Mis hongos
Esta mañana se despertó a las 7 am con canciones chilenas en la cabeza, pero cuando miró por la ventana era otro país y era otra gente.
Era un día lluvioso, y a ella le encanta la luz que hay en el patio trasero cuando está nublado. Es un patio feo, descuidado, extremadamente húmedo y sombrío... como tenebroso. Sin embargo su afición por dedicarse largos ratos a mirar patios traseros y lo que intuye que los demás no quieren que se vea, hace que se quede. Este patio tiene un encanto de medioriente decadente. Crecen hongos que se transforman en plantas arrastrándose por la paredes grises y descascaradas. “Seguro son los pensamientos que no queremos ver de frente y tampoco limpiarlos... porque cuando algo está realmente sucio, por dios que cuesta ponerse a limpiar” Pensó.
Este patio es como un cuadrado que se alarga hacia arriba tres pisos entre ventanas de baño, de cocinas y balcones inutilizados. “Si yo viviera en uno de esos lugares me instalaría en el balcón a mirar como la mugre se transforma en vida, que aunque no nos guste (como los hongos), es vida al fin y al cabo.
Yo he aprendido a respetar los hongos aquí. Les deseo mejor vida cuando vuelvan a nacer y les digo que lamento tener que exterminarlos, pero ambos no podemos vivir en el mismo espacio-habitación-cuerpo. Ellos entienden. Están resignados. Nacieron siendo hongos así que saben a lo que vienen. En el futuro espero aprender a amarlos, y exterminarlos con amor. En verdad espero vivir en un lugar donde no los vea, para no tener que exterminarlos, pero quizás cultivar algunos en el patio no estaría tan mal”.







