Korra Aura by Stanley ‘Artgerm’ Lau

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Korra Aura by Stanley ‘Artgerm’ Lau
Heather Mason - Silent Hill 3
This is exactly what it looks like :) Next session we’re finishing the shading and adding a quote. I’ve loved Harry Potter for 14 years, and now I have a piece of the story with me forever.
From a distance, Yang Yongliang’s sculpture looks like a large, upside down cigarette. But a close inspection shows that the ashen tip depicts a city.
Squall ♥ Rinoa
Erza ♥ Gerard. o///o Fairy Tail.
Granada 7.- Embarazo
Los días pasaban con rapidez en Granada, aquella isla Tropical donde el amor es exótico y donde la araña de la traición silenciosa teje su dolorosa trampa.
Lafitte hacia su trabajo, August preparaba su viaje, Ramona vivía los días más duros de su vida. Elizabeth por su parte se creía la mujer más afortunada del mundo, era una de las mujeres más importantes de la isla, tenía el hogar de sus sueños y al amor de su vida, no solo eso, al parecer algo más hermoso venia en camino. Tenía las sospechas de que estaba embarazada, sin embargo no quería decir nada para no arruinar la sorpresa.
Citó a un doctor francés que tenia nuevos métodos, efectivos, para detectar un embarazo. Elizabeth sería capaz de pagar lo que sea y someterse a cualquier tipo de examen con tal de confirmar sus sospechas. Pensaba que la vida le regalaba una de las cosas que siempre quiso y espero, un hijo.
El día para la cita coincidía con un día de trabajo para August, así que era el escenario perfecto para realizar el examen sin que el hombre se diera cuenta de la situación.
El doctor fue puntual, llego a la hora que Elizabeth pidió que llegara. Era un hombre bajo y blanco con unas pronunciadas cejas, no llevaba nada que lo identificase como doctor ha excepción de un maletín muy típico de los doctores de la época.
El hombre examino a Elizabeth en uno de las habitaciones de huéspedes, una manía de la mujer ya que no le agradaba que ningún hombre que no fuera su esposo entrara en su cuarto, ni siquiera para una simple exanimación como aquella.
-¿Es lo que sospecho doctor?- fue lo que se escucho después de un buen rato en la sala. Con paciencia el doctor le dio su veredicto.
Esa tarde estuvo silenciosa hasta que el especialista salió de la recamara sin compañía. Cuando se disponía a cruzar el salón principal de la casa miro como cautelosamente se le acercaba alguien por su espalda.
-¿Es usted el doctor que cuida de la Señorita Elizabeth?-
El doctor se dio la vuelta para mirar a la negra de gran tamaño que lo miraba con curiosidad, era Rosa que demostraba un notable interés por el hombre. Éste la miro con ímpetu.
-Sí, algo así ¿Por qué la pregunta?-
Rosa se acerco mucho más al hombre y le hablo algo entre los dientes que el doctor a penas pudo entender.
-Disculpe pero ejerzo mi profesión por un precio y le aseguro que usted siendo una esclava no va a poder pagarlo, nunca – soltó una risa burlona a la que Rosa hizo caso omiso pero lo siguió mirando de una manera penetrante como si leyera sus pensamientos.
-Si usted se hace llamar medico es porque quiere ayudar a los que más lo necesitan y yo lo necesito – el hombre no pudo quitarse esa mirada llena de carácter - Se que su alma es bondadosa y sé que es buen hombre ¿o no? Debe demostrarlo-
El doctor la miro y soltó un gran suspiro, odiaba cuando las personas cuestionaban su ética profesional y sí, se había convertido en medico para ayudar a los más necesitados.
-Está bien, ya que estoy acá puedo hacerle el favor-
-Muchas gracias – Sonrió Rosa complacida y feliz por haber logrado que el médico le ayudase – solo necesito confirmar algo-
Ambos recorrieron gran parte del patio de la hacienda Mercieur hasta llegar a las barracas donde hallaron a una pálida y muy cansada Ramona. El doctor capto de inmediato lo que sucedía con solo mirar a la joven. Miro a Romana con incertidumbre.
