulta más que lógico que, al menos en determinados monasterios y templos, los sacerdotes mantuvieran el uso de un primitivo calendario lunar donde el tiempo se medía por lunaciones o meses lunares, donde ciclos de meses lunares, ya fueran de un solo mes, de dos meses o hasta de cuatro meses (según las fuentes clásicas), bien pudieron ser contados como ciclos o períodos de un año (ἐνιαυτόν), es decir, como una “regulación” o “ciclo de duración de un año”.
Estas evidencias paleográficas de fuentes egipcias demuestran claramente un antiguo culto al “mes lunar” y su uso como sistema para medir el paso del tiempo, como mínimo entre determinadas castas sacerdotales del Bajo Egipto o el Delta, incluso quizá sólo de Sais, y ello explicaría el porqué de la referencia de Eudoxo de que al mes (o a dos lunas), μῆνα, llamaban ἐνιαυτόν (período o ciclo que dura un año). Eudoxo convivió un tiempo (Según Estrabón 13 meses) entre los sacerdotes egipcios en alguno de sus monasterios, claustros o conventos (copt. abot, abht; egi. Abd), pues se dice que él fue iniciado en misterios egipcios y que por ello se llegó a rapar la barba, la cabeza y hasta las cejas, obviamente para poder vivir en los templos, tal y como sería obligatorio para quienes tomaban los hábitos como sacerdotes o monjes.[xxxiii] Insistimos en la importancia de un testimonio que se atribuye a Eudoxo, pues recordamos que se trata de un sabio contemporáneo de Platón, que, además, fue nada menos que recomendado a los sacerdotes egipcios por el mismísimo Faraón Nectanebo II.[xxxiv] Así pues, Eudoxo no es un cualquiera ni un simple visitante ocasional, poco más que un turista indagador como -por ejemplo- fue Heródoto. Eudoxo fue durante un tiempo un sacerdote más viviendo entre los egipcios y por tanto una fuente de primerísima mano, nos cuadre o no su declaración, nos guste o no, esto es lo que nos trasmite Proclo al respecto, y si bien no hemos tenido la suerte de que se haya conservado ni una sola copia íntegra de las obras de Eudoxo, no existe ninguna razón de peso suficiente para dudar de que Proclo no haya tenido realmente a la vista copias de sus escritos, ni tampoco de que le haya citado mal, pues las demás citas y referencias que Proclo hace de otros autores de los que afortunadamente sí se han conservado sus escritos, siempre fueron exactas, puede decirse que literales, palabra por palabra, sin quitar ni añadir. Basta ver el comentario que hace del Timeo en su totalidad, para ver como todos los pasajes que cita del mismo son exactamente iguales que en los códices conservados y considerados como los más fiables y menos enmendados por los monjes medievales.
Por otra parte, no tenemos ninguna palabra que con la misma raíz que se traduce como sol (ra o Sw), por ejemplo, haya dado origen a ninguna denominación alternativa para sacerdotes de ningún período mensual o anual, ni a monasterios ni a claustros o conventos de ningún tipo. Todo esto sólo se observa con la raíz Abd, 'mes' o “mes lunar” que se escribía justamente con el jeroglífico de un cuarto lunar. Estos hechos abren una gran posibilidad a la existencia de un sistema propio de medir el tiempo usado sólo por los sacerdotes, al menos de algunos templos. Un calendario lunar donde los meses serían contados como períodos o ciclos de un año, bien haya sido de un mes o de dos meses lunares como apunta la referencia sobre la afirmación de Eudoxo en este sentido, o bien de dos meses como apunta Censorino o de tres meses, según Panodoro, o incluso de cuatro meses como sostiene Plutarco. Este calendario lunar, al ser un sistema propio, tal y como se dice en el Timeo 23d-e, refiriéndose al tiempo en que Atenas y Sais fueron fundadas: “…primero a vosotros, hace 1000 años, y tras recibir la simiente de Gea y Hefesto de vosotros, a esta después. Pero de lo regulado (ordenado o arreglado) aquí[xxxv], para nosotros, de 8000 años es el número[xxxvi] registrado en los Escritos Sagrados”[xxxvii] Es importante puntualizar que tal cantidad de años se hallaba registrada en los Escritos Sagrados no en escritos civiles, populares o demóticos, ni en escritos reales o estatales, por lo tanto, bien pudo tratarse de un cuerpo de Escrituras Sagradas de un uso exclusivo entre determinada casta sacerdotal, en el que se usaría igualmente un calendario propio para una élite clerical concreta, y del que, obviamente, no existirían demasiados testimonios escritos, al ser documentos confidenciales, prácticamente secretos, para el uso de una élite y a la que muy pocos privilegiados (entre los que se hallaría Solón) tendrían acceso, al menos indirectamente a través de los sacerdotes. Encima, la mayoría de estos con toda seguridad se hallarían escritos sobre materiales perecederos como el papiro, lo que explicaría que no tengamos evidencias firmes o claras de la existencia de un calendario de este tipo ni de una historia que se pueda identificar claramente con la misma que los sacerdotes narraron en Sais al célebre legislador griego, Solón. No olvidemos tampoco que el testimonio que se atribuye a Eudoxo, tal y como parece, apuntaría sólo al sistema usado por los sacerdotes del Templo de Sais, del que –a día de hoy- nada más que unos escasos y muy arruinados cimientos se han conservado.
