El secreto está en la axila.
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El secreto está en la axila.
Sr. Ramón.
PRÀCTICA OBSERVACIÓ D’UNA TARONJA
Desprende un aroma dulce y fresco, y en boca es ácida.
"Un día quiero que escribas un libro con todo lo que te digo al oído" me pidió, sabedora de que nunca escribiré ninguno sobre nada, pero que así y todo cumpliría mi promesa aunque no prometí un carajo. Ni siquiera dije que sí con la cabeza, pero sabe dios que me hizo sonreír y para ella eso es palabra empeñada. Al hacer memoria, no me costó mucho recordar que lo primero que me dijo al oído fue aprovechando que estaba distraído (o concentrado) escribiendo a mano sobre mi mesa de siempre arañada por el diablo. Cuando todavía me escondía una columna del resto de los mortales, en mi trinchera favorita de la noche abandonada de la mano de dios pero protegida por la mano del punk rock. Vino desde atrás, sigilosa, y se hizo notar cuando ya era muy tarde para defenderme. Me desangró con la siguiente puñalada: "si te animás a ser mi fruta te saco todo el juguito". Me hizo reír mucho, aún cuando supe que lo dijo en serio. Sólo me hago el difícil si estoy sobrio pero no era el caso. Pocas horas después, me dejaba exprimir hasta la última gota. Después de aquello se hizo costumbre que al saludarnos me dijera alguna cosa para sonrojar mi oreja. Nunca se repetía, y algunas de sus frases sólo las guardaré para mí. Entre las que tienen permiso de ser públicas, se encuentran "tranquilo, ya llegó tu enemiga púbica"; "las sábanas que puse hoy las quiero ensuciar contigo" y "¿Sabías que soy directamente proporcional a todo lo que se te ocurra hacerme? Y si hay algo que no se te ocurre yo te doy más ideas". Siempre le dije que ella susurraba mucho mejor de lo que yo escribía. Pero a veces, si terciaba o cuadraba, para sorprenderme (más) no me decía nada, y simplemente simulaba secretearme algo y ahí ¡zas!, me cortaba la oreja con el filo de su lengua. Si ya venía con un par de tequilas encima, seguía apuñalándome por el cuello. El ultimátum era en alguna habitación paga y desconocida, donde con pulcritud satánica tratábamos de cometer, siempre, todos los pecados posibles.
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Si la vida te da limones... exprimeselos en la cara para que le arda y sienta lo que siento cada que te recuerdo.. Tass oyendooooo Elizabeth!!
*se la lleva la camioneta*
Espero que al final podamos recordar nuestra vida sabiendo que la exprimimos hasta quedar exhaustos y que mereció la pena cada segundo.
- Arashinoko
3 generaciones y sumando... y luego que nosotros reposteamos...