Ayer por la noche termino otra gran, gran edición de Coachella, tres días en el desierto de Indio, California. Por segunda ocasión el encargo le toco a Arcade Fire de cerrar con un espectacular broche de oro blanco combinado con mercurio, brillo de diamantes rosas naturales, cobre para dar un toque inusual y el centro de oro puro.
Bueno, pues es Arcade Fire, puedes asegurar un cierre de tal calidad y desde mi punto de vista (siendo claros y sin estar ahí) hizo buen trabajo, los hermanos Butler derrochan energía, Regine se mueve de una forma muy particular, con una voz distintiva y única. Los músicos son increíbles, se mantienen en una misma sintonía y armonía de una banda como tal.
Lo único que me falto fue la contribución del público ya que esta transmisión no deja ver o escuchar el coro omnipotente de los asistentes que si has visto en alguna ocasión a arcade fire, sabes que en cierto punto el coro parece de una iglesia con miles de millones de adeptos. Creo que es tiempo de volver a estos conciertos, dar un empujón e impulsar esos coros angelicales, retomar el camino perdido... unirme a los coros y recordar esa tan parte de mi y única que aparece cada que estoy en contacto con la música... En fin, un Coachella, es un Coachella, el y yo tenemos una cita pendiente, me dejaré envolver por toda la galaneria y coquetería que ofrece y finalmente nos encontraremos en medio del clima extremo del desierto.