Granada-Capitulo 4: Fleur
Lafitte estaba impresionado con la cantidad de hectáreas en poder de los Mercieur, sabía que era un buen negocio venir a la isla principalmente porque no tenía un buen trabajo en Francia, pero nunca pensó que esto sería tan bueno. Recorrió la mayor parte de las plantaciones, observo con detenimiento el trabajo de los hombres que dirigiría de ahora en adelante. Su cabeza ya comenzaba funcionar. Como siempre lo acompañaba su jefe y amigo, que no dejaba de dar órdenes a sus esclavos. August después de dirigir los movimientos de sus hombres miro con una amplia sonrisa a Lafitte. -¿Qué te parecen mis tierras?- miro los sembradíos sin quitar su expresión de satisfacción – Impresionantes ¿no?- Ralph asintió– pero te traje acá por una razón mayor, quiero exportar gran parte de mis cosechas a Francia- Ambos hombres entraron en el almacén y se sentaron de frente a un escritorio, era el lugar donde August realizaba sus negocios más importantes y muchas veces donde amenazaba a los que no querían seguir sus reglas.
-No quiero dinero de la corona, no quiero que mis frutos sean para ellos y si para eso debo dejar de producir para esta isla, lo hare- su mirada fue tan intimidante para Lafitte que no pudo evitar temblar – Claro, tampoco puedo ser tan obvio y es ahí donde entras tu mi querido amigo, quiero que…quiero que hagas que el patético gobierno de Granada no se dé cuenta de mis planes– Un silencio se apodero de la escena. La idea de August era inescrupulosa pero Lafitte estaba en la isla por una razón y ya no podía retroceder. Pensó por un instante como queriendo ordenar todas las ideas que en su cabeza daban vueltas. -Es imposible encubrir una situación como la que planteas, si no vendes parte de lo que produces en Granada sería muy obvio – Respiró profundo – puedes vender lo suficiente en la isla para no levantar sospecha y para importar sería mucho más complicado se necesitarían hombres, embarcaciones y ser sigilosos- August escucho todo lo que le dijo el experto en la materia y luego sonrió levemente. -Por hombres, embarcaciones y dinero no te preocupes- su ego comenzó a crecer – soy el hombre con más influencia sobre la isla, deberías saberlo – miro a su amigo y le dio un golpe a la mesa –perfecto, tendrás todo lo que necesitas la próxima semana – Mercieur estiro su cuerpo, parecía contento y decidido a lograr lo que quería, para él era una de las maneras de acabar con el dominio ingles en la isla. De la nada Lafitte cambio la conversación de una forma radical, era como si una duda lo estuviese asechando y no podía aguantar más su enorme curiosidad. -August ¿Qué pasara con Fleur?- Solo mencionar ese nombre basto para cambiar la expresión de Mercieur, la conversación se torno incomoda. Fue evidente que había cometido un muy grave error. -No quiero que vuelvas a mencionar ese nombre – le dijo August que se levanto de ipso facto y lo apunto amenazándolo – ¡no te atrevas a volver a mencionarlo y mucho menos en frente de mi mujer ¿entendiste?!- El silencio y la expresión en el rostro de Ralph le dejo muy claro a un enojado August que ese error no volvería a pasar. Salió del almacén como un toro apunto de envestir algo. Fue el seco golpe de la puerta lo que le hizo entender al consternado Lafitte que su jefe, para su tranquilidad, se había ido. Llevo sus manos a la cabeza, no creía lo que paso hace unos segundos, fue tan estúpido de su parte mencionar aquel nombre. El largo periodo que ambos pasaron en Francia le sirvió a él no solo para conseguir gracias a Laffite un nuevo trabajo, también tuvo tiempo de conocer a August lo suficiente. Fleur era su hermana. La primera vez que ella y August cruzaron miradas fue cuando él buscaba a Ralph para conversar acerca de negocios y fue obvia la conexión entre ambos. Fue como la explosión de un cañón y es que ambos tenían una personalidad explosiva. Luego de ese encuentro vinieron coqueteos, juegos, besos, otros encuentros furtivos. Parecían estar felices juntos sin embargo Mercieur era un hombre casado y no solo eran pocos los días que pasaría en Paris. Fleur quedo sola, como si esos momentos de felicidad que tuvo fueron temporales, como si solo fuera una probada de algo llamado amor. ¿Qué pasaría con ella? ¿August solo la olvidara como quizás ha olvidado a muchas otras mujeres? Lafitte sabía que su hermana estaba sufriendo como muy pocas personas y era algo que no quería. No quería seguir sabiendo que su hermana sufría día a día por un hombre que no valía la pena.