-Ella…esa chica, está embarazada-
Esas palabras fueron como rocas en el estomago de Ramona. Rosa por su parte no se sorprendió ni un poco.
Al cabo de un rato August llego a la hacienda, el doctor ya no estaba. Cruzo el salón principal y subió las escaleras con fuerza como si quisiera romper todo a su paso. Entro al cuarto principal que estaba sumamente ordenado, como si todas las cosas tuvieran un lugar especial en el. En la cama se encontraba sentada Elizabeth.
-August amor – le dijo con ternura pero el hombre parecía agitado, no dejaba de buscar algo entre sus cosas.
-August…-
-Ahora no-
Saco una maleta y la coloco en la cama. Elizabeth se extraño por el comportamiento de su esposo pero no dejo de insistir en captar su atención, algo que no lograba. Cansada de que su esposo la ignorara alzo la voz y en un grito exclamo.
-¡Estoy embarazada!-
Las sensaciones que te da esta pieza es simplemente inexplicable.
The sensations that gives this piece can't be explained
Granada 6 .- Secreto Revelado
Gritos de angustia y dolor se escuchaban en una de las barracas. Uno de los esclavos de los Mercieur traspaso los límites de la hacienda y fue recibido con una bala de los vecinos. Ramona que tenia conocimientos en la medicina natural intentaba extraer la bala y suturar la herida mientras colocaba en la herida una pasta hecha con hierbas machacadas. El dolor que sentía Juan era evidente por sus quejidos.
-Has sufrido cosas mucho peores Juan, deja de quejarte- exclamo Ramona que no parecía preocupada.
Ellos se conocían desde la infancia, ambos se criaron en la hacienda, ambos como esclavos. Con el paso de los años Ramona se hizo adicta a estar con Juan hasta el punto de sufrir cuando no lo tiene cerca.
-Cierto, soporto cosas mayores y tu siempre me curas. No debo ser malcriado como un niño blanco- Él le sonrió y ella no pudo evitar devolverle la sonrisa.
- Pero no estés buscando tu muerte por todos lados- Ramona intento decirlo lo más seria posible sin embargo la sonrisa de Juan aún se reflejaba en su rostro, ella volvió a sonreír. El amor logro convertir la escena en algo romántico a pesar de lo angustioso que era antes. Juan la tomo por la cintura y la acerco a él para besarla pero justo antes de que los labios se juntaran alguien entro.
-¡Ramona, Ramona!- grito el indiscreto. -¿Qué pasa?- le respondió ella algo alarmada y a la vez molesta por el mal momento en que había aparecido aquel sujeto. -Tengo que decirte algo, es sobre el patrón, seguro a la señora Elizabeth le gustara saber- Tanto Juan como Ramona pusieron atención a lo que les trataba de decir. Al principio la joven fue incrédula a lo que sus oídos escuchaban pero le creía más a aquel hombre que a las palabras de Mercieur, aún cuando Elizabeth le contaba maravillas sobre él, para ella eran puras patrañas. A pesar de ser una criada Ramona creo grandes lazos con Elizabeth, ella la consideraba como una hermana de corazón. Estuvo confundida por muchos días, debido a lo que sabía. En su mente debatía en si era correcto o no decirle a Elizabeth lo que su esposo, su amor, su todo, se iría de la isla por otra mujer. Observo las mañanas, tardes y noches llenas de mentiras, de falsas promesas creadas por una sola persona, August. Le daba asco mirar como aquel, si se puede catalogar de esta manera, hombre engañaba a una hermosa e inocente mujer, sí, porque a pesar de sus años Elizabeth era incrédula. Un día, cuando Elizabeth se probaba uno de los vestidos que usaría en una fiesta a donde los Mercieur fueron invitados y Ramona la ayudaba no solo a colocárselo si no a darle consejo de cual le quedaba mejor, la joven morena decidió decirle la verdad. -Me disculpa por hablarte a usted de esta manera pero no podía callarlo más- Elizabeth la miro asustada pero aún así no sospechaba nada de lo que en realidad pasaba. -El amo, el señor August planea dejarla sola mi señora- lo dijo con tanta rapidez que se quedo sin aire – Se ira de la isla para estar con otra mujer, a usted no la ama y perdone que le diga pero para mi nunca lo ha hecho- La primera reacción de Elizabeth fue soltar un bufido, no creyó ni la más mínima palabra que salió de la boca de su sirvienta. -Eres tan estupida- Le respondió. Esas palabras fueron tan extrañamente dolorosas para Ramona que no pudo dejar de hablar. -¡ES LA VERDAD ELIZABETH!