Flavia Da Rin
2025 – Resaca

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Flavia Da Rin
2025 – Resaca
Traducciones de McKenzie Wark
En un libro ilustrado por Flavia Da Rin
Time fantasy (2)
La aparición de esa habitación, no obstante, resultó en una sugestiva contradicción de términos, o sea, resultó en un aporte. Por un lado, el contrapeso del lenguaje instalacionario/escenográfico frente a un trabajo “de pared”, que además está seriado y cerrado, que no admite intromisiones. Por el otro, y esto es lo que más me interesa, coartaba el dinamismo identitario de la narración y concentraba todo, materialmente, en un solo punto de sentido: la chica de clase media. El cuarto iba en dirección contraria a lo que hace Da Rin, porque deshechaba el componente alegórico y metía en una valija los disfraces. Adentro del cuarto no importaba la literatura que estaba afuera, porque la mesa era la mesa, la cama era la cama, la música era la música, la chica era la chica: el arte sale del cuarto de la chica.
Tampoco era que el MAMBA proponía una ficción doméstica, teatral; hablar de ficción en este caso no tendría mucho gollete porque reconstruir entornos de vida es una atribución típica de los museos modernos. La secularización de aquella práctica religiosa consistente en exhibir restos humanos o accesorios cargados de emotividad fue un rasgo temprano de la museística republicana francesa, orientada a preservar las “reliquias revolucionarias”. A partir de un mechón de pelo de María Antonieta: la máscaras de esgrima de Lisandro de la Torre, la oficina de Serguéi Koroliov, una PC con Windows XP en el hábitat hogareño de una chica argentina a comienzos del siglo XXI. El sesgo racionalizante del museo se humaniza, la intimidad se hace pública y las narraciones se vuelven materia.
Como proto-taller inserto en la realidad común, el cuartito decía entonces que las cosas no se manifiestan de manera espontánea, solas, por arte de magia. La fantasía tiene una trastienda material y la clase media, asistida por una cama, un velador, un libro y una computadora, es su operaria.
Pero el cuarto cumplía además una función, digamos, metafísica. La Da Rin del cuarto está presente en todas las obras y a su vez todas las obras (o todas las vidas, o todos los problemas de la vida) estaban ya presentes en el cuarto. Parecía como si Flavia nunca hubiera abandonado la habitación, pero también como si nunca hubiese llegado realmente a ocuparla. Entonces más allá de que en ese espacio se definiera un elemento fuerte de anclaje a un determinado sector socioeconómico, lo que pasaba era que terminaba tratándose también la cuestión abstracta de un tiempo sin progresión, un espacio implícito de entrada y salida continua, tapizado por imágenes específicas pero todavía inarticuladas. El tiempo fantástico del arte.
relicarios con pelo de maría antonieta y de sus vástagos, hijos de francia
En La llaga perfecta, de Jochi Labourt, el tiempo y la fantasía ocupaban asimismo un lugar primordial a pesar de que no fuera, por supuesto, una exhibición retrospectiva, o de que no incluyera un cuartito metafísico. Esa circulación radial entre momentos, entre pasados y presentes, estaba contenida en cambio dentro del objeto-cuadro, en particular dentro de uno de los cuadros que podían verse en la sala.
Definamos muy rápidamente algunos de los aspectos que demarcan el trabajo de Labourt como para saber de qué estamos hablando: a diferencia de Da Rin, que tiende al plano, ella hace implantes, volumetriza, acumula, tapa poros. Trabaja también rescatando a la pintura de sí misma, que es lo mismo que decir rescatando a Labourt de Labourt, rescatando a una Labourt presente de la Labourt que ya pasó. Pensemos por ejemplo en la pintura del árbol. Era un plátano de sombra, bien porteño, ubicable quizás en la Avenida Iriarte, o en el otoño de la antigua Juan B. Justo bodeguera. Esa imagen, producto de una experiencia temporal lineal (melancólica), cobraba en la pintura presencia volumétrica. Jochi se las ingenió para aplicar algún tipo de presión desde atrás de la tela con el fin de hacer sobresalir físicamente la imagen.