Como es sabido, “la ausencia de evidencia no constituye evidencia de ausencia”, por lo tanto, no se puede negar categóricamente –más allá de una mera propuesta hipotética- la existencia de tal sistema calendárico de contar meses como años, al menos entre los sacerdotes del Templo de Neith en Sais, aunque sólo fuera por una valiosa referencia como la de Eudoxo, la cual no puede ser desestimada, sin más, por el simple hecho de la ausencia de una evidencia, es decir, por el hecho de que no se haya encontrado aún (que sepamos) ningún testimonio escrito en jeroglíficos egipcios, hierático o demótico sobre tal sistema de contar el tiempo por meses lunares como si fueran períodos o ciclos de un año, al parecer usado entre los sacerdotes de Sais, cuando en realidad no se ha conservado testimonio alguno de ningún sistema calendárico usado en los monasterios o templos de Sais. Es decir, que puestos a ir de “super-escépticos” y “muy rigurosos,” y si tenemos la intención de violar este principio de que la ausencia de evidencia no constituye evidencia de ausencia, en tal caso, ante la ausencia de evidencia de ningún tipo que permita corroborar cuál era el sistema de medir el tiempo que se usaba en Sais, no nos quedaría más remedio que admitir entonces que no podemos afirmar que era solar de doce meses, puesto que asumir que tal sistema era solar o luni-solar de doce meses, basándonos solamente en las evidencias halladas en otras partes de Egipto, no deja de ser más que eso mismo, es decir, una mera suposición que se asume como un hecho comprobado (sin serlo) por simple traspolación. Por lo tanto, mientras no existan evidencias epigráficas y arqueológicas que permitan certificar que los sacerdotes de Sais usaron solamente un único sistema y que este era del tipo solar que medía doces meses por un año, igual que el usado en las cronologías reales y estatales, no podemos entonces descartar ni despedir -como si nada- un testimonio tan valioso como el atribuido a Eudoxo y corroborado, además, por otros importantes autores como Plinio, Plutarco, Solino y Censorino, y hasta por un nativo egipcio como era el monje Panodoro, aunque su testimonio sea algo más tardío.
Es que ni siquiera había un único tipo de “Año”. Veamos sólo un caso: cómo es que designaban los antiguos egipcios al “Año real”, tal y como aceptan todos los egiptólogos. Se afirma que se expresaba mediante la frase rnp.t-m-xt-zp[xxxviii] que literalmente viene a ser: “Año-en-(la)-vara-(del)-Tiempo,” que también se escribía de manera abreviada como rnp.t-zp,[xxxix] lit. “Año-(del)-Tiempo”. Esta evidencia resulta bastante reveladora, porque -en caso de haber sido correctamente interpretada- nos habla de un tipo de año que no es el común o civil solar de doce meses sino de un “Año (del) Tiempo” que, obviamente, se refiere a un tiempo determinado, en este caso, con toda probabilidad, al “Tiempo Real” o “Tiempo de los Reyes (y Dioses)” el que era registrado en tales “varas del tiempo” (xt), y que, seguramente, aluden a las mismas varas o cañas (el mismo jeroglífico con el que se escribía originalmente la voz rnp.t) sobre los cuales Seschat, la consorte del dios Thot (Dyehjuty), registraba las cronologías reales y divinas. Ahora bien, rnp.t-m-xt-zp, bien podría traducirse de un modo más literal como “Renovación-en-(la)-vara-(del)-tiempo” y rnp.t-zp como “Renovación-(del)-tiempo” que es otro de los significados del mismo jeroglífico del tallo o vara del tiempo y con el que también se escribía la palabra para año (rnp.t; cop. rompe, rompi), con lo que volvemos al hecho de que en realidad lo que se indicaba es la “Renovación” del rey en su mandato y no exactamente un año concreto como tal, puesto que tales “renovaciones” podrían hacerse en períodos determinados que bien podrían darse cada varios años o varias veces en un mismo año, siendo así que muchas de las cronologías donde los egiptólogos han llegado a contar muy pocos años para un reinado y que no encajan con los datos ofrecidos por Manetón y otras fuentes, quizá sea debido al error de interpretarse este concepto del “Año Real” (rnp.t-m-xt-zp o rnp.t-zp) como un año común solar de doces meses en vez de como un “ciclo de Renovación” que –en estos casos- podría haberse dado cada varios años de reinado.
