(...) Te lo digo dolido y con los ojos húmedos, aunque la mente esté segura, serenada: no te pude tener más cerca, pues mis labios llegaron a rozar tus nieves, tu horizonte. No es piedad, créeme; sólo sé que una tarde avanzada, profunda, descendí de aquel monte puro y purificado como un fuego de junio. Creí volver a ti definitivamente y me encontré el camino cegado por el bosque.
El camino cegado por el bosque | Antonio Colinas














