En la vida no se puede ir normalizando conductas, cuando el implicado es el propio señalizador, a sabiendas de que cuando apunta al Otro se eleva en su ego y crucifica.
Lineas delgadas, líneas dichas con voz de moral y perdidas con la cruda realidad del tiempo.
Margarita, caminando bien sola réplica y atina en la llaga de aquel purista que solo se escandaliza hacia fuera.
Juegos, palabras, y al final la vieja sonada: doble moral/amoral.
¿De qué va todo esto?
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