- -Tú me llamas señora Elizabeth- la miro fijamente reprendiéndola -¿Cómo te atreves a hablarme así y decir patrañas de mi esposo? Soy la dueña de esta casa, tu una simple sirvienta- - Yo solo hablo con la verdad- Se miraron una a la otra por primera vez con rabia, como si fueran enemigas de toda la vida y a la vez ambas dolidas ya que en el fondo se apreciaban una a la otra. -¡Sal de mi casa, no quiero que pongas un pie en ella!- la amenazo con el dedo. Ramona estaba siendo echada de la hacienda de los Mercieur-¡ve a la barraca que es a donde perteneces, veré luego que hacer contigo!- Elizabeth sentía un hoyo en su corazón, sabía que estaba actuando de una mala manera y que nunca en la vida ella pensó que sería tan agresiva e insensible pero es que odiaba cuando alguien se metía con la persona que más apreciaba y amaba en su vida y ese era su esposo. Ramona no se había movido un centímetro, su cuerpo estaba entumecido, no quería responder a lo que ella deseaba hacer. -¿Qué esperas? ¡Vete!- grito con firmeza Elizabeth. La esclava obedeció una vez más, como tenía que hacer todo el tiempo. Se sentía tan patética, tan poca cosa, al fin y al cabo no era más que una esclava. Alguien sin presencia, sin voz ni voto.
La carta que no quiero que leas
Las siguientes palabras no son solo palabras vacías, estas cargadas de sentimientos, empapadas de amor. No recuerdo el día en que nos conocimos, ni cuanto ha pasado desde entonces. Probablemente es porque cuando estoy contigo el tiempo pasa tan rápido como lento. A todo esto te preguntaras porque te escribo todo esto, ni yo lo sé. Quizás es mi necesidad de decirte lo que siento en forma de verso. Yo no tengo la más mínima idea de si este tipo de dedicatorias te agraden o si eres una de esas personas que ven esto como una tontería pero solo quiero que sepas que la escritura es mi “idioma”. Me he enamorado de ti o quizás no, solo tú juzgaras al final de esta carta. Desde los momentos más cortos a los más largos, aunque hablemos y hagamos tonterías o aunque solo invente una estupidez para tratar de hacerte reír, disfruto estar a tu lado, disfruto hacerte feliz o al menos intentarlo. Por cierto esa es una de las cosas que más me gustan de ti, no te importa reír, no te cuesta dar una sonrisa, sonrisa siempre sincera. Tu voz que para mucho es irritante para mí es un aliento. Cada instante que la oigo me sacas una sonrisa. ¿Has notado que necesito saber de ti? Conocerte, saber de tu vida y es que a veces solo quisiera hablar de ti porque me importas. No se siquiera como describirte, eres tan diferente a mí. Siempre creí que las personas como tú nunca estarían cerca de mí. Eres alegre y yo tan aburrido, tan insignificante. Dicen que la costumbre es más fuerte que el amor ¿Sera que solo es la costumbre de estar contigo todos los días la que me hace extrañarte? Pero si es así ¿Por qué busco una excusa para hablarte, una excusa para llegar a ti? He luchado contra mí mismo para poder aguantar tu presencia sin hacer alguna locura. ¿Por qué simplemente no me alejo de ti? No puedo, no soy lo suficientemente fuerte para alejarme de ti porque me duele estar lejos, porque me duele no tenerte cerca, porque te necesito. Tengo que