Los tacones elegidos por Emilia eran un verdadero infierno, maldita sea. Aveces tendía a olvidar que la chica de 26 años era toda una modelo a comparación de ella, por lo que era una cierta decepción no sentirse como se veía la rubia; perfecta y sensual. Aún, para alejarse lo más posible de las barras de comida y alcohol decidió baila. Mala idea. Sus movimientos eran neutrales, no eran muy malos pero tampoco perfectos. En un momento, perdió el equilibrio cayendo sobre un cuerpo más grande que ella que estaba a una no muy larga distancia de ella. Al chocar pareció tirar su bebida pero logró sostenerse de su brazo para no caerse completamente pero no se libró de lastimarse un poco su tobillo. Volteó a ver de quién trataba y un leve suspiro de alivio escapó sus labios, sería aún más vergonzoso si se tratara de alguien que no conociera. “Hola..” dijo bajo, intentándose parar de nuevo pero su tobillo estaba adolorido causando que un gemido de dolor saliera de sus labios. Justo cuando creyó que no podría ser más torpe, la vida le mostró lo contrario.