A los labios le hacen falta caricias, le gusta que les descubran, exploren y creen fantasías con ellos.
A la boca le hacen falta besos, el suspiro del amante, el elixir de un paladar, el origen del deseo y sentirse pasionalmente excitados.
Quieren ser saboreados, ser suspiro y fuente del mismo, que de entre las comisuras el aliento se esfume y que el placer quedé como supremo arte de lo que nace del amor.
Leregi Renga