aprovechar esta dedicatoria para pedirte perdón, perdona mis tonterías y las situaciones incomodas por las que te he hecho pasar, no soy perfecto aunque me gustaría serlo para ti. Sigo con mis cosas… En mis sueños te veo junto a mí, en mis sueños tus labios muchas veces son míos y no solo tus labios, algunas veces tú eres mía. Si, si estoy enamorado… ¿Entonces porque simplemente no voy hasta ti? Tengo a alguien más a quien amar. ¿Qué sería de nosotros si de verdad intento tener tu corazón? Tengo miedo, miedo de que nuestra relación cambie, miedo de que pueda arruinar tu vida, tus planes, tus sueños y todo por lo que has luchado hasta ahora. ¿Cómo? No lo sé pero muchas veces el miedo es ciego. Estas últimas palabras son para ti desde el fondo de mi corazón. Para mi eres una de las personas más hermosas que conozco. Una de las pocas que me ha hecho sentir amor. Nunca cambies porque a pesar de que te digo que eres a veces muy alegre, esa es una de las cosas que te hace especial. No dejes de sonreír por nada del mundo y sigue luchando por tus sueños. Te deseo y siempre te deseare lo mejor, siempre estaré pendiente de ti y velare desde donde este por ti. Esta solo es una “carta” para decirte que te amo. Aunque al final de todo son solo palabras.
PD. Esta dedicatoria se llama “La carta que no quiero que leas” porque quizás si lo haces no me veas como el amigo que ahora soy.
-?- Capitulo I
Se preguntaran porque el extraño titulo, en realidad la siguiente historia no tiene un titulo, ni siquiera los capítulos tienen nombre y es que es un completo misterio, hasta para mi que fui el que la escribí pero de igual manera espero que les guste.
Capitulo I.
Corría desesperadamente hacia la salida de esta maldita casa. Logre escapar del primer cuarto cuando escuche un grito. Algo me detenía, quería volver.
Voltee hacia atrás…
Una enorme sombra se posaba sobre ella, parecía estar devorándola ¿Qué clase de animal es ese? No pude hacer nada, su alma se había ido, no podía creer lo que estaba ocurriendo, una de las amigas de mi infancia se esfumaba.
-¡¡¡¡¡SUSAN!!!!!-
Un desgarrador grito retumbo, mire a mi lado. Henry parecía destrozado, Susan era su hermana.
El demonio comenzaba a ir hacia nosotros con risas y gritos que producía terror en mí, sentí que alguien me jalaba el hombro, Lea intentaba hacerme reaccionar.
-¡Tenemos que irnos, vamos, vamos!-
Trataba de llevarme por si sola pero yo era muy pesado para ella, mire a Henry que gritaba con algo de ira y corría hacia el demonio para intentar salvar a su hermana, vaya tontería está haciendo…
-¡Estás loco, tu también morirás!- Fue lo único que le pude decir, no pude evitar sentir un dolor en mi pecho, él era mi mejor amigo y no quería verlo morir al igual que Susan - ¡NO!-
Ahora alguien tiraba de mi oreja, trate de abrir los ojos y subí la mirada para ver lo que pasaba, eran Susan, Lea y Henry mis mejores amigos trataban de despertarme, al parecer solo fue un sueño.
-Hey te has perdido la película-dijo Susan sonriente.
La mire aun impresionado, mi respiración era entre cortada, podía sentir bajar el sudor por mi cuerpo. Fue tan real.
Pase una de mis manos por mi rostro como si eso ayudara a aclarar mi mente, mire al techo de la habitación donde me encontraba y fue cuando recordé que era una pequeña reunión en la casa de Henry para ver una película.
-Tranquilo amigo no te has perdido de nada bueno, la típica película de Romeo y Julieta- Henry bromista como siempre.
Observe a Lea que me miraba con algo de angustia, les hice una seña con mi mano para que me dejaran respirar un poco, tenerlos tan cerca me sofocaba. Se alejaron sin quitarme los ojos de encima.
-Estoy bien, me quede dormido, creo que estaba un poco cansado- les dije restándole importancia a la situación.