La corteza de su plátano se hinchaba entonces como un eczema o como un quiste: un recuerdo, un pasaje breve de tiempo que se sublima no solo a través de la pintura, sino también como anomalía corporal contenida en el cuadro. Es una forma de fantasía bastante particular, más allá de que el giro animista se haya consolidado como una solución muy visitada por la pintura porteña actual. Labourt no disfrazaba de cuerpo a la obra sino que le daba cuerpo: un cuerpo independiente de la materia oleosa propia de su práctica e independiente también del accesorio antropomorfizante, de la inclusión pastichera de materialidades exógenas. La imagen del plátano, la percepción nostálgica de un momento otoñal, de una alergia quizá, cobraba cuerpo ella misma, en secreto y en silencio, como un proceso glandular.
De alguna manera esta hinchazón atentaba también contra la propia integridad del cuadro, pero ese mismo movimiento, ya algo más violento, podía verse con mayor nitidez en la otra pintura, la que colgaba justo al lado.
plátano resguardando un baldío en barracas (manyemé quel bacán no la embroca / parlemé quel botón no la juna / y en la noche que pinta la luna / la punga de un beso le tiró en la boca)
Time fantasy (1)
No sé si es que necesariamente algo tiene que quedar afuera cuando unx escribe para un medio impreso o si en realidad el problema está en mi propia economía textual, deficitaria en cuestiones atentivas con relación al gran caudal de información que puede llegar a haber en una sala de exhibiciones y al posterior traslado de esta data a un bloque organizado de ideas. De todos modos –me excuso–, si algo queda afuera es porque no puedo dejar de tener en cuenta a ese lector hipotético que, a causa de alguna fatalidad, termina recayendo en un texto sobre arte contemporáneo argentino, ni a mis ganas de tirarle por la cabeza alguno de nuestros problemas (ganas de condenarlo a ver el arte como lo vemos nosotrxs 😈). Escribir para un diario no es lo mismo que escribir para este blog o para una revista como Segunda Época: los criterios de edición son enigmáticos, hay márgenes más o menos acotados para la circulación de una idea al interior de cada nota, al editor no le interesa que se discutan los pormenores vanos que uno siempre quiere discutir, etcétera. Pienso en la persona artista sobre la que estoy escribiendo, en qué decirle, y pienso también en mí mismo, en cómo hacer para que la escritura se convierta en una especie de túmulo, en un espacio más o menos amplio y más o menos cómodo; cómo lograr que no me dé asco volver a entrar al texto las veces que sean necesarias para repasar las dos o tres boludeces que le dan entidad.
Trato además de buscar el lenguaje más impersonal posible para sostener la idea más personal que haya, eso me entretiene aunque sea difícil. Me encanta esa prosa que hace el esfuerzo de disfrazarse de piedra, de disfrazarse de nada, de ser una boleta de gas o una historia clínica: mientras más prosaica la superficie del texto mejor va a preservar la dignidad de las ideas. Un texto debería parecerse a esas conservadoras blancas para transportar órganos, la retórica excesiva en la escritura sobre arte es un fastidio, roba demasiado tiempo.
lo que entiendo por el texto
No sé, pareciera al final que eso que se arrastra y puede apenas respirar entre todas estas pretensiones y represiones, como un nene sepultado por los escombros de lo que fue el edificio donde vivía, después de un terremoto, eso es el texto.
En fin... El punto es que salió en el diario un comentario sobre ¿Quién es esa chica? de Flavia Da Rin en el MAMBA, y no encontré la forma de encajarle algunas ideas que terminaron quedando sueltas; a partir de esas ideas surgieron otras, aparecieron luego otrxs artistas y así.
En la reseña se hablaba de cómo cierto arte de clase media es susceptible a una especie de “proceso de movilidad”, un desarrollo que se ve favorecido cíclicamente por determinadas condiciones pero que durante los últimos años se encontró, como es obvio, demorado. La obra de Da Rin creció a la sombra de ese proceso, se alargó, se fue complejizando; se compuso a sí misma en una línea de coherencia interna difícil de sabotear. La naturaleza clasemediera en esta obra se expresa además a partir de su cercanía absoluta a una idea de arte atravesado por consumos culturales muy puntuales y por un estado permanente, casi asambleario, de negociación tanto con estos consumos como con el canon (canon del que se tienen noticias recién a partir de haber recibido una educación artística particular, dictada por la clase media y orientada hacia la clase media). Sin embargo, y esto quedó afuera de la nota, entendí que la curaduría de Laura Hakel fijaba la condición clasemediera en un punto mucho más concreto, llegando incluso a plantear la existencia de una suerte de gruta mitológica que resguardaba los orígenes mismos de la sensibilidad de la artista: el gesto curatorial sobresaliente en la muestra era la restitución escenográfica de un cuarto adolescente y de clase media.