En fin, que no pretendemos agotar en este apretado compendio del epítome, ni mucho menos hallar una solución definitiva a esta posibilidad que sólo planteamos -de momento- como una hipótesis, pero que pensamos merecería la pena seguir ampliando ya que podría arrojar alguna clave desconocida sobre el Antiguo Egipto, que a su vez permitiría entender algunos de los enigmas que se plantean a nivel cronológico, precisamente. Nos basta con haber dejado más que manifiesto que existen suficientes datos de considerable autoridad y crédito como para aceptar que realmente pudo existir entre los egipcios un sistema de contar el año como un ciclo de uno, dos y hasta cuatro meses lunares (como máximo) que, al menos, sería usado entre determinadas castas sacerdotales del Bajo Egipto, especialmente de Sais y alrededores, y quizá también hasta de Menfis; siendo así un sistema elitista de uso exclusivamente clerical en determinados monasterios y templos, pero no usado en informes civiles ni estatales o reales, para los cuales se usaba solamente otro sistema, el calendario solar o luni-solar donde los años se contaban cada doce meses.
En última instancia, tal y como hemos demostrado, existen suficientes indicios que permiten establecer sólidas dudas razonables contra el argumento que despide a todas estas referencias clásicas de autores antiguos de cierta relevancia y crédito como Eudoxo, Plutarco, Plinio y Panodoro como simples “equivocaciones”, tal y como sostienen aquellos a quienes tales referencias les disgustan grandemente por no encajar en sus pretendidos “bien construidos” edificios de la Historia, o peor aún, como meros inventos o falsificaciones de tales autores, como algún que otro ignorante -pauperis mentis- ha intentado sugerir. Del mismo modo, tampoco se sostiene la hipótesis de que tales referencias sobre sistemas de medir el tiempo contando desde un mes hasta cuatro meses lunares como un ciclo o un período de un año no eran más que meros intentos de los autores antiguos por explicar o hacer concordar con algo más lógica las extremas o exageradas antigüedades de los egipcios, y no se sostiene tampoco esto, por la sencilla razón que en todos los casos que referimos en este estudio, tales datos son dados por el autor correspondiente como algo que refleja una costumbre o tradición de los egipcios mismos y no como una mera opinión personal con la intención de explicar o entender tales excesivas antigüedades. Sencillamente se ofrecen los datos como tales, para que el lector -profano- entienda la naturaleza de tales excesivas fechas, pero estos son presentados como hechos, es decir, como datos o informaciones de que los egipcios habían tenido también esos sistemas de medir el paso del tiempo a través de uno, dos, tres o cuatro meses lunares que eran contados como un año.
De todo lo anterior concluimos pues, que el argumento contra la posible historicidad de la narración sobre la Atlántida que se basa en la extrema e imposible antigüedad que aparentemente se describe en el Timeo 23d-e para los orígenes de Atenas (9000 años antes de Solón) y de Sais (8000) pierde toda su aparente y pretendida fuerza como contra-argumento, y por tanto, no debería seguirse usando ni por detractores ni partidarios, sin que antes sean claramente señaladas todas las evidencias aquí expuestas que -para nosotros-demuestran -más allá de cualquier duda razonable posible- que tales miles de años que son descritos como años egipcios de los sacerdotes de Sais (según sus regulaciones, arreglos u ordenamientos propios), no serían de doce meses sino de un número bastante inferior de meses lunares que podría haber sido lo mismo de cuatro meses lunares como nos trasmitió Plutarco que de tres meses como apuntaba Panodoro que de dos meses como sostenía Censorino, o incluso de sólo un mes o de un ciclo de dos lunaciones o dos meses lunares contados como un año, tal y como acreditan Plinio y Proclo, a través de Eudoxo.