De todos los chicos, Lea parecía la más molesta, siempre se preocupaba mucho por sus amigos, a veces pienso que no puedo tener una mejor amiga que ella, luce tan tierna, su cabello oscuro, con sus graciosos ojos marrones y su piel tostada. Era agradable.
-¿Por qué no nos dijiste que estabas cansado? Te ves enfermo, si quieres podemos cuidarte o…- me dijo viéndome con sus grandes ojos
-¿Eh? Habla por ti nada mas- le dijo Susan, la cual era una chica que no lucia tan tierna, pero tenía muy buenos atributos físicos, su cabello largo ondulado marrón le llegaba hasta su delgada cintura. Tenía unos hermosos ojos verdes y su linda piel blanca la hacían parecer una flor.
-Vamos, vamos, ya cálmense, aunque la verdad hermanita es que hubiera preferido jugar al doctor que ver esta película- Henry se rio airadamente y miro a su hermana la cual no parecía estar muy feliz por ese último comentario.
Henry era el típico payaso de la clase pero para su pesar siempre fue visto como el hermano de Susan y no como él. Ellos eran mellizos y hermanos inseparables a veces demasiado.
Pero a pesar de los intentos por no preocuparme y los gestos graciosos que mis amigos hacían no dejaba de pensar en aquel sueño. Mi cabeza me dolía, tenía una extraña sensación, realmente no me sentía bien.
Me levante lo más rápido que pude y luego mire a los chicos, en aquel momento desee que el tiempo se detuviera tenía el presentimiento de que algo malo sucedería.
-Chicos debo irme, lo siento- les dije sin dar explicación alguna pero tan rápido como lo dije Lea tomo mi hombro justo como lo hizo en el sueño. Un escalofrió recorrió mi cuerpo en aquel momento.
“Tenemos que irnos, vamos, vamos”
-¿Qué?- agite mi cabeza para tratar de alejar los pensamientos extraños
-Que si quieres te acompaño-
La mire sin comprender lo que sucedía, estaba seguro de que escuche decirle otra cosa. Esto comenzaba a preocuparme más de lo que esperaba.
-No te preoucu…-
-Por favor me sentiré mejor si te acompaño-
-Está bien- le asentí y mire a los gemelos – disculpen no quería arruinar el día-
-Bah, no te preocupes no es nada- dijo Henry con su típico tono despreocupado
Asentí con la cabeza, era una manera de agradecerle su compresión, de la nada una ráfaga de frio se coló en mi columna y por algún motivo mis ojos, ahora desorbitados, fueron a parar a los de Susan. Ella me miraba dándome una sonrisa amigable, una sonrisa que fue tornándose escalofriante, macabra, era la misma sonrisa del demonio de mi sueños.
Me exalte tanto que asuste a Lea, mis ojos fueron de nuevo a Susan pero ya no tenía esa sonrisa espeluznante ahora era una cara de preocupación.
-¿Tengo algo? – me pregunto asustada, yo solo pude negar con mi cabeza y comenzar a salir de la casa.
No podía estar más tiempo allí, no sé qué estaba pasando. Estaba desesperado y mi forma de caminar por la calle lo demostraba. A lo lejos escuchaba los gritos de Lea esperando que me detuviera pero tenía miedo, tenía miedo.
Nunca tuve una sensación como aquella, sentía que me observaban, el frio me embargaba, comenzaba a temblar y un dolor muy fuerte de cabeza me impedía pensar con claridad. Todo comenzó a oscurecerse, ya no escuchaba a Lea, mi cuerpo comenzaba a pesar.
No sé a dónde iba, mis oídos comenzaban a oír algo extraño, una especie de risa…esa risa ¡NO ESA RISA, NO MÁS, NO POR FAVOR!
Lleve mis manos a mis oídos para taparlos y corrí desesperadamente, cuando mire al frente una demoniaca aparición hizo que me desplomara.
Todo fue oscuridad.
Granada: 5.-¡Que comiencen los "negocios"!
