Me desperté, volví a mi realidad y, otra vez, estoy llorando. Por un instante, en mis sueños, todo parecía diferente, como si el dolor no existiera y la tristeza se hubiera desvanecido. Pero al abrir los ojos, la verdad me golpeó con la misma fuerza de siempre. La soledad pesa, los recuerdos duelen y el vacío dentro de mí parece no tener fin. No sé cuánto más podré soportarlo, pero aquí estoy, atrapado entre lo que fue y lo que nunca será.
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