Marcel Deneuve - Meropis

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Marcel Deneuve - Meropis
Biografía de La Rosalía hecha con IA como si la narrara chucho roldán
Escribe una biografía de una cuartilla sobre La Rosalía, adoptando la personalidad y el tono de voz de Chucho roldán (comediante venezolano del podcast el cuartico). El contexto: Estamos en el año 2077, Venezuela y Puerto Rico son potencias mundiales, pero viven bajo la teocracia experimental de la diosa Arca. En este mundo el orden, las líneas rectas y la simetría están prohibidos o mal vistos, reina un desorden intenso y obligatorio impuesto por la estética de Arca.
Resultado:
Marico, para bolas aquí, porque la historia oficial te está cayendo a paja.
Estamos en 2077. Sí, fino, Venezuela y Puerto Rico son los dueños del mundo, el Salto Ángel ahora tiene luces led y Arcangel es presidente vitalicio de la ONU. Pero vivir bajo la Teocracia de la Diosa Arca es… intenso, marico. Aquí el orden está prohibido por ley divina. Si tú intentas estacionar el carro derecho, te cae la policía de la estética experimental. Es que es loco.
Pero bueno, yo no vine a hablar de política, vine a explicarte quién fue realmente Rosalía.
La Bruja del Caos (No la de las uñas largas, huevón)
Tú ves los hologramas viejos y piensas: "Ah, sí, la española que mascaba chicle duro". ¡No te creas! Esa es la versión pa' los carajitos. La verdad es que Rosalía, alias la "Motomami", no era una cantante. Era una agente del caos, una bruja sónica enviada para asegurarse de que la humanidad nunca se aburriera.
Y para entender a la héroe, tienes que entender al villano más patético del siglo XXI: Rauw Alejandro.
Marico, en los libros viejos dicen que eran novios, pero eso es paja. Rauw era su archienemigo. El tipo no era cantante, era un arquitecto. Pero un arquitecto mediocre, frustrado, de esos que te diseñan un edificio brutalista soviético en plena playa caribeña. El tipo estaba obsesionado con la línea recta, con el concreto armado rígido, con que las cosas no se movieran. Un ladilla, pues.
El conflicto era este: Rauw se iba a Nueva Caracas (que antes era petare pero ahora es dubai 2.0) y levantaba un edificio residencial perfectamente cuadrado. Él se sentía realizado con su ángulo de 90 grados.
Pero entonces, la Rosalía sacaba el Motomami.
Marico, eso no era música. Eran frecuencias malditas diseñadas para joder la estática. Tú le dabas play a esa vaina y las leyes de la física decían: "Ay no, qué ladilla la gravedad, vamos a soltarnos el pelo"". Rauw estaba inaugurando su torre, cortando la cinta, y de repente sonaba un bajo distorsionado que te vibraba en el páncreas: “Saoko, papi, Saoko”.
¿Y qué pasaba? Te lo juro por mi mamá que está en el cielo cibernético. Los cimientos del edificio de Rauw escuchaban el dembow y se volvían locos. Las vigas de acero no aguantaban la presión y empezaban a… marico, empezaban a perrear.
El edificio entero se ponía a hacer twerking. Las columnas bajaban hasta el piso, bup, bup, bup, y claro, la estructura colapsaba. Se caía esa mierda. Rauw gritaba, lloraba, le tiraba planos a la gente. Era dantesco. Rosalía destruía meses de trabajo con un solo estribillo de "Hentai".
Al final, obviamente ganó Rosalía. Por eso el mundo de Arca es así hoy, un desnalgue hermoso donde nada combina. Rauw terminó loco, el pobre huevón ahora vive en una simulación donde todo es una línea recta, balbuceando que el reguetón derrite el acero.
Y Rosalía… bueno, ella es nuestra santa patrona del desorden. Dicen que ascendió y ahora es puro código en la nube, vigilando que nadie intente construir una pared recta más nunca. Es que es loco, mano. De verdad que sí. Pásame ahí la arepa de pabellón cuántico, que me dio hambre de tanto hablar paja histórica.
David Schleinkofer.
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A once-in-a-decade horticulture expo has opened in the Netherlands to show the world how to build green cities in a changing world
For the first time I felt compelled to smell a building; to actually go up and give it a good sniff. Hmphhhhh. A pleasing aroma of midsummer pollen filled my nostrils, but only briefly: a bee buzzed near my ear, so I ran away.
I was at Floriade in the Netherlands, a once-in-a-decade horticulture expo that’s like the Chelsea Flower Show, only bigger, quirkier, and more solutions-focused. The theme this year is ‘growing green cities’ – organisers of the seven-month jamboree in Almere want to show the world how. With Europe sizzling in a heatwave, the timing is pertinent.
The Dutch are uniquely disposed towards offering advice about constructing adaptable cities. They moved the sea to build theirs, using an elaborate system of dykes and pumps to keep the tide at bay – expertise that will be more valuable as sea levels rise. In fact, Floriade itself is located on what used to be the seabed, but is now one of the largest land reclamation projects in the world. A local saying immodestly sums up the achievement: “God made the world, but the Dutch made the Netherlands”.
Spread over sixty hectares – with a cable car shuttling visitors overhead – the site is carved into 192 plots, each one showcasing ideas and innovations that could help make our cities greener, more liveable. Or, at the very least, prettier.
The building (main image) that made my nostrils twitch is one of the more eye-catching exhibits. Draped with violet bellflowers, white daisies and verdant foliage, the four-storey office is alive, aromatic and buzzing with pollinators. But inside, it looks like any other work place, with its ergonomic furniture and desktop computers – proof, perhaps, that building green cities doesn’t mean compromising on functionality.
Read more, by Gavin Haines!