Una semana paso desde que August amenazo a Lafitte, desde hace una semana no se dirigían la palabra y no pasó más de ese tiempo porque los planes de exportar productos a Francia iban viento en popa.
Hombres en carretas llevaban los sacos, cajas y barriles a embarcaciones, para no levantar sospechas esperaban a la madrugada, cuando todos dormían. Un hombre salió de la nada y se acerco al encargado.
-¿Lograste informar a nuestros negociantes en Francia que la embarcación saldría hoy de Granada? – August miro a Ralph que lucía mucho más tranquilo ahora que su amigo le volvía a hablar con respeto.
-Sí, ellos están en pleno conocimiento de nuestros movimientos-
Mercieur asintió complacido y luego con un gesto llamo a Lafitte para que lo acompañara. Ambos hombres se fueron a un lugar apartado, parecían que tramaban más que solo negocios.
-Me dieron la primera parte de la ganancia, no te dirá la cifra porque sencillamente es abismal – sonrió con picardía – me iré de Granada – agrego de la nada.
Lafitte no comprendió al instante, ¿irse de Granada? Si solo llegaron hace medio mes y los negocios ya estaban planeados ¿Qué pasaba por la mente de este hombre?
-¿Te iras de Granada? No entiendo ¿no es esta la isla de tu corazón? –
August soltó una carcajada que hizo asquearse a Lafitte, su amigo no le parecía para nada gracioso. Cuando se dispuso a responderle un esclavo logro escuchar parte de la conversación y se escondió por los matorrales.
-Era, pero ha cambiado demasiado en estos cinco años-
-¿Qué esperabas? Nada puede ser igual, siempre tiene que haber un cambio con el paso del tiempo –
-No tan drástico, el punto es que con el dinero que me estoy logrando ganar de todo este negocio iré a vivir con Fleur –
Fue cuando Lafitte entendió todo, vino acá solo a conseguir dinero, no por su tierra, no por sus amigos, ni siquiera por la esposa que lo espero con vehemencia todos estos años. Lo único que le importaba era tomar todo lo el dinero e irse a vivir con su hermana.
Era despreciable, aun cuando era a su hermana a la que había preferido.
-Yo pensaba que amabas a tu esposa, ¡me hablabas maravillas de ella y al conocerla me di cuenta que es casi perfecta! –Trato de tranquilizarse pero no lo lograba – creía que mi hermana era un simple capricho ¿sabes que destrozaras a Elizabeth con esto? –
-¡Tonterías! Seguro que se acostumbro a vivir sin mí durante todo este tiempo en el que falte-
-¿De verdad la dejaras por otra mujer? ¡¿Por mi tonta hermana?! –
Lo siguiente que supo Lafitte es que de alguna manera llego al suelo, miro a August confundido no entendía que había pasado. Después de unos segundos se percato que lo habían golpeado y ¿Quién mas puedo ser si no aquel hombre que miraba?
-¡Cállate, no hables así de ella!- August se agacho para mirarlo mejor – déjame ser yo el que le diga a mi esposa, además te conviene porque te dejare todo a cargo, eso si, mis planes siguen como he dicho que tienen que seguir –
Se levanto golpeo la tierra con la punta del zapato, el polvo que levanto fue a parar al rostro de Lafitte que se quedo acostado.
Todo lo que sucedio fue presenciado por un esclavo que trabajaba en la hacienda de los Mercieur y que no espero otro segundo para correr a ella.
“Esto debe saberlo Ramona, tengo que decírselo a toda costa”
Granada-Capitulo 4: Fleur
Lafitte estaba impresionado con la cantidad de hectáreas en poder de los Mercieur, sabía que era un buen negocio venir a la isla principalmente porque no tenía un buen trabajo en Francia, pero nunca pensó que esto sería tan bueno. Recorrió la mayor parte de las plantaciones, observo con detenimiento el trabajo de los hombres que dirigiría de ahora en adelante. Su cabeza ya comenzaba funcionar. Como siempre lo acompañaba su jefe y amigo, que no dejaba de dar órdenes a sus esclavos. August después de dirigir los movimientos de sus hombres miro con una amplia sonrisa a Lafitte. -¿Qué te parecen mis tierras?- miro los sembradíos sin quitar su expresión de satisfacción – Impresionantes ¿no?- Ralph asintió– pero te traje acá por una razón mayor, quiero exportar gran parte de mis cosechas a Francia- Ambos hombres entraron en el almacén y se sentaron de frente a un escritorio, era el lugar donde August realizaba sus negocios más importantes y muchas veces donde amenazaba a los que no querían seguir sus reglas.
