«La moral no es un conjunto de valores y principios constituidos, es el movimiento constituyente mediante el cual valores y principios han sido postulados. Es este movimiento el que el hombre auténticamente moral debe reproducir por su cuenta. Los grandes moralistas no han sido almas virtuosas, dócilmente sometidas a un código preestablecido del bien y del mal: han creado un nuevo universo de valores a través de palabras que eran actos, actos que hincaban el diente en el mundo, y han modificado la faz de la tierra más profundamente que los reyes y los conquistadores. La moral no es negativa, no exige al hombre mantenerse fiel a una imagen fija de sí mismo: ser moral es procurar fundar el propio ser, hacer de nuestra existencia contingente una existencia necesaria.»
Simone de Beauvoir: «Idealismo moral y realismo político», en El existencialismo y la sabiduría de los pueblos. Edhasa, págs. 90-91. Barcelona, 2009.
TGO
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