Pero hay algo más interesante aún, aunque no hubiera existido la valiosísima referencia de Proclo sobre lo que dijo Eudoxo al respecto de estos miles de años que en realidad eran de uno o dos meses lunares contados como un año, incluso aunque no hubiera existido ninguna de las otras referencias de autores de renombre que corroboran tal información, el propio texto del citado pasaje del Timeo 23d-e que hemos antes comentado nos da una clave muy importante y hasta una fecha exacta del momento en que se funda Atenas, en años griegos solares de doce meses y también su equivalencia en años egipcios de meses lunares. Los sacerdotes o quizá sólo los de Sais, Sonjis (como nos revela Plutarco) y Pateneith (citado por Proclo), le están narrando a Solón –en primera persona- cómo fue que la diosa Atenea (Neith de los egipcios) educó y crió a los ciudadanos fundadores de ambas ciudades, Atenas y Sais, y así, después de señalar cómo Atenea había criado y educado a los atenienses, dice: “…primero a vosotros, hace 1000 años, y tras recibir la simiente de Gea y Hefesto de vosotros, a esta después. Pero de lo regulado (ordenado o arreglado) aquí,[xl]para nosotros, de 8000 años es el número registrado en los Escritos Sagrados”[xli] Subrayamos las partes claves de este pasaje. Nótese que Atenea primero educó y crió a los atenienses, “primero a vosotros” (προτέραν μὲν τὴν παρ᾽ ’ὑμῖν), y acto seguido se dice que tal hecho sucedió “hace 1000 años” (ἔτεσιν χιλίοις). Recordemos que la conversación se está desarrollando, aproximadamente, entre el 590-580 A.C. (las fechas más probables recientemente expuestas por los estudiosos). Bien, mil años antes (según el sistema griego) se correspondería con el 1590-1580 A.C., justo cuando comienza el reinado en Atenas por sus legendarios fundadores los Cecrópidas, que son los mismos mencionados como los nacidos de la simiente de Gea y Hefesto, o sea, Erictonio, también conocido como Erecteo[xlii] y que en Critias 110a-b se describe junto a Cécrope I y Erisictón como los líderes de la primigenia Atenas en la guerra contra Atlantis que los sacerdotes mencionaron a Solón cuando narraban a éste la historia de esa guerra.. ¿Pero cómo sabemos, además, que en este caso sí se está hablando de 1000 años solares de doce meses como el los de los griegos y no de años lunares de uno o varios meses más? Primero, porque se dice “hace 1000 años,” no 9000 años, y segundo, por lo que sigue a continuación, cuando se aclara: “Pero de lo regulado (ordenado o arreglado) aquí, para nosotros, el número registrado en los Escritos Sagrados es de 8000 años”. Lo que se está diciendo no tiene otra lectura más simple y directa que esa, es decir, que esos 8000 años, tal y como aparecían registrados en Escrituras Sagradas (ἱεροῖς γράμμασιν) de estos sacerdotes de Sais, es el equivalente en años egipcios -según sus ordenamientos, arreglos o regulaciones (διακοσμήσεως)- de los años solares de doce meses o años de los griegos que habían transcurridos desde la fundación de Sais por la misma diosa, la cual, como antes se dijo, sucedió después (ὑστέραν) de fundada Atenas con la simiente de Gea y Hefesto, que son los Cecrópidas, de ahí que acto seguido se diga: “Pero acerca de los 9000 años de edad de vuestros ciudadanos, revelaré unas pocas leyes, y de las obras mismas, la más virtuosa que realizaron…”[xliii] Este parte ha llevado a confusión a todos los anteriores traductores e intérpretes que desde la Edad Media han creído que estos 9000 años desde la fundación de la primigenia Atenas responden al total o suma de los 8000 de la fundación de Sais más los 1000 años que siempre se creyó fueron señalados antes como el espacio de tiempo que mediaba entre la fundación de Atenas y la de Sais después. Si bien es cierto, sólo lo es para el mismo cómputo en años egipcios que eran pues de meses lunares, no como años solares de doce meses, pues sería el mayor de los contrasentidos que por una parte se diga que Atenas fue fundada “hace 1000 años”, o sea, 1000 años antes del momento presente en que se desarrolla la conversación con Solón y que después se diga que fue 9000 años antes. Tanto si los años que se usan en todo momento eran solares de doce meses como si eran de uno a cuatro meses lunares, se plantea igualmente un contrasentido tan evidentemente absurdo que no habría pasado ni la más ligera revisión de los textos que sabemos hacía el competente secretario de Platón, Filipo de Opunte, y puede que otros destacados discípulos. Ni habría superado las numerosas recensiones de los textos platónicos, y muy especialmente del Timeo, el más revisado y comentado de todos sus diálogos junto con la República y las Leyes. En fin, que no habría pasado inadvertido para ninguno de los posteriores exegetas de Platón ni muchos menos a sus críticos y detractores. Así pues, los hechos que constatamos, por orden son los siguientes:
1. Atenas es fundada, educada y criada 1000 años antes del momento de la conversación entre Solón y los sacerdotes, lo cual sólo pudo suceder entre el 590-580 A.C. (según las estimaciones más autorizadas), por lo tanto, el origen de esos primeros atenienses se fija en el 1590-1580 A.C.
2. Acto seguido se indica que Sais fue fundada, educada y criada por la misma Atenea después, pero sin indicarse exactamente –en el mismo cómputo de años usados antes- cuánto tiempo después.
3. A continuación se aclara que, según lo regulado (ordenado o arreglado) allí (en Sais), para ellos (los sacerdotes), el número de años registrado en sus Escrituras Sagradas es de 8000.
4. Acto seguido se puntualiza –sin duda en el mismo tipo de años propios egipcios, según la regulación o arreglo de los sacerdotes- que la edad de los atenienses o el tiempo trascurrido desde el origen (γεγονότων) de los mismos era de 9000 años.