Afuera del cuarto, ¿Quién es esa chica? se estructuraba sin mayores problemas, casi reverenciando las unidades seriales de trabajo. Era una muestra grande hecha de pequeñas muestras pasadas, no solo un rejunte retrospectivo de obras. Esta disposición fascicular, en la que cada exhibición puede pasar a ser el capítulo de una novela breve enfocada en la experiencia de la-artista-como-ser-humana, se da porque Da Rin considera la instancia de exhibir como un sistema en sí mismo, un sistema diseñado para sostener la aparición pública de tal o cual serie. Sería una contravención violentar el hermetismo funcional de la obra: mostrar retrospectivamente a Da Rin tiene que ser también mostrar su propio sistema de exhibir y pensar el arte. Es una obra cuya reescritura en todo caso se da hacia adentro, en capas de diálogo entre imágenes y procesos y no a partir de una intervención externa (curatorial/museística) que la desorganice.
es loco ilustrar un posteo con obra de flavia porque hace 10 años todos los posteos y todas las revistas y cualquier comentario sobre la imagen digital estaba ilustrado con obra de flavia... y si bien retomar un soporte es retomar irremediablemente el contenido de ese soporte, creo que la suya es una obra que ya está afuera del tiempo, una obra increíble
Flavia Da Rin. Sin título de la serie “El misterio del niñ0 muerto”, 2008.
Artistas: Eduardo Basualdo, Flavia Da Rin, Marina de Caro, Carlos Huffmann, Adrián Villar Rojas Dónde: Centro Munar, sala La Cantina Curador: Carlos Herrera Título: Morir en el intento Fechas: 12 de mayo al 23 de junio de 2018
Texto, galería de imágenes y links
Parado de cara a la pared ya no rezo: Tierra limpia, piedras, mar, tierra húmeda. Lavar las partes íntimas. Nos encontramos en el abismo, vos sin orejas, yo sin boca.
Esa mañana fuimos junto a mi padre y mi hermano a cortar dalias a un campo que a dos kilómetros de mi casa quedaba. No había dudas de que la presencia de un drama acompañaría la caliente mañana y el futuro de mi vida y mis pensamientos. Ciento veintitrés docenas de frágiles dalias cantaban con hueca gravedad al ser cortadas con cuchillos dentados: cloc, cloch, crog. Una gota de agua ardida que en la piel quemaba daba cuenta de un recuerdo que al fin comenzaba. La espalda frotada de cargarlas, las manos marrones al cortarlas, un sabor amargo en la boca y en la noche dos poemas que pensé: Las flores muertas, los padres muertos. Se sacó los ojos para dormir y con su oreja trabó la puerta. Le salió una gota de la nariz y un pajarito se la robó.
Recuerdo el amargo olor de aquel rancho, el marrón de las botellas, sus etiquetas, los zapatos, guantes, las camisas y pantalones de quienes trabajaban en el campo. En el último estante de aquella repisa/vestidor, se encontraban las pieles de serpientes que cuereadas habían sido guardadas y un viejo pesebre de madera que hacía de resguardo de las mismas al estar sobre ellas capturando un tiempo y una ecuación nuevamente extrañada y real: Pared de piedra o adobe, o cualquier otra cosa al alcance. Una inmersión bajo la canilla. Largo pelo negro flota, ama y llora.
Una fuerza extrañada pero real comienza a hablar de la vida de los humanos, de nuestras preocupaciones, del sentido de nuestros rictus para vivir y producir: No lloraré, frotaré mis manos y cabeza. Rezaré inmediatamente. Me pediré el día, me pediré la vida y romperé el reloj.
