El tiempo podía convertirse en algo tan banal para él.
Las órdenes de Reginald no dejaban de darle vueltas en su cabeza. “Número cinco, no estás listo”, “Número cinco, un salto en el tiempo es aprender a esquiar. Un viaje en el tiempo es lanzarte en picada por un risco y aterrizar en agua congelada” y algo de ardillas y bellotas. Estaba harto. El viejo no sabía lo que decía, lo estaba subestimando demasiado.
De sus hermanos podía considerarse el mejor. Ni siquiera Luther, que se suponía era su líder, había desarrollado sus habilidades tanto como él y en tan poco tiempo. Ha, tiempo. Reginald lo estaba restringiendo en demasía y era una gran pérdida para el equipo. Si su padre quería tanto que todos ellos fueran el mejor equipo de superhéroes debería ser el primero en apoyarlo y explotar al máximo su potencial.
Estas restricciones le hacían sentir bastante contrariado. Por una parte, deseaba hacer caso omiso de las reglas de Reginald y simplemente atreverse a experimentar y mejorar sus poderes por sí mismo. Por otro lado, sentía esa imposición de que debía acatar las órdenes que le eran dadas. Fue así que tomó una decisión: platicarlo con la única persona que le escucharía en esa mansión.
Vanya.
Claro, también tenía la confianza de platicarlo con Ben pero Vanya... era especial. Un adjetivo bastante diferente de los que su padre siempre solía usar con ella: ordinaria. Tal vez por esa misma razón de que su hermana carecía de poderes era tan fácil hablar con ella. Podía darle una opinión sincera, sin meterse en dilemas como que siempre debían obedecer a Reginald (palabras obvias de Luther) o que debían hacer lo que quisieran (frase directa de Diego). Por eso era primordial contarle de esta situación a ella. Se lo mencionó un poco antes en sus pláticas, pero no con la misma profundidad como quería hacerlo ahora.
En el desayuno y con el mayor cuidado posible, le pasó una notita que escribió con anterioridad. “Encontrémonos en el lugar de siempre. A las 11. Importante”. Si Luther y Allison podían tener su lugar secreto, ellos también tenían uno. Exactamente se encontraba detrás del gran librero de la biblioteca. Casi todos sus hermanos evitaban ese lugar porque lo consideraban aburrido y tedioso, y bueno era la hora en que su padre se enfrascaba en comenzar a escribir sin parar en su oficina. Así que los dos podían platicar con libertad ahí.
Llegó al lugar con cinco minutos de anticipación. Se apoyó en el librero y espero. Vanya siempre era puntual a sus reuniones. Era algo que le gustaba de ella. Ben solía ser el último en llegar cuando los tres se reunían. La divisó entrar a la biblioteca y avanzar hacía él. Le saludó con un movimiento de cabeza y una suave sonrisa.
—Necesito tu opinión para algo muy importante.—
@saranghacs












