Recuerda el dolor. Cada destello agudo que ha sufrido está grabado en las costuras de su cerebro. Cada cicatriz en su piel le piden a gritos que las reviva de nuevo. Lo acepta, sabe que el tiempo puede aliviar el dolor pero nunca lo borra, se siente más él mismo cuando lo enfrenta. Cuando el dolor se desvanece, se aferra al último rastro débil de él.
Desde su accidente en motocicleta que Finn se sentía lejos de él, como si estuviese desconectado de su propio ser y fuera una tercera persona viviendo en un cuerpo que alguna vez le perteneció.
No sentía nada, las emociones de un momento a otro se habían apagado y en vez de estar viviendo su vida, simplemente existía. Algunos días el fantasma del dolor lo perseguía y eran esos días los que el rubio tanto anhelaba porque al menos lograba sentir algo, sentirse más persona y menos robot.
Durante sus últimos meses se había autoconvencido de que todo estaba igual, que todo estaba bien pero la verdad era que se sentía perdido. Perdido en qué hacer con su vida, perdido en qué era realmente lo que lo mantenía feliz y poniendo en perspectiva su vida, era poco lo que podía rescatar de esta.















