El Evangelio de hoy nos sitúa en el Templo de Jerusalén, un lugar de encuentro entre la promesa y su cumplimiento. María y José llevan al Niño Jesús para presentarlo al Señor, cumpliendo humildemente la ley. Allí aparecen Simeón y Ana, dos ancianos que representan a un pueblo que sabe esperar. Sus ojos, cansados por los años, son iluminados por la fe: reconocen en ese Niño pequeño la salvación esperada por generaciones.
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