Tal vez era estúpido, pero estaba... Nervioso. La ansiedad le carcomía de a poquito por dentro, una ansiedad que tenía, sin embargo, un sabor agradable. Hacía que su pulso se instalara en sus oídos y garganta, y que sus palmas sudaran más de lo que necesitaba en ese minuto, trayéndole una sensación que había estado extrañando. Por fortuna, Joonseok se había asegurado de llegar antes de lo pautado, así que tuvo tiempo de restregarse las manos contra su pantalón y arreglarse un poco los cabellos rebeldes sobre su frente. Y justo en ese minuto, cuando volvió a enfocar su mirada en los presentes, divisó una cabellera rosa a unos cuantos metros y acabó estirando la más grande de las sonrisas. “Woah.” Por supuesto, él, tan elocuente, no supo qué otra palabra articular--- y normalmente siempre tenía un cumplido para cualquiera que se le cruzara por el frente. Esa sería, quizá, su reacción más genuina y pura de la noche, sumada al destello de sus ojitos que no sabría, para ser honesto, cómo podría apartar de Hanbin a partir de entonces. Posteriormente, dio unas pocas zancadas para alcanzarlo y le saludó con una reverencia. “Ah, digo--- uhm, hola. Estás... Te ves... Sí.” Largó un par de risitas tontas.