quedarse a dormir en casa de joshua, solía ser así desde el acercamiento con su hermana. de pasar a ni siquiera mirarse a la cara, a mirarse, mandarse mensajes, sostener secretos e incluso meterla en sus problemas. aquello estaba volviéndolo loco, y no le dejaba dormir. se levantó de la cama sobresaltado, con la angustia bailando en su garganta sin poder descifrar qué le ocurría. pero sí sabía lo que quería, lo que necesitaba en aquel momento. salió del cuarto de invitados, demasiado frecuentado por él y se dirigió hacia el de eiza, esperando que estuviera despierta. pero eran casi las tres de la mañana, ¿estaría siquiera en casa? tocó la puerta, deseando escuchar su voz. pero no lo hizo. fue por eso que abrió, encontrándosela medio despierta, con apenas fuerzas para responderle. alberto, ¿qué haces aquí? el de cabellos rizados se adentró en el cuarto para que el ruido no se colase por el pasillo, y cerró la puerta. “ no me puedo dormir, y como tu tienes la cama grande he pensado que me puedes hacer un hueco ” el morro que tenía, se aplicaba a todo. antes de que pudiera contestarle, ya estaba acercándose para cometer tal acto. el rostro de eiza estaba fruncido, sin comprenderlo, queriendo echarle por supuesto de allí. quería privacidad, pero él, no iba a dejársela. “ venga, anda, que me daré la vuelta para no tocarte nada lo juro. es que el otro cuarto está muy solo ” igual que su casa, por eso no quería quedarse allí. finalmente, la joven pareció acceder y dejarle que se uniera a su cómodo colchón. donde ambos acabarían durmiéndose.