Carlos Herrera
Galería de imágenes
Fotos: Rodrigo Reinoso
Links Eduardo Basualdo Flavia Da Rin Marina de Caro Carlos Huffmann Adrián Villar Rojas Centro Munar
Morir en el intento. Eduardo Basualdo, Flavia Da Rin, Marina de Caro, Carlos Huffmann, Adrián Villar Rojas Artistas: Eduardo Basualdo, Flavia Da Rin, Marina de Caro, Carlos Huffmann, Adrián Villar Rojas Dónde: Centro Munar, sala La Cantina…
Flavia Da Rin
Sin título (Codreano/Delaunay 2), 2014
Inkjet sobre papel
24 x 16,46 cm
Colección de la artista, Buenos Aires.
Parte de la exposición El teatro de la pintura. Artistas argentinos en diálogo con Sonia Delaunay, del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires.
Artista: Flavia Da Rin Título: Terpsícore entreguerras Dónde: Ruth Benzacar Fechas: 13 de agosto al 19 de septiembre de 2013
Galería de imágenes, texto y links
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Texto
El cuerpo de la transgresión
Galería Benzacar, agosto de 2014. Flavia Da Rin nos enfrenta a un vuelco inesperado. La escala se redujo, se retiró el color, y con él la estridente y fantasiosa parafernalia que tan bien conocíamos y cuya memoria torna sorprendente la concentración casi ascética de estas nuevas escenas.
Sí, las evidencias visuales son muchas, pero importan en tanto encarnan un verdadero desplazamiento conceptual. Por primera vez, la fotografía, más que soporte, se convierte en referente. Es la fotografía documental moderna la que alienta este nuevo lenguaje monocromático y sucinto. Más aún: por primera vez, la obra de Flavia Da Rin apunta hacia el pasado. Porque antes la historia del arte entraba como uno más de los códigos erradicados que la cultura posmoderna combina libremente en tanto los ha vuelto signos equivalentes de un eterno presente. Tenemos razones para sospechar, incluso, que esta nueva serie pone un freno a esa lucha desenfrenada contra la obsolescencia a la que estamos sometidos.
La feminidad sigue siendo su tema. Pero en la obra anterior se trataba del estereotipo de la Young-Girl, que no es ni necesariamente joven ni una chica, sino el modelo del ciudadano consumidor *. Flavia Da Rin deja de encarnar las mil caras de ese personaje ubicuo y se mete en los registros históricos de mujeres reales. Lizica Codreanu, Giannina Censi, Mary Wigman… todas ellas podrían ser también un único personaje que atraviesa décadas y países, pero la ficción es aquí relativa pues no hace más que jugar a unir los matices de un mismo proceso, de un mismo conflicto.
Es sospechoso el silencio que recubrió el rol de las mujeres en las vanguardias históricas. Si en el escenario principal, el acto de destrucción del “gran” arte, era ejercido por sus legítimos dueños, ellas poseían la llave de una bambalina trasera. Transgrediendo las reglas del ballet (el deber del decoro asignado a las mujeres en el teatro social), ellas pusieron el cuerpo, no solo en medio de las maquinarias futuristas y las máscaras expresionistas, no solo en medio del absurdo dadaísta y de las geometrías constructivas, sino también, como Valeska Gert, en lugares extremos que la historia de la cultura registraría décadas más tarde, como el grado cero del acto conceptual o el crudo exhibicionismo del movimiento punk.
Flavia Da Rin les rinde homenaje en el mejor sentido. No se trata de “reversionar” una fotografía encontrada sino de volver a encarnar una experiencia. La posproducción digital, que en la obra anterior era un lenguaje, vuelve a ser aquí solo una herramienta, un medio. Todo lo importante se dirime en la aventura teatral: el esfuerzo de las poses, los diálogos entre el cuerpo, el espacio y los objetos, el diseño de vestuarios, la composición escenográfica.
Aquellas situaciones pueden volver a ser vividas porque hay un documento, un rastro material del pasado, porque no todo ha sido absorbido por la cultura del simulacro y la hipermaquinaria del eterno presente. La producción de Flavia ha sido siempre intensa y alegre, pero ésta lo es más. “Es su obra maestra”, pensé ayer. Después, ahuyenté ese pensamiento para dejar que en el futuro sus imágenes me sigan desafiando.
Valeria González
Links: Flavia Da Rin Ruth Benzacar Galería de Arte
Terpsícore entreguerras. Flavia Da Rin @ Ruth Benzacar Artista: Flavia Da Rin Título: Terpsícore entreguerras Dónde: Ruth Benzacar Fechas: 13 de agosto al 19 de septiembre de 2013…