¿Cómo se soluciona estas aparentes contradicciones? Fácilmente: los sacerdotes de Sais que están hablando, el célebre sabio egipcio llamado Sonjis (según Plutarco) y Pateneith (según Proclo), comienzan fijando la fecha del origen de los primeros atenienses nacidos de la simiente de Gea y Hefesto, los Cecrópidas, y por ende de la primigenia ciudad de Atenas, en 1000 años antes, o sea, entre el 1590-1580 A.C., porque aquí está claro que el sacerdote de Sais está hablando de años solares comunes de doce meses como los que usaban los atenienses de entonces. Sería, más que absurdo ¡una auténtica burrada! suponer siquiera que aquí está valiéndose de años de uno, dos, tres o cuatro meses lunares, pues en tal caso, incluso tratándose de años de cuatro meses lunares, la fecha resultaría demasiado reciente, no rebasaría el año 923 A.C. no encajando –dentro del margen de lo permisible- con las fechas entonces conocidas por todos los intelectuales griegos y egipcios mismos para el origen de la Atenas heroica o legendaria del linaje de los Cecrópidas, cuyos inicios que se fijaban –en números redondos- alrededor de 1600 A.C. y con más precisión, circa 1582/81 A.C., tal y como se aprecia en la más antigua fuente epigráfica conservada sobre cronologías griegas, la llamada Crónica de Paros (Marmora Parium), inscrita en griego clásico sobre mármol. El sistema común de contar el paso del tiempo entre los griegos y la mayoría de los antiguos pueblos era empezar por el punto remoto o de origen, y así se constata en la misma Crónica de Paros, donde claramente vemos como se cuentan los hechos cronológicos de igual modo a como se describe en el Timeo 23d-e para el origen de Atenas, indicándose el tiempo transcurrido desde la fundación o principio del suceso, hasta el presente de quien está narrando o de quien ha compuesto la cronología como en el caso de la Crónica de Paros, que fue en el año 264/263 A.C., cuando reinaba en Atenas Diognêto. Así vemos, por ejemplo, en el inicio de la Crónica de Paros: 1) Desde cuando Cécrope reinaba en Atenas, y denominó la región Cecropía, primero llamada Áctica por Acteo el autóctono, 1318 años (que respecto al 264/263 A.C. arroja el 1582/1581 AC). Y más adelante: 2) Desde cuando Deucalión quien cerca de Parnaso en Licorea reinaba, siendo rey en Atenas Cécrope, 1310 años (1574/1573 A.C.). El mismo sistema reconocemos en el Timeo 23d-e cuando al referirse a cómo la diosa Atenea o Neith crió y educó a las dos ciudades, se comienza por Atenas y se dice: “…primero a vosotros, hace 1000 años (1590-1580 A.C.), y tras recibir la simiente de Gea y Hefesto de vosotros, a esta después. Pero de lo regulado (ordenado o arreglado) aquí, para nosotros, el número registrado en los Escritos Sagrados es de 8000 años. Pero acerca de los 9000 años de edad (o transcurridos) de vuestros ciudadanos, revelaré unas pocas leyes, y de las obras mismas, la más virtuosa que realizaron…”
Sin duda alguna, los 9000 años de edad (o del tiempo transcurrido desde el origen) de los atenienses, que ahora son contados según los arreglos o regulaciones de los sacerdotes de Sais, son la equivalencia de los 1000 años solares civiles de doce meses como los de los griegos de entonces. Por consiguiente, como antes ya se dijo que Sais fue criada y educada por la misma Atenea o Neith, después de Atenas, entonces los 8000 años registrados en las Escrituras Sagradas -según los arreglos o regulaciones de estos sacerdotes saíticos- equivaldrían a una cifra próxima a los 888,9 años solares de doce meses transcurridos desde la adopción de Sais por Atenea, hasta el momento de la conversación con Solón, lo que significa una fecha próxima al 1468/1458 A.C. Y si bien para las fechas de los orígenes de la primera Atenas, según las tradiciones cronológicas clásicas, encaja casi a la perfección, para los orígenes de Sais hay un desfase algo mayor de un siglo y medio -aproximadamente- si tenemos en cuenta la referencia de Manetón de que la provincia Saita -cuya capital era Sais- fue fundada por Salitis, el primer rey de los Hyksso-Minoicos (de quien se dice era de origen fenicio), y asumimos como bastante aproximadas las fechas que proponen los egiptólogos para esta época, entre el 1630 y el 1615 A.C. Aún así, es fácil observar que la diferencia no es tan grande como para que sólo por ello se vengan abajo todas las demás coincidencias que hemos logrado establecer. Esperamos que en el futuro nuevas evidencias arrojen más luz, bien sea porque permitan confirmar estas reconstrucciones e hipótesis, o bien por lo contrario. En cualquier caso, la verdad siempre, sea cual sea, esté donde esté y caiga quien caiga. Ahora bien, ¿es realmente cierto que no hay confirmación en los textos egipcios?
