"Hacia rato que había vuelto a cruzar mi cabeza. Después de alardear para mis adentros de que todo estaba superado y olvidado... Solo podía pensar en ella. En las tardes de verano, a principios de los años dos mil, cuando la miraba tendida al sol, junto a la piscina, con todo el disimulo del que era capaz. En la euforia que siguió a todos y cada uno de nuestros primeros besos, en sus labios siempre rojos. En sus pechos pequeños endureciendose bajo la palma de mi mano, en todas las veces que, queriendo arreglarlo, lo rompi más. Pero NO... NO SONRIAS, el recuerdo romántico, se evaporó hacia ya muchos años, y de ella, de esas tardes de verano, de la euforia y la pasión solo quedaba la sensación de haber Sido un idiota, de haberme cegado, de no haber entendido. Ella me podía la vida, siempre me podía la vida. Y yo sé la jodia a ella.",









