Come Join the Murder
{ Los Angeles, California - 15 de junio del 2012 }
El sonido de la música retumbaba en sus oídos, era el tipo de música que tanto le gustaba: la electrónica, la cual lo hacía viajar casi tan fuerte como el cuarto de LSD que había tomado hace ya una hora y el que estaba ya haciendo efecto en él. Las personas a su alrededor se distorsionaban y los colores que lo rodeaban se hacían cada vez más fuertes. No sabía cuánto tiempo llevaba así pero le agradaba, le agradaba escapar de la realidad, le agradaba disfrutar al máximo sin necesitar de otras personas, incluso había olvidado por completo que había llegado a esa fiesta junto a sus amigos, los que probablemente en esos momentos se encontraban en un viaje similar al suyo.
Era agradable olvidar la realidad, le gustaba poder dejar de lado todos sus pensamientos que día a día lo perseguían. Dejar atrás las preocupaciones y simplemente disfrutar de la buena música a su alrededor era su plan favorito en esos momentos, ese además de bailar hasta que no hubiese un mañana.
Los rayos de sol lo obligaron a despertar, maldiciendo internamente por no haberse preocupado de cerrar las cortinas pero ¿quién lo culpaba? Nadie en su estado se hubiese acordado de ese detalle tan mínimo pero tan molesto en ese momento. A regañadientes tomó su celular, no era habitual despertar a las 15 hrs como tampoco era habitual dormirse a las 10 de la mañana, pero una vez no le hacía mal a nadie. Sus ojos se sorprendieron al tener más de 20 llamadas perdidas de varios números de teléfono, otro detalle que no era habitual, no era de muchos amigos y sin duda alguna no era alguien que se llevara bien con las llamadas telefónicas.
Tras varios intentos fallidos de llamadas a los números desconocidos decidió escuchar su buzón de voz, sorprendiéndose al escuchar la voz de su hermano menor: “Finn, ven enseguida. Papá y mamá tuvieron un accidente en el auto, están graves”, fue lo único que logró escuchar antes de que todo se le nublara.
Maldijo una y otra vez por su irresponsabilidad, sintiendo un peso sobre sus hombros que en esos momentos no sería posible quitar.
Salió disparado del taxi tras pagar el trayecto. El dolor de cabeza se había incrementado y podía escuchar perfectamente cada latido de su corazón, latidos que rebotaban en sus oídos y que lo ponían nervioso.
Corrió por los pasillos del hospital, siendo regañado por más de un encargado del lugar, pero nada le importaba. Necesitaba encontrar a su hermano, necesitaba saber cómo se encontraban sus padres.
— ¡Dan! —gritó exaltado, llamando la atención de más de una persona en el lugar, ganándose una mirada de odio de otras cuantas. Su hermano, de apenas 14 años, se acercó llorando a él.
— ¡¿Dónde has estado?! —preguntó su hermano enojado, dándole fuertes golpes a su pecho. — Te llamamos mucho.
— Perdóname, tenía el celular muerto —mintió, tragando saliva antes de volver a hablar. — ¿Qué pasó?
— Finn, papá murió. Un imbécil que estaba manejando ebrio los chocó, se pasó una luz roja y los impactó —contó Dan entre sollozos. — Papá murió de camino al hospital y mamá se encuentra en estado grave.
Sentía cómo se mareaba y la voz de Dan comenzaba a sonar lejana, ¿había dicho realmente aquello?
Finn pestañeó un par de veces y se afirmó de la muralla del hospital, sintiendo cómo su respiración de a poco se agitaba.
— ¿Qué dijiste?
Las manos de Finn se transformaron en puños. ¿Cómo era posible que algo así pasara mientras él andaba de fiestas y sin tomarle importancia a nada? ¿Cómo era posible que aquello pasara cuando él estaba desconectado de la realidad? Volvió a maldecir, dando un suave golpe a la pared.
— Papá está muerto —repitió Dan, esta vez volviendo a llorar.
Sintió sus lágrimas caer por sus mejillas y cómo en su interior algo se quebraba. No podía ser cierto. Cerró sus ojos por unos segundos y tomó aire, intentando calmarse de esa forma. Tenía que verse fuerte ante sus hermanos menores, tenía que actuar como el hermano mayor que era.
— ¿Y mamá? ¿Qué dicen los doctores? —preguntó tras unos segundos de silencio.
— No nos han dicho mucho, pero solo sabemos que está en estado crítico —respondió Luke con sus ojos hinchados de tanto llorar.
La espera se hacía eterna, cada minuto que pasaba se sentían como horas, horas en que Finn y sus hermanos no obtenían respuesta. Los doctores salían y entraban del pabellón, dándoles nulas noticias sobre el estado de su madre, pero juzgando las expresiones de sus rostro Finn podía darse cuenta que habían pocas esperanzas.
Cuando el reloj dio las 20 hrs, el doctor a cargo volvió a aparecer, quitándose los anteojos antes de observar a los tres hermanos. Finn sabía lo que se venía y a pesar de que llevaba horas preparándose para lo peor, escuchar esas palabras se sintió como recibir un puñetazo.
— Lo siento mucho chicos —dijo el doctor. — Hicimos todo lo que pudimos pero, su madre no lo logró.
Escuchó el llanto de sus hermanos tras la confirmación. Se sentía preparado pero no, nadie estaba preparado para escuchar aquello, nadie estaba preparado para asumir el rol del padre de la casa con solo 22 años.
















