In the weeks following their wedding, Fred, with help from his eldest brother, Albert, managed to pool together enough money to purchase a modest home where he and Charlotte could truly begin their lives together.
seen from South Africa

seen from United States
seen from Brazil

seen from Malaysia
seen from United States

seen from United States

seen from China

seen from Malaysia
seen from United States

seen from United States

seen from Canada

seen from Malaysia
seen from Russia
seen from United States
seen from Poland
seen from United Kingdom
seen from Ireland
seen from Russia
seen from United States
seen from United States
In the weeks following their wedding, Fred, with help from his eldest brother, Albert, managed to pool together enough money to purchase a modest home where he and Charlotte could truly begin their lives together.
The Ellison's didn't take long to settle into their own, comfortable routines. They would wake, break fast together, and enjoy some time in their parlour before Fred headed into town with his brother, a fellow doctor, in search of an affordable building where they could open up their own practice. To occupy her day, Charlotte often spent her time playing the piano, embroidering, and baking, only being pulled away from her leisurely activities when the front door swung open and Fred returned home.
Summer drew to a quiet end and the search for an office had been, thus far, fruitless, putting Fred in what seemed to be an inescapably poor mood. In the hopes of lifting his spirits, Charlotte, after enduring weeks of unrelenting nausea and a missed monthly occurrence, came to him with news she'd dreamed of sharing since she was young: She was pregnant!
transcript below the cut!
Mr. & Mrs. Frederick Ellison on their wedding day in April, 1890
-¿Hay algo de él que recuerdes?- Preguntó la voz masculina y gruesa de su padre, con su usual tono afable y mirada cálida, a pesar del frío color azulino que proyectaban como zafiros. -Muy poco. Recuerdo que sus ojos eran muy parecidos a los tuyos; recuerdo que el tiempo que estuvo en el hospital nos hablaba muy poco, recuerdo que el elefante que le di... Permaneció con él hasta su última noche- Con sus ojos cerrado, la muchacha inhalo una gran cantidad de aire, permitiendo que el sol entibiara sus mejillas blancas. -¿A qué viene esa pregunta?- Sus ojos verdes, tan parecidos a los de su madre, se abrieron para ver su primogénito mientras sujetaba su abdomen abultado por su avanzado embarazo. -Él siempre quizo que tuvieras de vuelta tu elefante, sabía cuanto lo extrañabas por las noches. Supongo que es un regalo adecuado para tu hija de parte de él- El hombre, poniéndose de pie rodeó su escritorio para abrir uno de los tantos muebles de su oficina en casa, sacando de allí un bien conservado peluche con forma de elefante que la miró con ojos inocentes y felices apenas lo tuvo de vuelta en sus manos tras tantos años de separación. -Si... Es perfecto-
Daddy’s arms
Frederick Ellison: ¿Pasa algo malo pequeña? ¿Estás bien? Philippa Ellison: No, no pasa nada, estoy en perfectas condiciones. Frederick Ellison: Sabes que puedo escucharte, no? No quiero que pienses que porque ya eres una mujer no puedes acercarte y hablarme de lo que te preocupa. Philippa Ellison: Lo sé, solo han sido un par de días agotadores. Frederick Ellison: No quiero que te guardes nada cariño, si no te sientes bien puedes venir a casa y esconderte de todo en la biblioteca, no me vendría mal algo de compañía mientras trabajo. Philippa Ellison: No me digas eso, sabes que abandonaría la universidad por pasar tiempo contigo. Frederick Ellison: No lo hagas, puedo seguir esperando.