-No quiero dinero de la corona, no quiero que mis frutos sean para ellos y si para eso debo dejar de producir para esta isla, lo hare- su mirada fue tan intimidante para Lafitte que no pudo evitar temblar – Claro, tampoco puedo ser tan obvio y es ahí donde entras tu mi querido amigo, quiero que…quiero que hagas que el patético gobierno de Granada no se dé cuenta de mis planes– Un silencio se apodero de la escena. La idea de August era inescrupulosa pero Lafitte estaba en la isla por una razón y ya no podía retroceder. Pensó por un instante como queriendo ordenar todas las ideas que en su cabeza daban vueltas. -Es imposible encubrir una situación como la que planteas, si no vendes parte de lo que produces en Granada sería muy obvio – Respiró profundo – puedes vender lo suficiente en la isla para no levantar sospecha y para importar sería mucho más complicado se necesitarían hombres, embarcaciones y ser sigilosos- August escucho todo lo que le dijo el experto en la materia y luego sonrió levemente. -Por hombres, embarcaciones y dinero no te preocupes- su ego comenzó a crecer – soy el hombre con más influencia sobre la isla, deberías saberlo – miro a su amigo y le dio un golpe a la mesa –perfecto, tendrás todo lo que necesitas la próxima semana – Mercieur estiro su cuerpo, parecía contento y decidido a lograr lo que quería, para él era una de las maneras de acabar con el dominio ingles en la isla. De la nada Lafitte cambio la conversación de una forma radical, era como si una duda lo estuviese asechando y no podía aguantar más su enorme curiosidad. -August ¿Qué pasara con Fleur?- Solo mencionar ese nombre basto para cambiar la expresión de Mercieur, la conversación se torno incomoda. Fue evidente que había cometido un muy grave error. -No quiero que vuelvas a mencionar ese nombre – le dijo August que se levanto de ipso facto y lo apunto amenazándolo – ¡no te atrevas a volver a mencionarlo y mucho menos en frente de mi mujer ¿entendiste?!- El silencio y la expresión en el rostro de Ralph le dejo muy claro a un enojado August que ese error no volvería a pasar. Salió del almacén como un toro apunto de envestir algo. Fue el seco golpe de la puerta lo que le hizo entender al consternado Lafitte que su jefe, para su tranquilidad, se había ido. Llevo sus manos a la cabeza, no creía lo que paso hace unos segundos, fue tan estúpido de su parte mencionar aquel nombre. El largo periodo que ambos pasaron en Francia le sirvió a él no solo para conseguir gracias a Laffite un nuevo trabajo, también tuvo tiempo de conocer a August lo suficiente. Fleur era su hermana. La primera vez que ella y August cruzaron miradas fue cuando él buscaba a Ralph para conversar acerca de negocios y fue obvia la conexión entre ambos. Fue como la explosión de un cañón y es que ambos tenían una personalidad explosiva. Luego de ese encuentro vinieron coqueteos, juegos, besos, otros encuentros furtivos. Parecían estar felices juntos sin embargo Mercieur era un hombre casado y no solo eran pocos los días que pasaría en Paris. Fleur quedo sola, como si esos momentos de felicidad que tuvo fueron temporales, como si solo fuera una probada de algo llamado amor. ¿Qué pasaría con ella? ¿August solo la olvidara como quizás ha olvidado a muchas otras mujeres? Lafitte sabía que su hermana estaba sufriendo como muy pocas personas y era algo que no quería. No quería seguir sabiendo que su hermana sufría día a día por un hombre que no valía la pena.