[Este artículo es un extracto de mi libro. Para conocer todas las evidencias y pruebas indiciarias halladas en las fuentes primarias egipcias (papiros con textos jeroglíficos y hieráticos, estelas y relieves en tumbas y templos) que siguen, en la segunda parte del libro, en relación con la existencia entre los antiguos egipcios de tal sistema de contar ciertos meses como un año (ocupando más de la mitad del libro), puede adquirise -si interesa al lector- el mismo en: http://www.amazon.es/dp/1481027468/ ]
REFERENCIAS
----------------------
Diogenis Laertii De vitis, dogmatis et apophthegmatis clarorum philosophorum libri decem. Graeca emendatiora edidit, notatione emendationum, latina Ambrosii interpretatione castigata. Henricus Gustavus Huebnerus. Volumen Secundum.
ENIAUTON (acc.). “año, aniversario, período o ciclo que dura un año”.
Tim. 23e.
Tim. 23d-23e.
Hacemos notar que la forma usada, μῆνα, es exactamente también una forma dual de μήνη, “luna,” por lo tanto se traduciría como “dos lunas”, o sea, un ciclo de dos lunas o dos meses. Esta lectura no debería descartarse, teniendo en cuenta las referencias de otros autores como Censorino que habla de ciclos de “dos meses” contados como un año por los egipcios.
Procli Comentarius in Platonis Timaeum. Graece. Recensebat C. E. Chr. Schneider. Vratislaviae. Eduardus Trewendt, 1847. EIS TIMAION A.. 31-F. P. 72. Traducción metafrástica gramatical por Georgeos Díaz-Montexano, 2001. Traducción metafrástica gramatical por Georgeos Díaz-Montexano, 2000.
Plutarco. Numa Pompilio. XVIII.
C. Plinii Secundi. Naturalis historiae libri XXXVII. Ex Editione Gabrielis Brotier cum Notis et Interpretatione. Volumen Tertium. Londini Curanti et Imprimente, A. John Valpy; 1826. P. 1387. Nota n.
Ver capítulo sobre Julio Africano en esta obra.
Snodgrass, Anthony M. (2001). The dark age of Greece: an archaeological survey of the eleventh to the eighth centuries BC. New York: Routledge.
En el subtítulo de esta obra usamos la conjunción copulativa y en “Íbero-Líbica-Mauretana y Hicso-Minoica” bajo nuestra propia responsabilidad haciendo una excepción a la regla académica oficial de la RAE, por la sencilla razón –en este caso- de que el nombre de los Hicsos [en gri. ´Hukssoj (Hykssos), ´Heikssoj (Heikssos), ´Hukoussoj (Hykoussos), etc.], en egipcio HqA-wAs.t, siempre era pronunciado como una h enfática o fuertemente aspirada, similar a una j castellana, en cualquier caso como la antigua h fuerte castellana, parecida a la h del inglés hearth. Además, tal h iba seguida del sonido de una y griega, similar a la ü francesa, por tanto, se justifica plenamente el uso de conjunción copulativa y delante de Hicso que no es más que una mera transcripción castellana -defectuosa- de ´Hukssoj (Hykssos). La regla sólo debe ser aplicable dentro de palabras verdaderamente castellanas o ya asumidas desde siglos como tales, de las que no tenemos duda alguna como suenan o sonaban, pero ´Hukssoj (Hykssos), aunque se castellanice erróneamente -insistimos- como Hicsos, no es voz castellana ni suena como icsos (hicsos) sino como hycso o jykso con la h igual o muy semejante a la inglesa enfática de hearth. Así, aunque en castellano se escriba con una simple h (muda o insonora), no es éste su sonido original, por ello -y como siempre intentamos ser lo más fiel posible a la etimología y fonología originales- es que decidimos mantener esta excepción a la norma académica.
Fr. 43 (de Sincelo). Según Africano y Fra 48 (a) (de Sincelo). Según Eusebio y (b) Versión Armenia de Eusebio. Fr. 49 (de los Escolios a Platón, Timeo, 21 E). Saítico. Según la Historia de Egipto de Manetón. La Dinastía XVII estuvo formada por pastores. Eran hermanos procedentes de Fenicia, reyes extranjeros que se apoderaron de Menfis. El primero de estos reyes, Saites, reinó durante 19 años. El nomo saita recibe su nombre de él (…). Manetón. Historia de Egipto.
En griego, διακοσμήσεως, “del ordenamiento,” “de la regulación,” “de la sistematización,” παρ΄ ἡμῖν, “para nosotros (Tim. 23e)”. Es decir, según un sistema egipcio propio, al menos de este clero sacerdotal de Sais.
