"Hojeando un libro me encontré con que la palabra persona viene del griego prosopon, literalmente significa “delante de la cara, máscara” y río amargamente viendo como todos somos personajes de este lugar que algunos han llamado “El gran teatro del mundo”, eso me incluye, costumbre ya se ha convertido el pasearme por estas calles portando mi máscara y las necesarias para el día en el bolso, estas son blancas como la ausencia de toda información ya que ¿Qué clase de identidad podría tener si tengo una faz para cada persona?
Mi extenuante tarea del día a día es la ocultación y el mimetismo, firme he sido en mi propósito y no soy capaz de recordar cómo era sin este velo sobre mí porque no tengo precedente de ello, el sol no quema mi rostro ni tampoco sus miradas escrutadoras.
Esta absurda farsa pareciera que no tendrá más público que mi propio reflejo en el espejo, aquel que miro mientras mordisqueo mis uñas y me hace pensar que los griegos no se equivocaron al empezar con el “Quién soy” esta perpetua búsqueda, la de desentrañar el alma, esta es una danza con fantasmas en la que no hay certezas y solo halos, las preguntas.
(...) Este listado habla de una exploración sin respuestas ni mayor propósito que trazar un círculo que jamás encuentra un punto de encuentro y me invitó a una espiral, así construí una especial habitación mental en la que todo está lleno de todo, pero no hay nada, es como una escena en la que dos individuos están enfrascados en una charla incesante, sin embargo, son solo palabras sin sentido, no se comunican cosa alguna uno al otro.
Firme, la liviana armadura de yeso me protege y me permite cumplir con mis múltiples roles, por cada personaje que encuentre mi réplica será crear otro, hablar de personas es hablar de máscaras.
Queda aclarar que moraleja no hay en esta obra porque seguiremos rotando caras, meciéndonos en el vacío y debo admitir que lamentablemente al terminar el día jamás he escuchado aplausos cuando el telón cierra."