La principal (por no decir única) evidencia en que se apoya la egiptología para tal suposición, que como suele suceder, desgraciadamente ya ha pasado a ser un nuevo “dogma de fe” académico, es la simple inclusión del jeroglífico de la diosa Neith en lo que parece un atrio de un templo, representado en una tablilla de madera hallada en una tumba del rey Aha en Abydos, datada en circa 3150/3000 A.C. Pero no hay mención alguna a la ciudad de Sais. Además, se ha pasado por alto el hallazgo de otras tantas inscripciones que mencionan un templo de Neith y a sacerdotes de esta diosa de la misma diosa en tumbas de Guiza y Sakkara de la IV, V y VI. Por ejemplo, las referencias más antiguas que se tiene de títulos como “Sacerdote De Neith” datan de la IV Dinastía, de la Mastaba de Weneschet hallada en Guiza. En tal mastaba no hay ni la más leve referencia a Sais, por lo tanto podría ser sacerdote de otro templo de Sais más cercano y este sería el mismo que se menciona en la tablilla de Aha hallada en Sakkara (igual a otra hallada en Abydos), pues Guiza queda mucho más cerca de Sakkara que Sais, pero es que, además, las referencias a otros “Sacerdotes de Neith” que le siguen en antigüedad son de la quinta V Dinastía y son mastabas halladas igualmente en Sakkara, por lo tanto, estos “Sacerdotes de Neith” tendrían su templo en algún punto entre Guiza y Sakkara y con más razón, este sería el mismo supuesto “Templo de Neith” referenciado en la tablilla de Aha que de manera muy, pero que muy arbitraria, se ha identificado con el “Templo de Neith de Sais”. En todo el Lexicón de la lengua egipcia, especialmente en el muy autorizado “Thesaurus Aegyptiae Linguae (TLA),” la asociación de la diosa Neith y su culto o templo con Sais no aparece atestiguada jamás antes de los tiempos posteriores a la Dinastía XXVI, o sea, posterior a Necao II y los tiempos de Solón, justamente cuando empieza a ser realmente importante dicho templo y la misma ciudad de Sais. Así que tal supuesto Templo de Neith que vemos en la tablilla de Aha hallada en su tumba de Abydos y quizá en otra más deteriorada que parece haber sido una copia exacta descubierta en Sakkara, bien podría ser uno de estos templos más cercanos y no necesariamente el más lejano de Sais, que sólo comenzó a ser realmente célebre a partir de la Dinastía XXIV, a partir del reinado del faraón Tefnejt.
Mes sideral: 27.321661547 + 0.000000001857 días y Mes trópico: 27.321582241 + 0.000000001506 días.
Mes draconítico: 27.212220817 + 0.000000003833 días.
“quidam Lunae senio, ut Aegyptii: itaque apud eos aliqui et singula millia annorum vixisse produntur”. C. Plinii Secundi. Naturalis historiae libri XXXVII. Ex Editione Gabrielis Brotier cum Notis et Interpretatione. Volumen Tertium. Londini Curanti et Imprimente, A. John Valpy; 1826. P. 1387. Traducción por Georgeos Díaz-Montexano, 2001.
“Ait enim, apud Aegyptios pro Annis Menses haberi”. Varronem apud Lactatium II. 12.
Plutarco, op. cit.
C. Plinii Secundi. Naturalis historiae libri XXXVII. Ex Editione Gabrielis Brotier cum Notis et Interpretatione. Volumen Tertium. Londini Curanti et Imprimente, A. John Valpy; 1826. P. 1387. Nota n.
Idem.
Cens. de die nat. 19. 4-5.
Nolan, Frederick, The analogy of revelation and science established in a series of lectures, ATLA monograph preservation program, Bampton lectures, J.H. Parker, 1833, pp. 4437-438.
Diogenis Laertii De vitis, dogmatis et apophthegmatis clarorum philosophorum libri decem. Graeca emendatiora edidit, notatione emendationum, latina Ambrosii interpretatione castigata. Henricus Gustavus Huebnerus. V. I. Lipsiae, A. MDCCCXXXL. P. 323.
La mayoría de los autores modernos creen que De Equivocis Temporum de Jenofonte es una obra apócrifa, espúrea, de origen dudoso, pero ello se debe a que su primer editor -en el siglo XV- tuvo la mala suerte de pedir a un sacerdote italiano, Ioanus Annius Viterbus, entonces una celebridad en materia de antigüedades, que realizara los prólogos y comentarios de la obra donde salió publicada De Equivocis Temporum, junto con otros textos antiguos, y mala suerte, porque más tarde (después de muerto) recaería sobre el mismo Annio Viterbo la sospecha (ya que nadie ha podido probarlo con total certeza) de haber falsificado una obra sobre las Antigüedades Varias del Mundo que éste editó, basándose fundamentalmente en unos escritos de un erudito babilónico o caldeo, Beroso, hasta entonces desconocidos. Sólo por este hecho se duda o directamente se considera como falso todo lo demás que editó -o simplemente comentó en otras ediciones ajenas- Annio Viterbo sobre cualquier otro autor de la antigüedad que no haya sido editado por nadie antes. Como dice el refrán: “cría fama y acuéstate a dormir” (tanto para lo bueno como para lo malo). En cualquier caso, aunque algún día se pudiera demostrar con total rigor científico -sin hueco a la más mínima duda razonable- que De Equivocis Temporus de Jenofonte, que simplemente comentó Annio Viterbo en una obra de edición ajena, en realidad fue una falsificación, estos cataclismo y diluvios son ya mencionados en otras fuentes antiguas de cuya autenticidad no se tiene duda alguna como, por ejemplo, en Diodoro Sículo, Eusebio de Cesarea y en Isidoro Hispalense, entre otros.
Se dice en el citado texto que la primera inundación fue la de Ogyges (I) y duró nueve meses, la segunda en el Nilo que duró un mes, en tiempos de Hércules y Prometeo, la tercera en el Ática y Aquea, en tiempos de Ogyges (II) y duró dos meses, la cuarta, la llamada Tesálica, en tiempos de Deucalión, que duró tres meses, y la quinta en Egipto, en el delta, afectó fundamentalmente a la isla de Faros en Alejandría y sucedió poco después de que Paris, después de raptar a Elena, se presentara ante Proteo en Faros. Se puntualiza, finalmente, que entre la primera y la cuarta inundación, la de los tiempos de Deucalión, transcurrieron 782 años.
Wb 1, 65.12.
Wb 1, 65.6; 1, 72.21; Jones, Titles OK, no. 228.
Jones, Titles OK, no. 2168.
Jones, Titles OK, no. 2766.
Wb 1, 173.16; Wilson, Ptol. Lexikon, 143.
Wb 1, 178.5; Sander-Hansen, Metternichstele, 73.
Diógenes Laercio, Vidas, Opiniones Y Sentencias de Los Filosofos Mas Ilustres, Editorial MAXTOR, 2008, p. 166.
Idem.
ἐνθάδε permite varias traducciones, generalmente aquí o ahora (con relación al tiempo), por lo que una válida traducción también sería: “Pero, de lo regulado (de lo ordenado o arreglado) ahora, para nosotros, de 8000 años es el número registrado en las Escritos Sagrados”.
La voz ἀριθμὸς se traduce también como cantidad, suma.
“προτέραν μὲν τὴν παρ᾽ ’ [23ε] ὑμι̂ν ἔτεσιν χιλίοις, ἐκ Γη̂ς τε καὶ Ἡφαίστου τὸ σπέρμα παραλαβου̂σα ὑμω̂ν, τήνδε δὲ ὑστέραν. τη̂ς δὲ ἐνθάδε διακοσμήσεως παρ᾽ ἡμι̂ν ἐν τοι̂ς ἱεροι̂ς γράμμασιν ὀκτακισχιλίων ἐτω̂ν ἀριθμὸς γέγραπται…” (Tim. 23d-e).
Wb 2, 429; 3.26.9; LÄ III, 238.
Wb 2, 429; 3, 26.6-13; LÄ III, 238.
"ἐνθάδε permite varias traducciones, generalmente aquí o ahora (con relación al tiempo), por lo que una válida traducción también sería: “Pero, de lo regulado (de lo ordenado o arreglado) ahora, para nosotros, de 8000 años es el número registrado en las Escritos Sagrados”.
“προτέραν μὲν τὴν παρ᾽ ’ [23ε] ὑμι̂ν ἔτεσιν χιλίοις, ἐκ Γη̂ς τε καὶ Ἡφαίστου τὸ σπέρμα παραλαβου̂σα ὑμω̂ν, τήνδε δὲ ὑστέραν. τη̂ς δὲ ἐνθάδε διακοσμήσεως παρ᾽ ἡμι̂ν ἐν τοι̂ς ἱεροι̂ς γράμμασιν ὀκτακισχιλίων ἐτω̂ν ἀριθμὸς γέγραπται…” (Tim. 23d-e).
Erecteo I que en Pausanias, Descripción de Grecia i.2.6. se describe como hijo de Gea y Hefesto.
“περὶ δὴ τω̂ν ἐνακισχίλια γεγονότων ἔτη πολιτω̂ν σοι δηλώσω διὰ βραχέων νόμους, καὶ τω̂ν ἔργων αὐτοι̂ς ὃ κάλλιστον ἐπράχθη…” (Tim. 23e). Traducción metafrástica o literal: “Pero acerca de los 9000 transcurridos años de los ciudadanos vuestros, revelaré a través de breves (pocas, algunas) leyes (o costumbres), y de las obras mismas la más virtuosa que realizaron…” Traducciones del autor.





